El zinc en el momento correcto: la idea que podría revolucionar la alimentación del salmón
Un cambio en el momento de incorporar el zinc al alimento —propuesto por investigadores de Nofima y liderado por Antony J. Prabhu Philip— podría mejorar significativamente su absorción en el salmón, reducir su liberación al ambiente y abrir una nueva vía para una salmonicultura más eficiente y sostenible.
Una idea aparentemente simple —cambiar el momento en que se añade el zinc al alimento— podría tener efectos profundos en la nutrición del salmón y en la sostenibilidad de la acuicultura moderna. Investigadores del instituto noruego Nofima están impulsando una estrategia que propone invertir el proceso tradicional de suplementación mineral, logrando mejorar la absorción del zinc por los peces, reducir su liberación al medio ambiente y aumentar el valor de los residuos de cultivo.
El concepto, liderado por el investigador Antony J. Prabhu Philip, plantea trasladar el zinc desde la premezcla inicial del alimento hacia la etapa final de recubrimiento del pellet. Los primeros resultados sugieren que este cambio podría convertirse en una de las innovaciones más relevantes en nutrición mineral para la salmonicultura.
Un mineral esencial… pero mal aprovechado
El zinc cumple funciones críticas en los peces. Es fundamental para mantener la integridad de la piel, el intestino y las branquias, participar en procesos osmorregulatorios, favorecer la cicatrización de heridas y contribuir al funcionamiento de numerosas proteínas a nivel molecular.
Sin embargo, existe un problema estructural: los salmones utilizan solo una fracción del zinc que consumen.
Estimaciones basadas en datos recientes de producción indican que apenas el 15% del zinc presente en el alimento es retenido por el pez, mientras que el resto se libera al ambiente a través de las heces.
Este fenómeno no solo implica una baja eficiencia nutricional, sino también un desafío ambiental creciente. El exceso de zinc en sedimentos marinos puede afectar organismos microscópicos y, en ciertos casos, contribuir a la selección de bacterias resistentes.
En paralelo, el cambio en la formulación de los alimentos —con mayor uso de ingredientes vegetales— ha reducido la disponibilidad natural de este mineral en las dietas de salmón.
Un pellet alimenticio tiene poros (izquierda) que pueden rellenarse con aceites mediante el proceso de recubrimiento (derecha). Nofima está investigando actualmente un método en el que se añade zinc mineral al recubrimiento. Créditos: Nofima.
Regulaciones más estrictas en camino
El problema adquiere aún mayor relevancia debido al marco regulatorio europeo.
La legislación de la European Commission fijó en 2016 un límite máximo de 180 mg de zinc por kilogramo de alimento para salmón, tras recomendaciones del panel científico de la European Food Safety Authority (EFSA). Actualmente, esta misma autoridad ha propuesto reducir el límite a 150 mg/kg, una medida que aún se encuentra en evaluación.
Para la industria, el desafío es evidente: si se reduce el contenido de zinc en el alimento sin mejorar su absorción, podrían aparecer deficiencias nutricionales en los peces, afectando su salud y desempeño productivo.
“La solución no es necesariamente añadir más zinc, sino lograr que el pez aproveche mejor el que ya está presente”, explica Philip.
Antony J. Prabhu Philip. Créditos: Nofima.
El problema ocurre durante la fabricación del alimento
El proceso tradicional de elaboración del alimento para peces comienza con la mezcla de ingredientes y micronutrientes en una premezcla que luego pasa por un extrusor. Esta máquina utiliza altas temperaturas y presión para formar los pellets.
Posteriormente, los pellets son recubiertos al vacío con aceites, que penetran en su estructura. Esta etapa suele utilizarse para añadir compuestos sensibles al calor.
Los minerales, incluido el zinc, generalmente se incorporan antes de la extrusión porque resisten altas temperaturas. Sin embargo, el tratamiento térmico genera estructuras rígidas de proteínas que pueden atrapar el zinc dentro del pellet.
Cuando esto ocurre, su liberación en el sistema digestivo del pez se vuelve más difícil.
La idea: añadir el zinc al final del proceso
Tras más de una década investigando la nutrición mineral del salmón, Philip llegó a una conclusión clara: el problema podría no estar en la cantidad de zinc, sino en la forma en que se incorpora al alimento.
La propuesta consiste en mover la suplementación de zinc desde la premezcla hacia la fase de recubrimiento del pellet, un método conocido como top-coating.
Al añadirse después del tratamiento térmico, el mineral queda más disponible para su digestión y absorción.
Resultados prometedores
Para evaluar esta hipótesis, investigadores de Nofima realizaron ensayos en su Feed Technology Centre con post-smolts de salmón Atlántico de 200 a 280 gramos, mantenidos en sistemas terrestres con agua de mar.
Los resultados fueron contundentes:
Hasta 15 puntos porcentuales más de digestibilidad de zinc.
Reducción de hasta 25% del zinc presente en las heces.
Estos resultados implican un triple beneficio potencial:
Mejor salud de los peces: Una mayor absorción de zinc favorece funciones clave como la cicatrización, la integridad de barreras epiteliales y el bienestar general.
Menor impacto ambiental: Si el pez utiliza más zinc, menos mineral se libera al ecosistema marino.
Mayor valor de los residuos acuícolas: Con menor concentración de metales, los lodos generados en sistemas de cultivo tienen mayor potencial de reutilización.
El proyecto TOP-Zinc
Para avanzar en esta línea de investigación, se lanzó el proyecto TOP-Zinc, cuyo objetivo es optimizar estrategias de suplementación que aumenten la disponibilidad del mineral sin elevar su concentración total en el alimento.
El proyecto involucra a varias instituciones científicas y empresas de la industria, entre ellas el Institute of Marine Research, Akvaplan-niva, Mowi Feed AS, NIVA y Huvepharma NV. El financiamiento proviene del FHF – Norwegian Seafood Research Fund.
El programa contempla varias etapas:desarrollo de nuevas tecnologías de recubrimiento del alimento, uso de enzimas fitasas para mejorar la disponibilidad mineral, evaluación del impacto en salud y bienestar del salmón, análisis de riesgos ambientales, validación final en ensayos de largo plazo en jaulas marinas.
Renate Johansen, directora de I+D de FHF. Créditos: Marius Fiskum.
Preparándose para la acuicultura del futuro
Para Renate Johansen, directora de I+D del FHF – Norwegian Seafood Research Fund, el contexto global hace que este tipo de innovaciones sean cada vez más urgentes.
“El exceso de zinc puede afectar la vida microscópica alrededor de los centros de cultivo. Con el cambio climático, tanto la necesidad como la conciencia de minimizar nuestro impacto ambiental están aumentando”, señala.
Si la regulación europea finalmente reduce los límites permitidos, tecnologías como el top-coating podrían convertirse en herramientas clave para mantener la salud de los peces sin aumentar las emisiones.
Un desafío biológico que ahora es operativo
Para Antony Philip, la evolución del problema refleja cómo cambian las prioridades de la industria.
“Durante mucho tiempo, la baja digestibilidad del zinc era solo un problema biológico”, explica.
“Ahora también se está convirtiendo en un desafío operativo y regulatorio”.
La innovación que propone es, en esencia, repensar el alimento desde dentro hacia afuera: no cambiar necesariamente lo que contiene, sino cómo se integra en su estructura.
Si los ensayos a gran escala confirman los resultados iniciales, este enfoque podría marcar un nuevo estándar en nutrición acuícola: más eficiencia, menos impacto ambiental y peces más saludables.
Una idea aparentemente simple —cambiar el momento en que se añade el zinc al alimento— podría tener efectos profundos en la nutrición del salmón y en la sostenibilidad de la acuicultura moderna. Investigadores del instituto noruego Nofima están impulsando una estrategia que propone invertir el proceso tradicional de suplementación mineral, logrando mejorar la absorción del zinc por los peces, reducir su liberación al medio ambiente y aumentar el valor de los residuos de cultivo.
El concepto, liderado por el investigador Antony J. Prabhu Philip, plantea trasladar el zinc desde la premezcla inicial del alimento hacia la etapa final de recubrimiento del pellet. Los primeros resultados sugieren que este cambio podría convertirse en una de las innovaciones más relevantes en nutrición mineral para la salmonicultura.
Un mineral esencial… pero mal aprovechado
El zinc cumple funciones críticas en los peces. Es fundamental para mantener la integridad de la piel, el intestino y las branquias, participar en procesos osmorregulatorios, favorecer la cicatrización de heridas y contribuir al funcionamiento de numerosas proteínas a nivel molecular.
Sin embargo, existe un problema estructural: los salmones utilizan solo una fracción del zinc que consumen.
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Estimaciones basadas en datos recientes de producción indican que apenas el 15% del zinc presente en el alimento es retenido por el pez, mientras que el resto se libera al ambiente a través de las heces.
Este fenómeno no solo implica una baja eficiencia nutricional, sino también un desafío ambiental creciente. El exceso de zinc en sedimentos marinos puede afectar organismos microscópicos y, en ciertos casos, contribuir a la selección de bacterias resistentes.
En paralelo, el cambio en la formulación de los alimentos —con mayor uso de ingredientes vegetales— ha reducido la disponibilidad natural de este mineral en las dietas de salmón.
Un pellet alimenticio tiene poros (izquierda) que pueden rellenarse con aceites mediante el proceso de recubrimiento (derecha). Nofima está investigando actualmente un método en el que se añade zinc mineral al recubrimiento. Créditos: Nofima.
Regulaciones más estrictas en camino
El problema adquiere aún mayor relevancia debido al marco regulatorio europeo.
La legislación de la European Commission fijó en 2016 un límite máximo de 180 mg de zinc por kilogramo de alimento para salmón, tras recomendaciones del panel científico de la European Food Safety Authority (EFSA). Actualmente, esta misma autoridad ha propuesto reducir el límite a 150 mg/kg, una medida que aún se encuentra en evaluación.
Para la industria, el desafío es evidente: si se reduce el contenido de zinc en el alimento sin mejorar su absorción, podrían aparecer deficiencias nutricionales en los peces, afectando su salud y desempeño productivo.
“La solución no es necesariamente añadir más zinc, sino lograr que el pez aproveche mejor el que ya está presente”, explica Philip.
Antony J. Prabhu Philip. Créditos: Nofima.
El problema ocurre durante la fabricación del alimento
El proceso tradicional de elaboración del alimento para peces comienza con la mezcla de ingredientes y micronutrientes en una premezcla que luego pasa por un extrusor. Esta máquina utiliza altas temperaturas y presión para formar los pellets.
Posteriormente, los pellets son recubiertos al vacío con aceites, que penetran en su estructura. Esta etapa suele utilizarse para añadir compuestos sensibles al calor.
Los minerales, incluido el zinc, generalmente se incorporan antes de la extrusión porque resisten altas temperaturas. Sin embargo, el tratamiento térmico genera estructuras rígidas de proteínas que pueden atrapar el zinc dentro del pellet.
Cuando esto ocurre, su liberación en el sistema digestivo del pez se vuelve más difícil.
La idea: añadir el zinc al final del proceso
Tras más de una década investigando la nutrición mineral del salmón, Philip llegó a una conclusión clara: el problema podría no estar en la cantidad de zinc, sino en la forma en que se incorpora al alimento.
La propuesta consiste en mover la suplementación de zinc desde la premezcla hacia la fase de recubrimiento del pellet, un método conocido como top-coating.
Al añadirse después del tratamiento térmico, el mineral queda más disponible para su digestión y absorción.
Resultados prometedores
Para evaluar esta hipótesis, investigadores de Nofima realizaron ensayos en su Feed Technology Centre con post-smolts de salmón Atlántico de 200 a 280 gramos, mantenidos en sistemas terrestres con agua de mar.
Los resultados fueron contundentes:
Hasta 15 puntos porcentuales más de digestibilidad de zinc.
Reducción de hasta 25% del zinc presente en las heces.
Estos resultados implican un triple beneficio potencial:
Mejor salud de los peces: Una mayor absorción de zinc favorece funciones clave como la cicatrización, la integridad de barreras epiteliales y el bienestar general.
Menor impacto ambiental: Si el pez utiliza más zinc, menos mineral se libera al ecosistema marino.
Mayor valor de los residuos acuícolas: Con menor concentración de metales, los lodos generados en sistemas de cultivo tienen mayor potencial de reutilización.
El proyecto TOP-Zinc
Para avanzar en esta línea de investigación, se lanzó el proyecto TOP-Zinc, cuyo objetivo es optimizar estrategias de suplementación que aumenten la disponibilidad del mineral sin elevar su concentración total en el alimento.
El proyecto involucra a varias instituciones científicas y empresas de la industria, entre ellas el Institute of Marine Research, Akvaplan-niva, Mowi Feed AS, NIVA y Huvepharma NV. El financiamiento proviene del FHF – Norwegian Seafood Research Fund.
El programa contempla varias etapas:desarrollo de nuevas tecnologías de recubrimiento del alimento, uso de enzimas fitasas para mejorar la disponibilidad mineral, evaluación del impacto en salud y bienestar del salmón, análisis de riesgos ambientales, validación final en ensayos de largo plazo en jaulas marinas.
Renate Johansen, directora de I+D de FHF. Créditos: Marius Fiskum.
Preparándose para la acuicultura del futuro
Para Renate Johansen, directora de I+D del FHF – Norwegian Seafood Research Fund, el contexto global hace que este tipo de innovaciones sean cada vez más urgentes.
“El exceso de zinc puede afectar la vida microscópica alrededor de los centros de cultivo. Con el cambio climático, tanto la necesidad como la conciencia de minimizar nuestro impacto ambiental están aumentando”, señala.
Si la regulación europea finalmente reduce los límites permitidos, tecnologías como el top-coating podrían convertirse en herramientas clave para mantener la salud de los peces sin aumentar las emisiones.
Un desafío biológico que ahora es operativo
Para Antony Philip, la evolución del problema refleja cómo cambian las prioridades de la industria.
“Durante mucho tiempo, la baja digestibilidad del zinc era solo un problema biológico”, explica.
“Ahora también se está convirtiendo en un desafío operativo y regulatorio”.
La innovación que propone es, en esencia, repensar el alimento desde dentro hacia afuera: no cambiar necesariamente lo que contiene, sino cómo se integra en su estructura.
Si los ensayos a gran escala confirman los resultados iniciales, este enfoque podría marcar un nuevo estándar en nutrición acuícola: más eficiencia, menos impacto ambiental y peces más saludables.