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Siguiendo la huella de Listeria monocytogenes en la cadena productiva del salmón del Atlántico

Un equipo científico de la Norwegian University of Science and Technology (NTNU) y University of Copenhagen siguió el rastro de Listeria monocytogenes a lo largo de toda la cadena productiva del salmón del Atlántico —desde el alimento para peces hasta el procesamiento— revelando una presencia baja pero persistente del patógeno.

Por Jocelyn Vargas
16 de febrero, 2026 - 18:30 hrs.
Créditos: Cedida

Créditos: Cedida

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Desde el alimento que consumen los peces hasta las líneas de fileteado, un estudio de trazabilidad microbiológica revela que la bacteria Listeria monocytogenes puede aparecer en toda la cadena productiva del salmón. Aunque su prevalencia es baja, los hallazgos apuntan a un actor poco estudiado: el alimento para peces como posible puerta de entrada del patógeno. La seguridad alimentaria en la acuicultura moderna depende de algo más que buenas prácticas de procesamiento: exige comprender cómo los microorganismos circulan a lo largo de sistemas productivos complejos. En el caso del salmón del Atlántico (Salmo salar), uno de los productos marinos más consumidos y comercializados del mundo, la bacteria Listeria monocytogenes sigue siendo un desafío persistente. Este patógeno tolerante al frío —capaz de sobrevivir en ambientes industriales y refrigerados— es el agente causal de la listeriosis, una infección grave asociada a alimentos listos para el consumo. Un reciente estudio de rastreo microbiológico analizó su presencia desde las primeras etapas productivas hasta el procesamiento primario del pescado, proporcionando una visión inédita sobre su ecología y rutas de transmisión. Un seguimiento desde el origen Para comprender cómo se desplaza la bacteria a través de la cadena productiva, investigadores diseñaron un muestreo basado en riesgos que abarcó tres etapas principales: Producción y distribución de alimento para salmón Cultivo marino y transporte en well-boats Procesamiento primario del pescado Durante casi un año se recolectaron 1.819 muestras en fábricas de alimento, centros de cultivo, embarcaciones de transporte y plantas de procesamiento. La detección se realizó mediante PCR en tiempo real, confirmación por cultivo bacteriano y secuenciación genómica para caracterizar las cepas encontradas. El resultado general fue tranquilizador, pero revelador: La prevalencia global de L. monocytogenes fue baja (2,7%), aunque la bacteria apareció en todas las etapas de la cadena. Fig 1: La cadena de producción del salmón del Atlántico, tal como se define en este estudio, se limita a los tres procesos principales y sus respectivos subprocesos:La cadena de alimentación del salmón, que incluye la fábrica de alimento, las embarcaciones de transporte de alimento y las barcazas de alimentación en el mar;La fase de producción en el mar y el transporte, que incluye el salmón en jaulas marinas y el traslado del salmón listo para faena; yLa instalación de procesamiento primario, que incluye el sacrificio y el procesamiento para obtener salmón eviscerado con cabeza (HOG) o filetes. Créditos: Estudio. El alimento: un eslabón subestimado El hallazgo más llamativo surgió en la fase inicial. La bacteria se detectó en 8% de las muestras asociadas a la producción de alimento, donde además se observó la mayor diversidad genética de cepas. Esto no implica que el proceso de extrusión —que supera los 100 °C— sea el problema; de hecho, las muestras inmediatamente posteriores a esta etapa resultaron negativas. Sin embargo, la investigación sugiere que la recontaminación ambiental durante almacenamiento, transporte o manipulación podría introducir el patógeno. Factores como polvo, humedad, aves o plagas en cintas transportadoras y sacos a granel se identificaron como posibles vectores. Además, el monitoreo microbiológico de Listeria en este sector es limitado, ya que la normativa suele priorizar la vigilancia de otros patógenos. Este escenario abre una línea de investigación clave: el alimento podría actuar como punto de origen o amplificador de cepas que más tarde aparecen en etapas posteriores. Un océano que diluye… pero no elimina En la fase marina, la prevalencia cayó a apenas 1%, con baja diversidad genética. La detección en la piel de peces sugiere una exposición ambiental continua, probablemente influida por aportes terrestres, actividad humana o escorrentía agrícola. El ambiente acuático tiende a diluir la presencia bacteriana, lo que dificulta la detección, pero no descarta su circulación. La bacteria también apareció en algunos componentes de embarcaciones de transporte, indicando que estos sistemas podrían actuar como reservorios temporales. Fig. 2. Resumen del muestreo. Se obtuvieron un total de 1819 muestras durante un período de casi un año. Créditos: Estudio. La planta de procesamiento: persistencia en nichos críticos En el procesamiento primario, la prevalencia general fue de 3%, con detección limitada en productos recién eviscerados. No obstante, en áreas de fileteado la presencia aumentó hasta 12% en algunas muestras, especialmente en equipos complejos como fileteadoras y escáneres de calidad. Estos resultados refuerzan una observación conocida en la industria alimentaria: las superficies húmedas y de difícil limpieza pueden permitir la persistencia del patógeno, incluso bajo estrictos protocolos sanitarios. Huellas genéticas que conectan etapas La secuenciación del genoma completo permitió identificar diez tipos de secuencia (ST) de la bacteria, todos asociados al linaje típico de ambientes alimentarios. Dos de ellos —ST8 y ST37— se detectaron tanto en entornos de fabricación de alimento como en la planta de procesamiento, mostrando una estrecha relación genética. Esta coincidencia sugiere una posible conexión epidemiológica entre ambos extremos de la cadena. Aunque no demuestra causalidad directa, la evidencia apunta a una hipótesis relevante: las cepas introducidas tempranamente podrían sobrevivir, circular o reaparecer más adelante en el proceso productivo. Fig. 3. Distribución relativa (%) de los diez tipos de secuencia (ST) de L. monocytogenes detectados en este estudio. Los complejos clonales correspondientes se indican entre paréntesis: ST8 (CC8), ST20 (CC20), ST29 (CC29), ST31 (CC31), ST37 (CC37), ST91 (CC14), ST101 (CC101), ST325 (CC31), ST391 (CC89) y ST394 (CC415), correspondientes a los 56 aislamientos provenientes de los distintos procesos principales de la cadena de procesamiento del salmón del Atlántico (número de aislamientos de cada proceso). Créditos: Estudio, Más allá del laboratorio: implicancias para la industria El estudio confirma que la presencia de L. monocytogenes en la cadena del salmón es baja, pero persistente y multifactorial. También muestra que: La bacteria puede detectarse desde etapas previas al procesamiento. El alimento para peces merece mayor atención como fuente potencial. La genómica se consolida como herramienta clave para rastrear patógenos. En un contexto donde el consumo de productos refrigerados y mínimamente procesados sigue creciendo, comprender estas rutas de transmisión es esencial para anticipar riesgos y fortalecer el control sanitario. Ciencia para anticiparse al riesgo Más que revelar una amenaza inminente, la investigación ofrece una lección estratégica: la inocuidad alimentaria no comienza en la planta de procesamiento, sino mucho antes —en fábricas de alimento, entornos marinos y sistemas logísticos—. Rastrear microorganismos a lo largo de toda la cadena productiva permite pasar de una vigilancia reactiva a una gestión preventiva, apoyada en herramientas genómicas que hoy redefinen el monitoreo microbiológico. En la industria del salmón —global, tecnificada y en expansión— este enfoque integral podría marcar la diferencia entre contener un riesgo potencial y enfrentarlo demasiado tarde. Lea el estudio completo aquí: Tracing Listeria monocytogenes in the Atlantic salmon (Salmo salar L.) production chain – from feed to primary processing

Desde el alimento que consumen los peces hasta las líneas de fileteado, un estudio de trazabilidad microbiológica revela que la bacteria Listeria monocytogenes puede aparecer en toda la cadena productiva del salmón. Aunque su prevalencia es baja, los hallazgos apuntan a un actor poco estudiado: el alimento para peces como posible puerta de entrada del patógeno.

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La seguridad alimentaria en la acuicultura moderna depende de algo más que buenas prácticas de procesamiento: exige comprender cómo los microorganismos circulan a lo largo de sistemas productivos complejos. En el caso del salmón del Atlántico (Salmo salar), uno de los productos marinos más consumidos y comercializados del mundo, la bacteria Listeria monocytogenes sigue siendo un desafío persistente. Este patógeno tolerante al frío —capaz de sobrevivir en ambientes industriales y refrigerados— es el agente causal de la listeriosis, una infección grave asociada a alimentos listos para el consumo.

Un reciente estudio de rastreo microbiológico analizó su presencia desde las primeras etapas productivas hasta el procesamiento primario del pescado, proporcionando una visión inédita sobre su ecología y rutas de transmisión.

Un seguimiento desde el origen

Para comprender cómo se desplaza la bacteria a través de la cadena productiva, investigadores diseñaron un muestreo basado en riesgos que abarcó tres etapas principales:

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  • Producción y distribución de alimento para salmón
  • Cultivo marino y transporte en well-boats
  • Procesamiento primario del pescado

Durante casi un año se recolectaron 1.819 muestras en fábricas de alimento, centros de cultivo, embarcaciones de transporte y plantas de procesamiento. La detección se realizó mediante PCR en tiempo real, confirmación por cultivo bacteriano y secuenciación genómica para caracterizar las cepas encontradas.

El resultado general fue tranquilizador, pero revelador: La prevalencia global de L. monocytogenes fue baja (2,7%), aunque la bacteria apareció en todas las etapas de la cadena.

Fig 1: La cadena de producción del salmón del Atlántico, tal como se define en este estudio, se limita a los tres procesos principales y sus respectivos subprocesos:
La cadena de alimentación del salmón, que incluye la fábrica de alimento, las embarcaciones de transporte de alimento y las barcazas de alimentación en el mar;
La fase de producción en el mar y el transporte, que incluye el salmón en jaulas marinas y el traslado del salmón listo para faena; y
La instalación de procesamiento primario, que incluye el sacrificio y el procesamiento para obtener salmón eviscerado con cabeza (HOG) o filetes. Créditos: Estudio.

El alimento: un eslabón subestimado

El hallazgo más llamativo surgió en la fase inicial. La bacteria se detectó en 8% de las muestras asociadas a la producción de alimento, donde además se observó la mayor diversidad genética de cepas.

Esto no implica que el proceso de extrusión —que supera los 100 °C— sea el problema; de hecho, las muestras inmediatamente posteriores a esta etapa resultaron negativas. Sin embargo, la investigación sugiere que la recontaminación ambiental durante almacenamiento, transporte o manipulación podría introducir el patógeno.

Factores como polvo, humedad, aves o plagas en cintas transportadoras y sacos a granel se identificaron como posibles vectores. Además, el monitoreo microbiológico de Listeria en este sector es limitado, ya que la normativa suele priorizar la vigilancia de otros patógenos.

Este escenario abre una línea de investigación clave: el alimento podría actuar como punto de origen o amplificador de cepas que más tarde aparecen en etapas posteriores.

Un océano que diluye… pero no elimina

En la fase marina, la prevalencia cayó a apenas 1%, con baja diversidad genética. La detección en la piel de peces sugiere una exposición ambiental continua, probablemente influida por aportes terrestres, actividad humana o escorrentía agrícola.

El ambiente acuático tiende a diluir la presencia bacteriana, lo que dificulta la detección, pero no descarta su circulación. La bacteria también apareció en algunos componentes de embarcaciones de transporte, indicando que estos sistemas podrían actuar como reservorios temporales.

Fig. 2. Resumen del muestreo. Se obtuvieron un total de 1819 muestras durante un período de casi un año. Créditos: Estudio.

La planta de procesamiento: persistencia en nichos críticos

En el procesamiento primario, la prevalencia general fue de 3%, con detección limitada en productos recién eviscerados. No obstante, en áreas de fileteado la presencia aumentó hasta 12% en algunas muestras, especialmente en equipos complejos como fileteadoras y escáneres de calidad.

Estos resultados refuerzan una observación conocida en la industria alimentaria:
las superficies húmedas y de difícil limpieza pueden permitir la persistencia del patógeno, incluso bajo estrictos protocolos sanitarios.

Huellas genéticas que conectan etapas

La secuenciación del genoma completo permitió identificar diez tipos de secuencia (ST) de la bacteria, todos asociados al linaje típico de ambientes alimentarios.

Dos de ellos —ST8 y ST37— se detectaron tanto en entornos de fabricación de alimento como en la planta de procesamiento, mostrando una estrecha relación genética. Esta coincidencia sugiere una posible conexión epidemiológica entre ambos extremos de la cadena.

Aunque no demuestra causalidad directa, la evidencia apunta a una hipótesis relevante:
las cepas introducidas tempranamente podrían sobrevivir, circular o reaparecer más adelante en el proceso productivo.

Fig. 3. Distribución relativa (%) de los diez tipos de secuencia (ST) de L. monocytogenes detectados en este estudio. Los complejos clonales correspondientes se indican entre paréntesis: ST8 (CC8), ST20 (CC20), ST29 (CC29), ST31 (CC31), ST37 (CC37), ST91 (CC14), ST101 (CC101), ST325 (CC31), ST391 (CC89) y ST394 (CC415), correspondientes a los 56 aislamientos provenientes de los distintos procesos principales de la cadena de procesamiento del salmón del Atlántico (número de aislamientos de cada proceso). Créditos: Estudio,

Más allá del laboratorio: implicancias para la industria

El estudio confirma que la presencia de L. monocytogenes en la cadena del salmón es baja, pero persistente y multifactorial. También muestra que:

  • La bacteria puede detectarse desde etapas previas al procesamiento.
  • El alimento para peces merece mayor atención como fuente potencial.
  • La genómica se consolida como herramienta clave para rastrear patógenos.

En un contexto donde el consumo de productos refrigerados y mínimamente procesados sigue creciendo, comprender estas rutas de transmisión es esencial para anticipar riesgos y fortalecer el control sanitario.

Ciencia para anticiparse al riesgo

Más que revelar una amenaza inminente, la investigación ofrece una lección estratégica: la inocuidad alimentaria no comienza en la planta de procesamiento, sino mucho antes —en fábricas de alimento, entornos marinos y sistemas logísticos—.

Rastrear microorganismos a lo largo de toda la cadena productiva permite pasar de una vigilancia reactiva a una gestión preventiva, apoyada en herramientas genómicas que hoy redefinen el monitoreo microbiológico.

En la industria del salmón —global, tecnificada y en expansión— este enfoque integral podría marcar la diferencia entre contener un riesgo potencial y enfrentarlo demasiado tarde.

Lea el estudio completo aquí: Tracing Listeria monocytogenes in the Atlantic salmon (Salmo salar L.) production chain – from feed to primary processing

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