La salmonicultura rusa ha entrado en una fase de estancamiento operativo tras una década de expansión en acuicultura. Según reportaron medios de comunicación rusos, durante la última sesión del Consejo Público de la Agencia Federal de Pesca de Rusia (Rosrybolovstvo), las autoridades confirmaron que la producción de 2025 alcanzó las 393.300 toneladas, lo que representa un alza del 3% respecto a las producción del 2024), quedando por debajo de las proyecciones estatales que estimaban un crecimiento del 4,5% para estas alturas del año.
Pérdidas biológicas
La salmonicultura rusa, enfocada principalmente en salmón del Atlántico y Trucha Arcoíris, se ha consolidado como el motor económico del sector, pero también como el segmento más vulnerable de la producción nacional. En declaraciones recogidas por el medio de comunicación TASS, el director del Rosrybolovsto, IIya Shestakov, atribuyó los limitados resultados a un aumento significativo en la mortalidad de peces en el Distrito Federal del Noroeste, principal sector salmonero del país.
Shestakov destalló que la combinación del aumento de temperaturas en primavera y verano, sumado a la importación descontrolada de ovas fertilizadas provocó severos brotes infecciosos en la biomasa.

A este diagnostico se suman los análisis del Centro Federal de Sanidad Ambiental (ARRIAH) difundidos por medios de comunicación especializados en salud animal, donde se advierte que la intensificación de las densidades de Smolts y la presencia de patógenos cómo la Furunculosis, infecciones por necrosis pancreática (IPN) y el estrés térmico han mermado la conversión alimenticia y la supervivencia de los ejemplares. Ante la falta de trazabilidad, la autoridad anunció la implementación obligatoria de una bitácora electrónica del acuicultor para auditar los certificados veterinarios.
Dependencia de insumos importados
El trasfondo del estancamiento radica en los límites del modelo de crecimiento por inercia. La estrategia del gobierno ruso contempla alcanzar las 600.000 toneladas para el año 2030. sin embargo, los ejecutivos del Rosrybolovstvo admiten que la industria lleva tres años oscilando en torno al techo estructural de las 400.000 toneladas (cuyo pico histórico se registró en 2023 con 402.000 toneladas).
El sector enfrenta una alta dependencia de alimento balanceado importado, limitaciones en la disponibilidad de smolts de origen local y restricciones para acceder a productos biológicos. Aunque el ARRIAH se encuentra desarrollando tecnología para la seguridad biológica de la biomasa, la transición hacía la soberanía de insumos es lenta y requiere de años para la validación en el campo.
Del volumen a la rentabilidad
Según análisis de medios rusos, el escenario actual no representa una crisis terminal, sino el fin de la expansión por volumen. Con una producción que representa apenas el 9% de los 4,8 millones de toneladas que Rusia captura vía la pesca extractiva, la industria se ve forzada a cambiar su metodología.
Para absorber el alza de los costos operativos, derivados de la volatilidad y las cadenas de suministro, las empresas rusas están reorientando sus esfuerzos hacia el procesamiento secundario y el valor agregado. Firmando contratos directos a largo plazos con cadenas de retail y la estrategia HoReCa (hoteles, restaurantes y castering) en los grandes centros urbanos de Moscú y San Petersburgo.


















