La estrategia de producir Smolts Grandes (ejemplares que superan los 150 gramos e incluso llegan a 500 gramos en tierra) busca reducir el tiempo de permanencia de los salmones en las jaulas marinas para esquivar desafíos sanitarios. Sin embargo, el estiramiento de los tiempos en agua agua dulce mediante luz continua altera la ventana térmica del pez, provocando desajustes fisiológicos que impactan directamente en el rendimiento de final de la cosecha.
El peligro de la maduración oculta sobre los 100 gramos
Uno de los principales problemas operativos descrito por Fraser es la ventana en la que los peces reciben la señal de invierno en tierra. Cuando se aplica este estímulo lumínico en salmones que ya superaron la barrera de los 100 gramos de peso, el fotoperiodo actúa como un gatillador de la maduración sexual precoz en los ejemplares machos, un fenómeno que se vuelve masivo el elevarse la temperatura.
“A 16 grados, por ejemplo, tenemos un 100% de maduración en los peces macho”, advirtió Fraser. El peligro productivo radica en que estos individuos no muestran externamente los signos típicos de madurez, sino que mantienen la apariencia de un pez inmaduro pero con un factor de condición exacerbado. Al ser transferidos al mar, estos ejemplares sufren de un crecimiento marcadamente bajo y tasas de mortalidad elevadas.

Para mitigar este impacto, el investigador del Institute of Marine Research recomendó realizar la esmoltificación a tallas pequeñas y bajo temperaturas controladas que no superen los 13°C.
Salmones que dejan de crecer
La complicación fisiológica se duplica al intentar frenar esta maduración precoz en tierra. Para bloquear el desarrollo sexual de los peces grandes, la industria suele aplicar periodos controlados de oscuridad prolongada. Es justamente bajo este manejo donde el equipo científico de Fraser detectó un fenómeno que crea hipótesis y preguntas a los investigadores.
De acuerdo con sus evaluaciones de ciclo de vida, entre un 6% y un 13% de los salmones sometidos a este régimen simplemente dejaron de crecer una vez que ingresaron a las jaulas marinas. Los análisis demostraron que los peces se mantuvieron estancados durante seis meses en el mar sin ganar peso, pero sin registrar pérdidas en su factor de condición ni presentar signos de enfermedades patológicas conocidas.
“Es la primera vez que estamos viendo esto. No tenemos una explicación en este momento para eso. Los peces simplemente, literalmente, dejaron de crecer, no ganaron peso. Es algo desconocido en el momento”, reconoció Fraser durante el webinar, precisando que se están ejecutando nuevos ensayos comerciales para determinar si se trata de un efecto constante del fotoperiodo restrictivo.
Salinidad prolongada y manchas en la cosecha
El retraso voluntario de la transferencia al mar para ganar biomasa en tierra también demostró un impacto directo en la calidad del filete. Al evaluar los rendimientos finales a la cosecha, el estudio determinó que prolongar la estadía de los peces en los tanques bajo salinidades intermedias o altas (que oscilan entre 15 y 34 PPT) gatilla procesos inflamatorios crónicos.
Los datos comerciales expuestos por el científico noruego confirmaron que esta sobreexposición a la salinidad antes de la transferencia incrementa significativamente la aparición de manchas negras (melanización) en los filetes al momento del procesamiento. En contraste, los grupos de control transferidos al océano de manera temprana y a tamaños tradicionales registraron los mejores índices de crecimiento, menor aparición de defectos estéticos y un rendimiento óptimo al cierre del ciclo.


















