Treinta y nueve estudiantes de cuarto medio del Liceo María Behety de Menéndez, en Punta Arenas, obtuvieron una certificación tras participar en un curso de inocuidad alimentaria financiado por Blumar. La formación abordó Buenas Prácticas de Manufactura (BPM) y el sistema de Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control, conocido por su sigla en inglés HACCP.
La ampliación a todas las especialidades constituye la novedad de esta edición. El programa ya tenía antecedentes: en junio de 2025, Blumar informó de su sexta versión, con 25 estudiantes de hotelería, gastronomía y acuicultura. Así, la iniciativa actual extiende el acceso a contenidos que también pueden ser pertinentes para otras actividades vinculadas con la alimentación y el cuidado de las personas.
Qué aporta el curso de inocuidad
Comprender estos sistemas permite acercarse a una exigencia central de la producción alimentaria: identificar los peligros y establecer medidas para controlarlos. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el enfoque HACCP aborda peligros biológicos, químicos y físicos a lo largo de la cadena, desde la producción primaria hasta el consumo. Su aplicación se apoya en programas previos de higiene y concentra el control en etapas relevantes del proceso.
La capacitación en esta materia cuenta con respaldo científico, aunque sus efectos deben distinguirse. Una revisión sistemática y metaanálisis de Ian Young y colaboradores, publicada en 2019 en Journal of Food Protection, reunió 18 ensayos aleatorizados y 29 no aleatorizados. Los autores encontraron evidencia sólida de mejoras en los conocimientos de los manipuladores de alimentos, mientras señalaron la necesidad de contar con más evidencia sobre estrategias que logren cambios de conducta.
El estudio aporta contexto sobre el valor de la formación, pero no evaluó el curso del liceo ni sus resultados laborales.
Una formación responsable
Entre las participantes estuvo Belén Opazo, estudiante de Atención de Párvulos, quien vinculó el aprendizaje con las responsabilidades de su especialidad. Explicó que “en nuestro trabajo estamos permanentemente en contacto con la alimentación y el cuidado de los niños”.
Su experiencia ilustra el sentido de ampliar la convocatoria: la prevención de peligros alimentarios también resulta pertinente en espacios donde preparar, servir o acompañar la alimentación forma parte del cuidado cotidiano.


















