El salmón noruego cerró el primer semestre del 2026 con un récord de mortalidad en salmones y truchas. Las cifras marcaron un un 35,7% en comparación con el mismo periodo de 2023, alcanzando la cifra acumulada más baja desde que se tienen registros comparables.
De acuerdo con las estadísticas procesadas por la organización gremial Sjomat Norge a partir de datos del Fiskeridirektoratet (Dirección de Pesca de Noruega), 11 de las 13 áreas de producción (PO) del país registraron caídas drásticas en sus índices de mortalidad durante el primer semestre del año.
En los reportes, destacan los avances en la zona PO10 con un desplome del 61,5% en la mortalidad, seguida de PO12 con un 57,9% y PO3 con un 55,7%. Asimismo, las macrozonas PO11, PO5 y PO6 anotaron reducciones superiores al 40%.

Trabajo integral

Desde el gremio descartaron que estos resultados respondan a fluctuaciones estacionales o a eventos aislados. Krister Hoaas, director de Política y Comunicación de Sjomat Norge, enfatizó que la tendencia positiva abarca a casi toda la producción noruega.
«Esto no es casualidad. Es el resultado de un trabajo enfocado e integral en toda la cadena de valor. No se debe a mejoras operativas en empresas individuales, sino a una industria completa que trabaja continuamente por perfeccionar la producción», afirmó Hoaas.
Excepciones de medición
El único sector con un deterioro marcado en sus cifras fue PO1 (frontera sueca), donde un florecimiento de algas nocivas provocó eventos agudos de mortalidad. Por su parte, la zona PO13 (East Finnmark) registró una ligera alza, aunque partiendo de niveles históricamente bajos. Al tratarse de las áreas con menor volumen productivo del país, cualquier evento ambiental impacta de manera desproporcionada en sus promedios.
Al cierre de junio de 2026, la tasa mensual de mortalidad también anotó el valor más bajo para un mes de junio en el periodo 2018–2026. Ante este escenario, Hoaas instó a las autoridades políticas a tomar nota de la evolución técnica del sector, declarando que, «cuando vemos una reducción superior al 35% impulsada por mejoras reales en la gestión, es crucial que las políticas públicas se adopten sobre la base de la evolución real de la industria».



















