Un nuevo análisis científico liderado por investigadores del Fatty Acid Research Institute (FARI), junto con la Universidad de Dakota del Sur, el Colegio Nacional Junior de Enfermería de Tainan, la Universidad de Illinois, Pharmavite, la Universidad Médica de China, el Hospital Metropolitano Portuario Taichung de Tungs y la Universidad Médica de China, reveló que las personas con mayores niveles plasmáticos de ácidos grasos omega-3 presentan una menor probabilidad de haber sufrido depresión y ansiedad. El trabajo, publicado en The Journal of Nutrition, refuerza el creciente interés internacional por el rol de la nutrición en la salud mental.
El estudio utilizó datos del UK Biobank, una de las mayores cohortes poblacionales del mundo, e incluyó a 258.354 adultos con mediciones sanguíneas de ácidos grasos y a 468.145 personas con información detallada sobre uso de suplementos de aceite de pescado.
Hallazgos principales
Los investigadores detectaron una relación inversa clara: a mayores niveles biológicos de omega-3 en sangre, menores tasas históricas y recientes de depresión y ansiedad.
Entre los resultados más relevantes destacan:
- Las personas ubicadas en el quintil más alto de omega-3 total presentaron entre 15% y 33% menos probabilidades de antecedentes de depresión frente al quintil más bajo.
- En ansiedad histórica, la reducción observada fluctuó entre 19% y 22%.
- Para depresión reciente (últimos 12 meses), el riesgo fue 29% menor en quienes tenían omega-3 total elevado.
Los usuarios de suplementos de aceite de pescado mostraron entre 9% y 10% menos riesgo de antecedentes de depresión y ansiedad, además de 20% menos riesgo de ansiedad reciente.
EPA aparece como protagonista
Uno de los hallazgos más llamativos fue que la fracción de omega-3 “no-DHA”, compuesta principalmente por EPA (ácido eicosapentaenoico), mostró asociaciones incluso más robustas que el DHA en varios análisis.
Esto resulta especialmente relevante, ya que históricamente el DHA ha concentrado gran parte de la atención por su papel estructural en el cerebro. Sin embargo, esta nueva evidencia sugiere que el EPA podría tener un rol más determinante en bienestar emocional y regulación del ánimo.
Solidez científica del trabajo
El estudio destaca por tres factores metodológicos clave, como, la gran escala poblacional, con cientos de miles de participantes, uso de biomarcadores sanguíneos, más confiables que encuestas alimentarias y diagnósticos médicos codificados bajo ICD-10, en lugar de simples autoinformes.
Además, los modelos estadísticos ajustaron variables como edad, sexo, etnia, índice de masa corporal, tabaquismo, dieta, consumo de alcohol, actividad física y nivel socioeconómico.
El Dr. William S. Harris, autor principal del estudio, señaló que “nuestros hallazgos en más de un cuarto de millón de adultos muestran una relación clara y consistente entre un mayor nivel de omega-3 y una menor probabilidad de antecedentes tanto de depresión como de ansiedad”.
Por su parte, Nathan L. Tintle afirmó que “los datos basados en biomarcadores entregan una imagen mucho más clara que la dieta autoinformada”.
Cómo podrían actuar los omega-3
Los autores plantean varios mecanismos biológicos plausibles:
- Efecto antiinflamatorio: la inflamación crónica se asocia a depresión y ansiedad.
- Mejor función neuronal: el DHA favorece la fluidez de membranas celulares cerebrales.
- Regulación de neurotransmisores: posible impacto sobre serotonina y dopamina.
- Respuesta al estrés: el EPA podría modular el eje hormonal del estrés (HPA).
Precaución: no prueba causalidad
Pese a la relevancia de los resultados, los investigadores advirtieron que se trata de un estudio transversal, por lo que no demuestra causalidad directa.
Es decir, aún no puede afirmarse con certeza que consumir omega-3 prevenga depresión o ansiedad. También es posible que personas con mejor salud mental mantengan estilos de vida más saludables y, por ello, presenten mejores niveles de omega-3.
Impacto para Chile y la industria salmonera
Para países productores de salmón como Chile, esta evidencia podría fortalecer el valor estratégico del consumo de pescados grasos ricos en omega-3, ampliando su aporte más allá de la salud cardiovascular hacia la prevención en salud mental.
Asimismo, el estudio abre oportunidades para alimentos funcionales, suplementos y desarrollos basados en omega-3 de origen marino o microalgas.
Evidencias epidemiológicas robustas
La investigación entrega una de las evidencias epidemiológicas más robustas hasta ahora de que mayores niveles de omega-3 —especialmente aquellos ricos en EPA— se asocian con menor prevalencia de depresión y ansiedad. Aunque faltan ensayos clínicos que confirmen causalidad, el vínculo entre nutrición marina y salud cerebral emerge con creciente fuerza científica.
Lea el estudio completo aquí: Associations of Plasma Omega-3 Fatty Acid Levels and Reported Fish Oil Supplement Use with Depression and Anxiety: A Cross-Sectional Analysis from the United Kingdom Biobank



















