Con la presencia de investigadores, representantes de la industria y actores del ámbito público y privado, el Centro Interdisciplinario para la Investigación Acuícola (INCAR) desarrolló este lunes en dependencias de la Universidad Austral sede Puerto Montt el taller técnico: “Propuesta de Semáforo para Regular la Producción Máxima de Salmones por Área (ACS)”, instancia donde se presentó su propuesta para abordar la sostenibilidad de la salmonicultura chilena desde un enfoque multidimensional.
Inspirada en experiencias internacionales como el modelo noruego, pero adaptada a la realidad nacional, la propuesta busca establecer un sistema transparente y flexible que determine los límites máximos de producción acuícola, basándose en la capacidad de carga de los ecosistemas, la salud ambiental y la resiliencia social de las comunidades costeras. El semáforo, en este caso, no es solo un símbolo, sino un sistema dinámico basado en evidencia científica, diseñado para orientar decisiones de política pública y gestión productiva.
Una mirada a largo plazo: construir confianza para una acuicultura moderna
El taller fue inaugurado por el director del Centro INCAR, Dr. Renato Quiñones, quien valoró el espacio como una oportunidad para construir puentes entre la ciencia, la industria y la sociedad civil. “Chile

necesita avanzar hacia una acuicultura moderna, sustentada en evidencia, capaz de dialogar con la ciudadanía y con el entorno natural. Este semáforo es una herramienta para facilitar ese camino”, señaló.
La propuesta forma parte de un trabajo de varios años que ha incluido la colaboración de instituciones públicas y privadas. Actualmente, INCAR trabaja en la sistematización de los insumos presentados, los cuales servirán como base para una versión mejorada de la propuesta que será publicada próximamente.
Un modelo científico para evaluar riesgos
Durante la jornada, la investigadora principal de INCAR, Dra. Doris Soto, presentó los fundamentos del modelo, destacando que el sistema de semáforo utiliza matrices de riesgo que combinan tres factores clave: la amenaza (como la intensidad productiva, uso de antimicrobianos y pesticidas), la sensibilidad del

ecosistema (indicadores oceanográficos como oxigenación o tasa de recambio de agua), y la exposición (proximidad a áreas protegidas o de alta biodiversidad).
“El semáforo permite visualizar en qué medida estamos arriesgando la biodiversidad y los servicios ecosistémicos, y al mismo tiempo la productividad de la propia actividad salmonicultora”, explicó Soto. Además, enfatizó que los mayores niveles de riesgo se concentran en zonas donde coinciden una alta presión productiva y condiciones naturales frágiles, como ocurre en sectores del Estuario del Reloncaví y el Comau.
El sistema analiza actualmente 78 ACS desde Los Lagos hasta Magallanes, y permite detectar zonas donde sería recomendable disminuir o redistribuir la producción, así como otras donde incluso podría aumentarse sin comprometer la sostenibilidad ambiental.
Transparencia, monitoreo y gobernanza: claves para la implementación
Una parte fundamental del taller fue la presentación de la Dra. Jessica Fuentes, investigadora asociada de INCAR, quien expuso los desafíos normativos y regulatorios para implementar esta propuesta. Fuentes explicó que, si bien la Ley General de Pesca y Acuicultura ya contempla el principio de capacidad de carga

de los cuerpos de agua, en la práctica este se ha limitado al monitoreo de oxígeno en el fondo marino, sin integrar otros parámetros relevantes.
“Implementar un sistema como este implica transformar profundamente el entramado institucional actual, promoviendo una coordinación efectiva entre diversos ministerios, agencias y actores del territorio”, indicó Fuentes. La experta subrayó la necesidad de definir reglas claras para la distribución de cargas y beneficios, establecer procedimientos de monitoreo participativos, y garantizar la transparencia y acceso público a los datos ambientales y productivos.
También planteó que la propuesta puede implementarse gradualmente mediante modificaciones reglamentarias —como ajustes al RAMA (Reglamento Ambiental para la Acuicultura), RESA (Reglamento de Medidas de Protección, Control y Erradicación de enfermedades de Alto Riesgo para las especies Hidrobiológicos) y sus resoluciones acompañantes—, pero que algunos aspectos críticos, como la relocalización o eventual restricción total de producción en zonas específicas, requerirán cambios legislativos.
Regulación con implicancias económicas y sociales
El Dr. Carlos Chávez, investigador asociado del centro, abordó el componente económico de la propuesta, señalando que un sistema como el semáforo también puede mejorar la eficiencia y competitividad del sector. “Reducir el riesgo ambiental muchas veces va de la mano con mejorar el bienestar animal, reducir mortalidades y disminuir el uso de medicamentos, lo cual tiene beneficios directos en los costos productivos”, explicó.

Por su parte, el Dr. Rodrigo Montes presentó la base de datos interconectada que sustenta el modelo, elaborada a partir de indicadores productivos y ambientales recolectados desde distintos organismos e investigaciones científicas. Esta base, señaló, permite alimentar el análisis de riesgo con información integrada, confiable y actualizada, lo que representa un salto significativo en transparencia para el sector.

Hacia un nuevo estándar regulatorio para los ecosistemas costeros
El sistema de semáforo podría ser el paso inicial hacia una Norma Secundaria de Calidad Ambiental (NSCA) específica para los cuerpos de agua que reciben cargas orgánicas o químicas de la acuicultura, ciudades, mitilicultura o actividades navieras. Esta norma permitiría establecer límites explícitos para proteger la salud de los ecosistemas, de forma similar a cómo operan las normas de calidad del aire en las ciudades.

Además, el sistema propone incorporar prácticas de manejo a nivel ecosistémico, como la acuicultura multitrófica integrada o el uso de mitílidos como filtros naturales en zonas de descanso. Estas prácticas, junto con la redistribución espacial de la producción y un sistema de incentivos, permitirían mantener la actividad sin comprometer el entorno.
“La innovación no debe quedarse en los peces, también debe llegar a los ecosistemas”, concluyó la Dra. Doris Soto, dejando abierta la invitación a avanzar colaborativamente hacia una salmonicultura con futuro.
Revisa éste y otros Policy Briefs del Centro INCAR aquí.



















