RAS inmaduros vs. RAS maduros: Las diferencias determinantes en el sabor y olor del salmón del Atlántico
Un nuevo estudio desarrollado por investigadores del Freshwater Institute y el Center for Aquaculture Technologies (CAT), revela que la edad microbiana de los sistemas de recirculación marca una diferencia determinante en el sabor y olor terroso en el salmón del Atlántico. La investigación comparó sistemas de biofiltración maduros versus inmaduros y abrió una vía concreta para reducir el uso de depuración y mejorar la calidad del producto final.
En la acuicultura moderna, los sistemas de recirculación acuícola (RAS) han permitido producir salmón del Atlántico con un uso más eficiente de recursos. Pero junto a estos beneficios persiste un problema sensorial bien conocido en la industria: la acumulación de geosmina (GSM) y 2-metilisoborneol (MIB), responsables del desagradable sabor y olor terroso que puede afectar al pescado.
Estos metabolitos microbianos, comunes en ambientes acuáticos ricos en lípidos, pueden devaluar el producto al punto de afectar el precio y la percepción del consumidor. Para combatirlos, la industria recurre a la depuración, un proceso costoso que requiere mover peces a sistemas separados, detener la alimentación y aumentar el recambio de agua. Aunque funcional, implica pérdidas de peso, mayores costos operacionales y complejidad logística.
La pregunta que impulsó al equipo investigador fue directa: ¿es posible reducir el sabor extraño antes de que ocurra, simplemente promoviendo un microbioma maduro y estable dentro del RAS?
Una comparación sin precedentes
El estudio se diseñó con precisión experimental: seis sistemas RAS de 9,5 m³ fueron divididos en dos grupos. Tres fueron completamente desinfectados para reiniciar su nitrificación —los (iRAS), considerados inmaduros—, mientras que los otros tres ya llevaban 2,5 años operando sin interrupciones —los (mRAS), microbianamente maduros—.
Durante el ensayo, ambos grupos cultivaron salmón Atlántico (Salmo salar) de tamaño comercial bajo condiciones idénticas de alimentación, manejo y monitoreo de agua. El foco estaba en observar la evolución de los compuestos responsables del off-flavor:
En los iRAS, los niveles de GSM en agua alcanzaron 35–40 ng/L.
En los mRAS, en cambio, nunca superaron los 13 ng/L.
Las diferencias también se reflejaron en los filetes. Dos meses después:
Los salmón de iRAS registraron 696 ± 31 ng/kg de GSM.
Los de mRAS mostraron solo 247 ± 30 ng/kg (p=0.001).
En tanto, el MIB siguió tendencias similares: siempre más alto en los sistemas inmaduros.
Un hallazgo inesperado: los responsables no eran quienes se pensaba
El equipo esperaba encontrar una relación directa entre la abundancia de organismos productores de sabor desagradable (OFPB) y los niveles de GSM y MIB. No fue así.
En contra de la hipótesis inicial:
Los OFPB no fueron más abundantes en los iRAS, a pesar de que allí los niveles de off-flavor fueron significativamente mayores.
En varios casos, los mRAS —los sistemas con menor sabor desagradable— mostraron incluso mayor presencia de OFPB.
Esto obligó a mirar más allá del simple conteo de bacterias productoras.
El estudio también evaluó organismos potencialmente degradadores de GSM y MIB (OFDB), que en teoría podrían explicar niveles bajos de compuestos. Pero ellos tampoco resolvían la ecuación: fueron más abundantes en los iRAS, donde las concentraciones de off-flavor fueron más altas.
La conclusión fue inequívoca: los niveles de sabor desagradable no estaban determinados por la presencia o abundancia de OFPB ni OFDB.
Niveles de geosmina en el agua (media ± error estándar) en sistemas de acuicultura recirculantes (RAS) inmaduros y maduros (N = 3) y en el agua de reposición a lo largo del tiempo. Créditos: Estudio.
La clave estaba en el entorno, no en los microbios aislados
Las diferencias entre sistemas sí se reflejaron en parámetros ambientales y en la estructura del microbioma:
Los iRAS registraron niveles significativamente más altos de TAN, nitrito, sólidos suspendidos, bacterias heterótrofas y color verdadero del agua.
Los mRAS mostraron comunidades microbianas más estables, consistentes y resilientes.
La nitrificación en iRAS fluctuó con cambios ambientales, mientras que en mRAS se mantuvo estable.
El análisis basado en aprendizaje automático reveló que el “color verdadero” del agua fue la variable más influyente en la presencia de GSM.
Este indicador refleja la carga orgánica disuelta: un entorno más “limpio” en términos orgánicos facilita la estabilidad microbiológica y reduce las condiciones que favorecen la producción de compuestos de off-flavor.
El efecto del cepillado: un comportamiento en espejo
A los 74 días del ensayo, los investigadores suspendieron el cepillado semanal de superficies sumergidas. En ambos tipos de sistemas, los niveles de GSM comenzaron a disminuir entre 8 y 16 días después, lo que sugiere que la remoción de biopelículas podría haber influido en la liberación y posterior degradación de los compuestos.
Pero incluso con este cambio:
Los iRAS mantuvieron niveles 4,4 veces mayores de GSM en agua durante todo el estudio.
Los mRAS se mantuvieron consistentemente bajos.
Por qué la madurez microbiana importa
La madurez microbiana implica: una comunidad estable y diversa, competencia optimizada por nutrientes, resiliencia a cambios ambientales, y una nitrificación eficiente y consistente.
En sistemas inmaduros, en cambio, el microbioma responde de forma brusca a cualquier perturbación —como la entrada de peces—, lo que genera condiciones bioquímicas que favorecen la producción de compuestos de off-flavor.
En este sentido, el estudio confirma que la estabilidad microbiana es un componente operativo tan crítico como la filtración o la calidad del oxígeno.
Niveles de MIB en el agua (media ± error estándar) en sistemas de recirculación acuícola (RAS) inmaduros y maduros (N = 3) y en el agua de reposición a lo largo del tiempo. Créditos: Estudio.
Implicancias para la industria del salmón
La conclusión central es contundente: Un RAS microbianamente maduro reduce de forma significativa la acumulación de off-flavors en agua y carne de salmón.
Esto abre una oportunidad concreta:
Menos dependencia de procesos de depuración.
Reducción de costos operacionales y uso de agua.
Menos manipulación y mejor bienestar animal.
Mayor estabilidad productiva y calidad sensorial del pescado.
Frente a ello, los autores afirman que, si la industria logra mantener sistemas maduros sin interrupciones, evitar desinfecciones extensas y controlar parámetros clave como sólidos, color verdadero y nitrificación, podría mitigar uno de los problemas más persistentes del cultivo en RAS.
Un paso adelante hacia la acuicultura sin off-flavor
Los investigadores plantean que la clave para reducir el sabor desagradable no está en eliminar bacterias, sino en crear las condiciones ambientales que inhiben su producción. Y en esa ecuación, la madurez microbiana emerge como un factor fundamental.
El estudio abre nuevas preguntas —sobre interacciones microbianas, competencia ecológica y dinámica de biopelículas—, pero ya entrega una señal clara:
La microbiología del RAS puede ser tan determinante como la genética del salmón o la formulación del alimento.
Lea el estudio completo aquí: Comparing off-flavor trends in freshwater recirculating aquaculture systems with microbially mature or immature biofilters while growing Atlantic salmon Salmo salar
En la acuicultura moderna, los sistemas de recirculación acuícola (RAS) han permitido producir salmón del Atlántico con un uso más eficiente de recursos. Pero junto a estos beneficios persiste un problema sensorial bien conocido en la industria: la acumulación de geosmina (GSM) y 2-metilisoborneol (MIB), responsables del desagradable sabor y olor terroso que puede afectar al pescado.
Estos metabolitos microbianos, comunes en ambientes acuáticos ricos en lípidos, pueden devaluar el producto al punto de afectar el precio y la percepción del consumidor. Para combatirlos, la industria recurre a la depuración, un proceso costoso que requiere mover peces a sistemas separados, detener la alimentación y aumentar el recambio de agua. Aunque funcional, implica pérdidas de peso, mayores costos operacionales y complejidad logística.
La pregunta que impulsó al equipo investigador fue directa: ¿es posible reducir el sabor extraño antes de que ocurra, simplemente promoviendo un microbioma maduro y estable dentro del RAS?
Una comparación sin precedentes
El estudio se diseñó con precisión experimental: seis sistemas RAS de 9,5 m³ fueron divididos en dos grupos. Tres fueron completamente desinfectados para reiniciar su nitrificación —los (iRAS), considerados inmaduros—, mientras que los otros tres ya llevaban 2,5 años operando sin interrupciones —los (mRAS), microbianamente maduros—.
OXZO1200x200
OXZO1200x200
Durante el ensayo, ambos grupos cultivaron salmón Atlántico (Salmo salar) de tamaño comercial bajo condiciones idénticas de alimentación, manejo y monitoreo de agua. El foco estaba en observar la evolución de los compuestos responsables del off-flavor:
En los iRAS, los niveles de GSM en agua alcanzaron 35–40 ng/L.
En los mRAS, en cambio, nunca superaron los 13 ng/L.
Las diferencias también se reflejaron en los filetes. Dos meses después:
Los salmón de iRAS registraron 696 ± 31 ng/kg de GSM.
Los de mRAS mostraron solo 247 ± 30 ng/kg (p=0.001).
En tanto, el MIB siguió tendencias similares: siempre más alto en los sistemas inmaduros.
Un hallazgo inesperado: los responsables no eran quienes se pensaba
El equipo esperaba encontrar una relación directa entre la abundancia de organismos productores de sabor desagradable (OFPB) y los niveles de GSM y MIB. No fue así.
En contra de la hipótesis inicial:
Los OFPB no fueron más abundantes en los iRAS, a pesar de que allí los niveles de off-flavor fueron significativamente mayores.
En varios casos, los mRAS —los sistemas con menor sabor desagradable— mostraron incluso mayor presencia de OFPB.
Esto obligó a mirar más allá del simple conteo de bacterias productoras.
El estudio también evaluó organismos potencialmente degradadores de GSM y MIB (OFDB), que en teoría podrían explicar niveles bajos de compuestos. Pero ellos tampoco resolvían la ecuación: fueron más abundantes en los iRAS, donde las concentraciones de off-flavor fueron más altas.
La conclusión fue inequívoca: los niveles de sabor desagradable no estaban determinados por la presencia o abundancia de OFPB ni OFDB.
Niveles de geosmina en el agua (media ± error estándar) en sistemas de acuicultura recirculantes (RAS) inmaduros y maduros (N = 3) y en el agua de reposición a lo largo del tiempo. Créditos: Estudio.
La clave estaba en el entorno, no en los microbios aislados
Las diferencias entre sistemas sí se reflejaron en parámetros ambientales y en la estructura del microbioma:
Los iRAS registraron niveles significativamente más altos de TAN, nitrito, sólidos suspendidos, bacterias heterótrofas y color verdadero del agua.
Los mRAS mostraron comunidades microbianas más estables, consistentes y resilientes.
La nitrificación en iRAS fluctuó con cambios ambientales, mientras que en mRAS se mantuvo estable.
El análisis basado en aprendizaje automático reveló que el “color verdadero” del agua fue la variable más influyente en la presencia de GSM.
Este indicador refleja la carga orgánica disuelta: un entorno más “limpio” en términos orgánicos facilita la estabilidad microbiológica y reduce las condiciones que favorecen la producción de compuestos de off-flavor.
El efecto del cepillado: un comportamiento en espejo
A los 74 días del ensayo, los investigadores suspendieron el cepillado semanal de superficies sumergidas. En ambos tipos de sistemas, los niveles de GSM comenzaron a disminuir entre 8 y 16 días después, lo que sugiere que la remoción de biopelículas podría haber influido en la liberación y posterior degradación de los compuestos.
Pero incluso con este cambio:
Los iRAS mantuvieron niveles 4,4 veces mayores de GSM en agua durante todo el estudio.
Los mRAS se mantuvieron consistentemente bajos.
Por qué la madurez microbiana importa
La madurez microbiana implica: una comunidad estable y diversa, competencia optimizada por nutrientes, resiliencia a cambios ambientales, y una nitrificación eficiente y consistente.
En sistemas inmaduros, en cambio, el microbioma responde de forma brusca a cualquier perturbación —como la entrada de peces—, lo que genera condiciones bioquímicas que favorecen la producción de compuestos de off-flavor.
En este sentido, el estudio confirma que la estabilidad microbiana es un componente operativo tan crítico como la filtración o la calidad del oxígeno.
Niveles de MIB en el agua (media ± error estándar) en sistemas de recirculación acuícola (RAS) inmaduros y maduros (N = 3) y en el agua de reposición a lo largo del tiempo. Créditos: Estudio.
Implicancias para la industria del salmón
La conclusión central es contundente: Un RAS microbianamente maduro reduce de forma significativa la acumulación de off-flavors en agua y carne de salmón.
Esto abre una oportunidad concreta:
Menos dependencia de procesos de depuración.
Reducción de costos operacionales y uso de agua.
Menos manipulación y mejor bienestar animal.
Mayor estabilidad productiva y calidad sensorial del pescado.
Frente a ello, los autores afirman que, si la industria logra mantener sistemas maduros sin interrupciones, evitar desinfecciones extensas y controlar parámetros clave como sólidos, color verdadero y nitrificación, podría mitigar uno de los problemas más persistentes del cultivo en RAS.
Un paso adelante hacia la acuicultura sin off-flavor
Los investigadores plantean que la clave para reducir el sabor desagradable no está en eliminar bacterias, sino en crear las condiciones ambientales que inhiben su producción. Y en esa ecuación, la madurez microbiana emerge como un factor fundamental.
El estudio abre nuevas preguntas —sobre interacciones microbianas, competencia ecológica y dinámica de biopelículas—, pero ya entrega una señal clara:
La microbiología del RAS puede ser tan determinante como la genética del salmón o la formulación del alimento.