Durante su intervención, Torrijos subrayó que el trabajo de Hendrix Genetics se centra en aportar soluciones desde la genética para enfrentar los desafíos que generan estos ambientes productivos distintos. “Como empresa de genética, nuestro compromiso es entregar herramientas que permitan a los productores alcanzar mejores resultados en sistemas innovadores como los post-smolts y la engorda en tierra. La genética es clave porque las ganancias, aunque más lentas, son permanentes y acumulativas, y nos permiten adaptar las familias de salmones a condiciones cada vez más exigentes”, enfatizó.
Post-smolts: acortar la estadía en el mar
Al respecto, Torrijos explicó que La primera innovación corresponde a la producción de post-smolts, peces de mayor tamaño que los smolt tradicionales (250 a 800 gramos frente a los 150-180 gramos habituales). Este modelo busca reducir el tiempo de exposición en el mar, disminuyendo riesgos ambientales y sanitarios. “Estamos hablando de 250, 500, 700, 800 gramos, incluso un poco más. El principal driver de esta metodología es acortar el tiempo que el pez está en el mar”, explicó Torrijos.
Noruega fue pionera en esta tendencia tras un cambio regulatorio en 2012, y hoy empresas como Mowi ya producen cerca de la mitad de sus post-smolts bajo este esquema. En Chile, la práctica comienza a instalarse, aunque las inversiones necesarias —que pueden superar los 60 a 100 millones de dólares por proyecto— representan una barrera significativa.

Producción en tierra: acercarse a los mercados
El segundo eje es la engorda en sistemas cerrados en tierra, conocidos como land-based. Estos proyectos permiten controlar mejor las condiciones de cultivo y acercar la producción a los mercados de consumo. “Lo que hace este modelo es buscar trabajar en un ambiente donde puedo controlar más las condiciones versus el mar, y además me da la posibilidad de ubicarme más cerca de los mercados de consumo”, señaló Torrijos.
Actualmente existen iniciativas en Norteamérica, Europa y Asia, con inversiones que superan los 30.000 dólares por tonelada producida. Aunque aún representan una fracción menor del volumen global, las proyecciones estiman que hacia 2032 este segmento podría alcanzar un valor cercano a los 600 millones de dólares.
El rol de la genética en ambientes distintos
Ambos modelos generan ambientes productivos nuevos, lo que plantea interrogantes sobre la interacción genética con el entorno. Torrijos subrayó que el desempeño de las familias de salmones puede variar significativamente según las condiciones, lo que obliga a ajustar los programas de selección. “El sistema RAS genera un ambiente completamente distinto. Si no consideramos ese efecto, las ganancias que podamos tener en el tiempo serán limitadas”, advirtió.
Un desafío instalado
La exposición concluyó con un llamado a la colaboración entre productores y empresas de genética para enfrentar estos retos. La combinación de innovación tecnológica y programas genéticos adaptados será clave para que la salmonicultura avance hacia modelos más sustentables y eficientes.


















