Calidad de agua en sistemas RAS: el factor invisible que define el bienestar y la performance del smolt
El ingeniero en acuicultura y fundador XG Consultoría, Xavier Gutiérrez, advirtió en una reciente presentación, que los sistemas de recirculación (RAS) solo alcanzan su máximo potencial productivo y sanitario cuando la calidad de agua se gestiona desde una mirada fisiológica, preventiva y basada en evaluación de riesgos.
De esta forma, Xavier Gutiérrez destacó que los sistemas de recirculación bien manejados ofrecen ventajas estructurales frente a los sistemas de flujo abierto, especialmente en la capacidad de modular parámetros críticos del agua.
“Un sistema de recirculación bien manejado puede lograr una calidad de agua mucho más óptima y estable que un flujo abierto, donde modular parámetros físico-químicos es extremadamente complejo”, explicó.
Esta capacidad —añadió— entrega un enorme potencial para optimizar variables clave como temperatura, oxígeno, CO₂ y compuestos nitrogenados. Sin embargo, ese mismo control exige una gestión mucho más precisa, especialmente en las etapas finales del ciclo productivo en agua dulce.
Cuando los parámetros se desvían, los riesgos se multiplican
El fundador de XG Consultoría advirtió que, a diferencia de otros sistemas productivos, en RAS los desvíos no suelen ocurrir de manera aislada. Al final del ciclo, el aumento simultáneo de CO₂, las dificultades para controlar el oxígeno y el escape del amonio pueden comprometer seriamente el bienestar de los peces.
“Si la calidad del agua se ve comprometida, no vamos a cumplir los requerimientos biológicos y vamos a afectar la salud, el bienestar e incluso la sobrevivencia de los peces”, subrayó.
En este contexto, Gutiérrez explicó que el supuesto mayor bienestar asociado a los sistemas RAS solo se cumple cuando la calidad de agua se mantiene dentro de rangos fisiológicamente seguros.
Bienestar fisiológico: una estrategia preventiva
Uno de los conceptos centrales de la presentación fue el enfoque en el bienestar fisiológico, entendido no desde una mirada subjetiva, sino como un parámetro medible y cuantificable.
“Cuando trabajamos entre el agua y el huésped, primero debemos mantener la calidad del agua para lograr el mejor bienestar posible y producir un smolt con todo su potencial”, afirmó.
Gutiérrez presentó la llamada “tríada patológica”, donde interactúan el pez, el ambiente (calidad de agua) y los factores patológicos. Mantener el equilibrio entre estos elementos —dijo— permite establecer estrategias preventivas orientadas a reducir riesgos sanitarios y productivos antes de que se manifiesten eventos críticos.
Evaluación de riesgo: del diagnóstico a la gestión
El especialista detalló una metodología de evaluación de riesgo en sistemas RAS, desarrollada por su equipo, que integra tres dimensiones: fisiología del pez, calidad del agua e ingeniería del sistema.
“Cuando combinamos datos de sangre, parámetros de agua e indicadores de eficiencia del sistema, podemos identificar cuáles son los riesgos críticos y concentrarnos en ese 20% que explica el 80% de los problemas”, señaló.
Entre los principales factores de riesgo identificados destacan los desvíos de gases (CO₂ y oxígeno), alteraciones del equilibrio ácido-base, acumulación de metales como cobre o aluminio y sinergias con compuestos nitrogenados. Según explicó, es precisamente la combinación de estos factores la que puede llevar a los sistemas a un “punto de no retorno”, con mortalidades severas.
Lo que ocurre en agua dulce define el desempeño en el mar
Uno de los mensajes más relevantes de la exposición fue la conexión directa entre las condiciones fisiológicas del smolt en RAS y su desempeño posterior en agua de mar.
“Lo que hagamos en agua dulce va a determinar qué tan bien nos vaya en las primeras semanas en el mar, que son las más sensibles del ciclo”, enfatizó.
Gutiérrez mostró evidencia que vincula altos niveles de CO₂ y alteraciones fisiológicas en RAS con una mayor incidencia de nefrocalcinosis, menor crecimiento, problemas de alimentación y mayor susceptibilidad a enfermedades post-transferencia.
Control integrado para evitar fallas críticas
En el cierre de su presentación fue categórico: en RAS, los mayores problemas no provienen de un solo parámetro fuera de rango, sino de la concomitancia entre gases, metales y deficiencias operacionales.
El desafío para la industria —concluyó— es avanzar desde el monitoreo reactivo hacia una gestión preventiva del riesgo, integrando ciencia, fisiología y operación para asegurar sistemas realmente estables, peces sanos y una producción sostenible en el tiempo.
De esta forma, Xavier Gutiérrez destacó que los sistemas de recirculación bien manejados ofrecen ventajas estructurales frente a los sistemas de flujo abierto, especialmente en la capacidad de modular parámetros críticos del agua.
“Un sistema de recirculación bien manejado puede lograr una calidad de agua mucho más óptima y estable que un flujo abierto, donde modular parámetros físico-químicos es extremadamente complejo”, explicó.
Esta capacidad —añadió— entrega un enorme potencial para optimizar variables clave como temperatura, oxígeno, CO₂ y compuestos nitrogenados. Sin embargo, ese mismo control exige una gestión mucho más precisa, especialmente en las etapas finales del ciclo productivo en agua dulce.
Cuando los parámetros se desvían, los riesgos se multiplican
El fundador de XG Consultoría advirtió que, a diferencia de otros sistemas productivos, en RAS los desvíos no suelen ocurrir de manera aislada. Al final del ciclo, el aumento simultáneo de CO₂, las dificultades para controlar el oxígeno y el escape del amonio pueden comprometer seriamente el bienestar de los peces.
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“Si la calidad del agua se ve comprometida, no vamos a cumplir los requerimientos biológicos y vamos a afectar la salud, el bienestar e incluso la sobrevivencia de los peces”, subrayó.
En este contexto, Gutiérrez explicó que el supuesto mayor bienestar asociado a los sistemas RAS solo se cumple cuando la calidad de agua se mantiene dentro de rangos fisiológicamente seguros.
Bienestar fisiológico: una estrategia preventiva
Uno de los conceptos centrales de la presentación fue el enfoque en el bienestar fisiológico, entendido no desde una mirada subjetiva, sino como un parámetro medible y cuantificable.
“Cuando trabajamos entre el agua y el huésped, primero debemos mantener la calidad del agua para lograr el mejor bienestar posible y producir un smolt con todo su potencial”, afirmó.
Gutiérrez presentó la llamada “tríada patológica”, donde interactúan el pez, el ambiente (calidad de agua) y los factores patológicos. Mantener el equilibrio entre estos elementos —dijo— permite establecer estrategias preventivas orientadas a reducir riesgos sanitarios y productivos antes de que se manifiesten eventos críticos.
Evaluación de riesgo: del diagnóstico a la gestión
El especialista detalló una metodología de evaluación de riesgo en sistemas RAS, desarrollada por su equipo, que integra tres dimensiones: fisiología del pez, calidad del agua e ingeniería del sistema.
“Cuando combinamos datos de sangre, parámetros de agua e indicadores de eficiencia del sistema, podemos identificar cuáles son los riesgos críticos y concentrarnos en ese 20% que explica el 80% de los problemas”, señaló.
Entre los principales factores de riesgo identificados destacan los desvíos de gases (CO₂ y oxígeno), alteraciones del equilibrio ácido-base, acumulación de metales como cobre o aluminio y sinergias con compuestos nitrogenados. Según explicó, es precisamente la combinación de estos factores la que puede llevar a los sistemas a un “punto de no retorno”, con mortalidades severas.
Lo que ocurre en agua dulce define el desempeño en el mar
Uno de los mensajes más relevantes de la exposición fue la conexión directa entre las condiciones fisiológicas del smolt en RAS y su desempeño posterior en agua de mar.
“Lo que hagamos en agua dulce va a determinar qué tan bien nos vaya en las primeras semanas en el mar, que son las más sensibles del ciclo”, enfatizó.
Gutiérrez mostró evidencia que vincula altos niveles de CO₂ y alteraciones fisiológicas en RAS con una mayor incidencia de nefrocalcinosis, menor crecimiento, problemas de alimentación y mayor susceptibilidad a enfermedades post-transferencia.
Control integrado para evitar fallas críticas
En el cierre de su presentación fue categórico: en RAS, los mayores problemas no provienen de un solo parámetro fuera de rango, sino de la concomitancia entre gases, metales y deficiencias operacionales.
El desafío para la industria —concluyó— es avanzar desde el monitoreo reactivo hacia una gestión preventiva del riesgo, integrando ciencia, fisiología y operación para asegurar sistemas realmente estables, peces sanos y una producción sostenible en el tiempo.