El sur de Chile esconde entre sus parajes olvidados historias que permanecen sin contarse. En una de esas tardes de cielo gris y sombras alargadas, Kike Rencoret encontró una construcción abandonada en el Camino Las Lomas, que une Puerto Varas con el aeropuerto El Tepual. Una construcción centenaria, con ventanas vacías que dejaban pasar la luz, quizás agotada de ser testigo de más historia.
“En una de esas tantas salidas a hacer fotografías, buscando paisajes, un día me topé con una casona antigua, una casona abandonada que tendrá más de 100 años. Le hice un registro fotográfico, me llamó la atención”, expresó.
Lo que parecía una simple curiosidad se convirtió en lo que daría vida a su proyecto. Esa imagen de la estructura desmoronándose entre la humedad y el olvido se grabó en su mente. Rencoret sabía que, más que una simple estructura, estaba capturando la esencia de un tiempo que se va.
“Es el patrimonio arquitectónico informal. Son construcciones que están en la ruralidad, que no han sido decretadas como tal, pero que tienen historia, legado… son casas, iglesias, capillas, galpones, que son centenarias, pero no reconocidas oficialmente como patrimonio”, dijo.
Ese testimonio de la cuenca del Llanquihue, que se desvanece sin dejar registros, susurraba al fotógrafo un mensaje más profundo. Cada construcción en ruinas hablaba de lo que quedó atrás. Tres meses después, al pasar nuevamente por la casona del Camino Las Lomas, vio que ya no estaba. La demolieron. Los vecinos le contaron que tenía más de 110 años.
El derribo fue un golpe, pero también un impulso. “Aquí hay un tema,” pensó, como si algo que no se hacía en ese momento pudiera quedar perdido. Así, desde 2017, Rencoret, publicista de profesión, empezó a dedicarse exclusivamente a la fotografía de las construcciones patrimoniales, tanto informales como formales, de la zona.
Redes sociales y memoria colectiva
El artista empezó a rescatar lo que posiblemente las nuevas generaciones no iban a poder ver. En la búsqueda por conservar algo de ese patrimonio olvidado, el proyecto de Rencoret, además de una documentación fotográfica, era una «memoria visual». Las imágenes se convierten en fragmentos de lo que quizás ya no se pueda tocar, pero que aún conserva su vibra.
Publicó cada foto en la cuenta de Instagram @kike.loslagos. Le llamó la atención que esto no se quedó solo en la plataforma. Cada imagen parecía despertar ecos, y el público empezó a escribir sus recuerdos sobre esos lugares, momentos que surgían de esas paredes herrumbrosas.
Los seguidores se hicieron parte del mismo relato, entregando sus propias memorias, muchas veces perdidas en la niebla del tiempo. “Hay muchas personas que comparten sus historias, y son historias que no aparecen en ningún lado. Son historias más íntimas, más familiares, más personales”, expresó.
Dijo que el público entendió el concepto, no solo como un mero registro, sino también como una estética fotográfica. “La gente empieza a compartir sus anécdotas, que vivieron en esas casas, o en el barrio, o en la casa de un amigo. Entonces se empezó a generar una verdadera comunidad en torno al patrimonio arquitectónico”.
Eso, paulatinamente, llevó a que muchos empezaran a pedir una exposición. Desde el año pasado, se formó un equipo de trabajo para mostrar parte de su trabajo fotográfico en esta muestra, “que se llama justamente Memoria Visual, porque trata de rescatar el patrimonio arquitectónico mediante la fotografía y de ser un verdadero legado a la memoria”.
Con el auspicio de diversas empresas locales, como proveedores de la salmonicultura, la exposición itinerante comenzó en el Hotel Wyndham, en Puerto Varas, para desplazarse por la cuenca del Llanquihue, llevando sus imágenes a diversas localidades.
Rencoret destacó entre lo más interesante que muchos de estos centros se pusieron como condición hacer parte a la comunidad docente y escolar. “Lo importante es que estás haciendo partícipe a los jóvenes, a los niños, que en el futuro ellos van a tener que ser las personas preocupadas de conservar el patrimonio”, expresó.
El respaldo de la industria del salmón
En este viaje, empresas como Keepex y Abick, proveedores de la industria salmonera, decidieron sumarse a la causa. Pablo Gaete, gerente general de Abick, expresó sobre la obra: “Es una mirada a la belleza, que es uno de los atributos trascendentales del Ser, así como la unidad, bondad y la verdad. Son atributos inherentes a toda entidad”.
El gestor expresó que la firma apoya este tipo de iniciativas artístico-culturales porque cree firmemente que tienen una responsabilidad social en la recuperación de su aprecio, como parte de la labor cocreadora del ser humano en el mundo.
Así, declaró que las artes visuales que rescatan la belleza arquitectónica de las antiguas construcciones levantadas en la zona significan volver a disfrutar de esa belleza olvidada o pasada de moda. “En la actualidad se ha perdido el sentido de lo bello”, manifestó.
Para Rencoret, el respaldo de empresas como las del mundo salmonero es más que un apoyo económico: es un compromiso con la cultura local. Destacó que las compañías comprendieran que su responsabilidad va más allá de lo monetario, en línea con el legado y el cuidado de lo que forma parte de nuestras raíces.
“La empresa privada entendió el concepto de valorar el patrimonio, de respaldar actividades culturales en torno al patrimonio. Porque es un tema al que no es fácil entregarse. Esto sigue siendo lo importante: la valentía de una empresa, en este caso de estas empresas que están en el rubro del salmón”, planteó.
El artista detalló que los auspiciadores se hicieron cargo de gastos como traslados e impresión y que esta se hizo en Fine Art, que es “de muy buena calidad, o sea, no es cualquier impresión”.
Memoria Visual más que una exposición fotográfica, se erige como una voz desde construcciones añosas que se desvanecen en silencio. Una visión de que, quizás, cuando todo esto se pierda, aún quedará algo por recordar y rescatar. Algo que nos diga de dónde venimos, que quizás nos ayude a no olvidar.



















