La salmonicultura de Magallanes busca anticiparse a dos de los principales desafíos sanitarios que enfrenta la producción de salmónidos en el sur de Chile. En su segunda sesión anual, el Comité de Salud de Peces de la región reunió a especialistas y representantes de empresas productoras para profundizar en el diagnóstico, prevención y control de la Tenacibaculosis, además de analizar un modelo colaborativo aplicado en Aysén que permitió abordar la Caligidosis mediante monitoreo intensivo, seguimiento técnico y coordinación entre centros de cultivo de un mismo barrio.
La actividad, inserta en el Acuerdo de Colaboración entre la Asociación de Salmonicultores de Magallanes y MSD Salud Animal, fue liderada por Francisca Rojas, gerente del gremio acuícola, y Juan Pablo López, médico veterinario, MSc y director asociado de Asuntos de Marketing Científico de la compañía biofarmacéutica y tecnológica.
Realizada en el Hotel Cabo de Hornos, la reunión convocó a los representantes y/o encargados de salud de empresas salmonicultoras instaladas en la región de Magallanes, quienes participaron activamente en las temáticas planteadas, en un diálogo fructífero para todos los asistentes.
Tenacibaculosis
Durante el encuentro, el gerente general de ADL Diagnostic Chile, Patricio Bustos, dictó una interesante charla sobre “Tenacibaculosis: ¿Amenaza primaria o infección secundaria en Chile y otros países productores?”, durante la cual abordó de manera integral el impacto que está teniendo esta enfermedad en la producción de salmónidos en relación con los principales aspectos epidemiológicos; presentación clínica; transmisión y mecanismos de infección y virulencia; diagnóstico; co-infecciones; cuidado de no tomar decisiones basadas en antibiogramas; aspectos normativos; y lo que acontece en los principales países productores.
El profesional recordó que Tenacibaculosis es una patología emergente, de distribución mundial, causada por un complejo de especies bacterianas filamentosas gram-negativas (familia Flavobacteriaceae). Si bien existen 38 especies válidamente descritas, nueve de ellas están asociadas a la enfermedad en peces, mientras que el resto se considera no patógenas. En Chile, el agente causal más relevante es T. dicentrarchi, afectando no solo al salmón de cultivo, sino que también a especies como corvina, seriola y congrio. En otras latitudes, sin embargo, es mucho más gravitante Tenacibaculum finnmarkense.
En la salmonicultura nacional, Tenacibaculum comenzó a documentarse de forma sistemática y a perfilarse como un problema sanitario desde 2016, consolidándose oficialmente ante la autoridad en 2018. La normativa chilena la regula como Enfermedad de Alto Riesgo Lista 3, obligando a los centros de cultivo a mantener vigilancia epidemiológica activa y pasiva.
De acuerdo con lo explicado, hoy Tenacibaculosis es considerada como una enfermedad bacteriana de alto impacto, representando la segunda causa de mortalidad infecciosa (31,5%) en el salmón Atlántico durante la etapa de agua de mar (la bacteria prefiere salinidades elevadas), según la información que ha presentado Sernapesca respecto de la clasificación de causas infecciosas. No obstante, la realidad de la región de Aysén y Los Lagos difiere de la de Magallanes, generándose diferenciaciones que podrían permitir generar un control más eficaz y en menor tiempo en esta última zona.
La enfermedad provoca lesiones ulcerativas y necróticas en diferentes zonas del cuerpo, específicamente en tegumento (mandíbula, cabeza, aletas, flancos, pedúnculos y, eventualmente, branquias), comprometiendo pérdida de tejido y exposición de cartílago en casos avanzados. En cuanto a su control, no hay vacunas disponibles en ninguna parte del mundo para salmones, por lo que este depende del diagnóstico precoz, buenas prácticas de manejo, evitar la generación de heridas y/o lesiones en piel y branquias debido a manejos, ingreso de smolts de buena calidad y uso de tratamientos antibióticos en fase temprana de la enfermedad.
Un punto para considerar –según el especialista– es que se describen coinfecciones entre distintas especies de Tenacibaculum y en Chile, además, se ha vuelto frecuente la coocurrencia con P. salmonis (SRS), por lo que se requiere un análisis exhaustivo al momento de su diagnóstico. Esto va más allá de simplemente tomar muestras de órganos internos y, eventualmente, la piel, sino que se requiere de un muestreo más completo, en los cuales, de no realizarse un buen y objetivo diagnóstico, se podrían tomar decisiones equivocadas a partir de comprensión solo parcial del caso en cuestión.
Entre diversas recomendaciones, Patricio Bustos mencionó la necesidad de mantener el mayor control posible sobre los factores de riesgo de la enfermedad, así como sobre las variables que puedan predisponer su avance. Asimismo, destacó que es muy relevante generar estudios longitudinales que permitan evaluar de mejor forma las coinfecciones y el impacto que ello puede significar en términos de manejo y control.
Finalmente, el profesional también expuso las principales semejanzas y diferencias en la presentación y complejidad de Tenacibaculosis, especies relevantes y control en países como Irlanda, Escocia y Noruega. Para ello se basó en opiniones técnicas de especialistas de cada país obtenidas días previos al evento.

ESTRATEGIA COORDINADA DE PLAGAS
En la segunda parte del Comité, Juan Pablo López, de MSD Salud Animal, presentó la charla “Experiencia coordinada en Control de Caligidosis”. En su exposición, vinculó el manejo integrado de plagas (IPM) con una prueba concreta realizada en Aysén, donde MSD lideró una estrategia coordinada para controlar caligus junto a cuatro empresas salmoneras de un mismo barrio.
Explicó que el IPM se define como un enfoque holístico que combina coordinadamente técnicas biológicas, químicas, físicas y culturales para controlar plagas, priorizando soluciones costo-efectivas, ambientalmente responsables y socialmente aceptables. En la acuicultura, se cuenta con el Manejo Integrado del Piojo de Mar (ISLM), enfoque que considera la rotación y combinación de distintas prácticas de control, apoyadas por vigilancia, comunicación y colaboración entre los operadores de un área debidamente definida. Entre los métodos de control incluidos en el ISLM se cuentan: tratamientos con medicamentos, tratamientos no medicamentosos, control biológico (cleaner fish); control físico o exclusión de los parásitos, y poblaciones “refugio”, entre otros.
Como un ejemplo exitoso del manejo integrado para prevenir y controlar caligus, Juan Pablo López destacó la experiencia gestionada por MSD Salud Animal en Aysén. Aquí, las empresas trabajaron de forma coordinada, con reuniones periódicas, monitoreos, capacitaciones y seguimiento técnico de indicadores en una respuesta conjunta frente al parásito.
La implementación de este modelo en Aysén “significó trabajar con 15 pisciculturas y 11 centros de engorda e implicó 80 visitas veterinarias o de muestreo, la revisión de más de 2.700 análisis de cromatografía de alimento y peces tratados, junto con 72 puntos de muestreo de zooplancton para evaluar la carga ambiental de larvas y el desempeño de la estrategia”, indicó el profesional.
Gracias a este nivel de seguimiento y a la coordinación entre las empresas, se logró extender el período sin necesidad de tratamientos de rescate adicionales. De acuerdo con el experto, se trata de una experiencia inédita, porque no es habitual que todo un barrio se ponga de acuerdo, lo que demuestra que un manejo integrado de caligus, sustentado en datos, monitoreo intensivo y colaboración entre actores, puede traducirse en un control más efectivo del parásito y en una mejor planificación sanitaria a escala de área.
Para cerrar el Comité, Francisca Rojas, gerente de la Asociación de Salmonicultores de Magallanes, presentó una actualización del status y estado de avance de diversos e importantes proyectos que el gremio está trabajando junto a las nuevas autoridades del sector y sus asociados.


















