El clima no se resuelve con una sola tecnología: estudio pone a prueba 22 estrategias para una acuicultura más resiliente
Una revisión internacional publicada en Environmental Research: Food Systems analizó 22 estrategias de mitigación y adaptación climática para la pesca y la acuicultura. El trabajo pone bajo la lupa herramientas como genética, reducción del FCR, nuevos alimentos, circularidad, sistemas RAS y descarbonización, pero concluye que ninguna solución es transformadora por sí sola y que cada avance debe evaluarse considerando sus efectos sobre todo el sistema productivo.
En la acuicultura, buena parte de la conversación sobre cambio climático suele terminar rápidamente en tecnología. Sistemas de recirculación, genética, nuevas formulaciones de alimento, energías renovables o infraestructura capaz de controlar el ambiente aparecen como caminos para producir bajo condiciones cada vez más difíciles.
Pero una nueva investigación internacional propone mirar el problema desde una perspectiva más amplia.
La pregunta no sería solamente cuál es la próxima tecnología capaz de hacer a la acuicultura más resiliente, sino qué combinación de estrategias permite reducir emisiones y adaptarse al cambio climático sin trasladar los impactos hacia otra parte del sistema.
Ese es el eje de “Feasibility, co-benefits, and trade-offs of climate mitigation and adaptation strategies in blue food systems”, estudio liderado por Aleah Wong, de la University of British Columbia (UBC), junto a investigadores de distintas instituciones internacionales.
Publicado en junio de 2026 en Environmental Research: Food Systems, el trabajo examinó 22 estrategias vinculadas a los denominados alimentos azules, incluyendo 11 alternativas de mitigación y 11 de adaptación.
Cuando mejorar una variable no necesariamente mejora el sistema
Uno de los puntos especialmente relevantes para la salmonicultura aparece en la alimentación. Los autores identifican a los ingredientes del alimento como una de las principales fuentes de emisiones en los sistemas acuícolas alimentados. Por ello, reducir el factor de conversión alimenticia —FCR— aparece como una estrategia capaz de disminuir la cantidad de recursos necesarios para producir biomasa.
Pero existe una advertencia. Un menor FCR no garantiza automáticamente una menor huella de carbono.
Si la mejora se consigue utilizando ingredientes cuya producción posee una mayor intensidad de emisiones, parte del beneficio puede desaparecer. Del mismo modo, sustituir materias primas marinas por ingredientes terrestres puede reducir determinadas presiones sobre el océano, pero aumentar impactos relacionados con uso de suelo, agua o energía.
El mensaje del estudio es sencillo: mejorar un indicador aislado no necesariamente significa mejorar todo el sistema.
Genética y eficiencia productiva
El mejoramiento genético aparece también entre las estrategias analizadas.
Seleccionar características como crecimiento, rendimiento, resistencia a enfermedades o eficiencia alimentaria puede aumentar la productividad y reducir los recursos requeridos para producir cada kilogramo de alimento.
En especies como el salmón, la relación resulta evidente: mejoras en supervivencia, crecimiento o conversión alimenticia pueden generar beneficios que superan ampliamente el indicador biológico específico.
Pero nuevamente los investigadores llaman a evaluar estas mejoras considerando el sistema completo y no solamente el desempeño productivo dentro del centro de cultivo.
La paradoja de los sistemas RAS
Uno de los ejemplos más interesantes aparece con los sistemas de recirculación acuícola.
Frente al cambio climático, aumentar el control sobre temperatura, calidad de agua y otras variables ambientales puede reducir la exposición de los peces a condiciones externas adversas.
Desde esa perspectiva, un RAS puede transformarse en una herramienta importante de adaptación climática.
Pero existe otra cara.
Estos sistemas también pueden presentar altos requerimientos eléctricos. Su balance climático dependerá entonces de la eficiencia energética de la instalación y de la matriz utilizada para generar esa electricidad.
En otras palabras, una tecnología puede mejorar considerablemente la adaptación al cambio climático y, al mismo tiempo, aumentar las emisiones si la energía necesaria para operarla tiene una elevada intensidad de carbono.
Adaptarse y mitigar no siempre avanzan automáticamente en la misma dirección.
De la tecnología al sistema completo
La investigación también analiza estrategias como descarbonización energética, circularidad y aprovechamiento de subproductos.
En este punto, la mirada supera al propio pez.
Embarcaciones, alimento, generación eléctrica, procesamiento, refrigeración, logística y utilización de la biomasa forman parte de una misma ecuación climática.
La revisión destaca además que algunas soluciones tecnológicas reciben gran atención científica y económica pese a que todavía existen incertidumbres importantes sobre sus beneficios cuando son implementadas a gran escala.
Por ello, los autores advierten sobre el riesgo de buscar una especie de “bala de plata” climática.
Después de revisar las 22 estrategias, la conclusión es que ninguna puede transformar por sí sola los sistemas de alimentos azules.
La respuesta estaría, más bien, en combinar tecnología, alimentación, genética, energía limpia, manejo productivo, circularidad, planificación y políticas públicas según las condiciones ecológicas, económicas y sociales de cada territorio.
Figura 1. Alimentos azules en las vías de mitigación y adaptación al cambio climático. Imagen: estudio
¿Qué significa para la salmonicultura?
Muchas de las herramientas evaluadas forman parte de discusiones que el sector ya enfrenta: alimentación, genética, electrificación, sistemas RAS, eficiencia energética, valorización de subproductos y monitoreo ambiental.
Y quizás allí esté el principal aporte del trabajo. La próxima frontera climática de la acuicultura podría no consistir en encontrar una gran tecnología capaz de resolver el problema. Podría estar en aprender a conectar muchas soluciones.
Porque un RAS puede aumentar el control ambiental, pero demandar más energía. Una nueva dieta puede mejorar el FCR, pero utilizar ingredientes con otra huella. Una innovación puede disminuir emisiones y, al mismo tiempo, generar nuevas presiones sobre otros recursos.
El desafío deja entonces de ser solamente preguntar “¿funciona esta tecnología?”.
La pregunta pasa a ser otra: ¿qué ocurre con el resto del sistema cuando la utilizamos?
Lee el estudio «Feasibility, co-benefits, and trade-offs of climate mitigation and adaptation strategies in blue food systems»
En la acuicultura, buena parte de la conversación sobre cambio climático suele terminar rápidamente en tecnología. Sistemas de recirculación, genética, nuevas formulaciones de alimento, energías renovables o infraestructura capaz de controlar el ambiente aparecen como caminos para producir bajo condiciones cada vez más difíciles.
Pero una nueva investigación internacional propone mirar el problema desde una perspectiva más amplia.
La pregunta no sería solamente cuál es la próxima tecnología capaz de hacer a la acuicultura más resiliente, sino qué combinación de estrategias permite reducir emisiones y adaptarse al cambio climático sin trasladar los impactos hacia otra parte del sistema.
Ese es el eje de “Feasibility, co-benefits, and trade-offs of climate mitigation and adaptation strategies in blue food systems”, estudio liderado por Aleah Wong, de la University of British Columbia (UBC), junto a investigadores de distintas instituciones internacionales.
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Publicado en junio de 2026 en Environmental Research: Food Systems, el trabajo examinó 22 estrategias vinculadas a los denominados alimentos azules, incluyendo 11 alternativas de mitigación y 11 de adaptación.
Cuando mejorar una variable no necesariamente mejora el sistema
Uno de los puntos especialmente relevantes para la salmonicultura aparece en la alimentación. Los autores identifican a los ingredientes del alimento como una de las principales fuentes de emisiones en los sistemas acuícolas alimentados. Por ello, reducir el factor de conversión alimenticia —FCR— aparece como una estrategia capaz de disminuir la cantidad de recursos necesarios para producir biomasa.
Pero existe una advertencia. Un menor FCR no garantiza automáticamente una menor huella de carbono.
Si la mejora se consigue utilizando ingredientes cuya producción posee una mayor intensidad de emisiones, parte del beneficio puede desaparecer. Del mismo modo, sustituir materias primas marinas por ingredientes terrestres puede reducir determinadas presiones sobre el océano, pero aumentar impactos relacionados con uso de suelo, agua o energía.
El mensaje del estudio es sencillo: mejorar un indicador aislado no necesariamente significa mejorar todo el sistema.
Genética y eficiencia productiva
El mejoramiento genético aparece también entre las estrategias analizadas.
Seleccionar características como crecimiento, rendimiento, resistencia a enfermedades o eficiencia alimentaria puede aumentar la productividad y reducir los recursos requeridos para producir cada kilogramo de alimento.
En especies como el salmón, la relación resulta evidente: mejoras en supervivencia, crecimiento o conversión alimenticia pueden generar beneficios que superan ampliamente el indicador biológico específico.
Pero nuevamente los investigadores llaman a evaluar estas mejoras considerando el sistema completo y no solamente el desempeño productivo dentro del centro de cultivo.
La paradoja de los sistemas RAS
Uno de los ejemplos más interesantes aparece con los sistemas de recirculación acuícola.
Frente al cambio climático, aumentar el control sobre temperatura, calidad de agua y otras variables ambientales puede reducir la exposición de los peces a condiciones externas adversas.
Desde esa perspectiva, un RAS puede transformarse en una herramienta importante de adaptación climática.
Pero existe otra cara.
Estos sistemas también pueden presentar altos requerimientos eléctricos. Su balance climático dependerá entonces de la eficiencia energética de la instalación y de la matriz utilizada para generar esa electricidad.
En otras palabras, una tecnología puede mejorar considerablemente la adaptación al cambio climático y, al mismo tiempo, aumentar las emisiones si la energía necesaria para operarla tiene una elevada intensidad de carbono.
Adaptarse y mitigar no siempre avanzan automáticamente en la misma dirección.
De la tecnología al sistema completo
La investigación también analiza estrategias como descarbonización energética, circularidad y aprovechamiento de subproductos.
En este punto, la mirada supera al propio pez.
Embarcaciones, alimento, generación eléctrica, procesamiento, refrigeración, logística y utilización de la biomasa forman parte de una misma ecuación climática.
La revisión destaca además que algunas soluciones tecnológicas reciben gran atención científica y económica pese a que todavía existen incertidumbres importantes sobre sus beneficios cuando son implementadas a gran escala.
Por ello, los autores advierten sobre el riesgo de buscar una especie de “bala de plata” climática.
Después de revisar las 22 estrategias, la conclusión es que ninguna puede transformar por sí sola los sistemas de alimentos azules.
La respuesta estaría, más bien, en combinar tecnología, alimentación, genética, energía limpia, manejo productivo, circularidad, planificación y políticas públicas según las condiciones ecológicas, económicas y sociales de cada territorio.
Figura 1. Alimentos azules en las vías de mitigación y adaptación al cambio climático. Imagen: estudio
¿Qué significa para la salmonicultura?
Muchas de las herramientas evaluadas forman parte de discusiones que el sector ya enfrenta: alimentación, genética, electrificación, sistemas RAS, eficiencia energética, valorización de subproductos y monitoreo ambiental.
Y quizás allí esté el principal aporte del trabajo. La próxima frontera climática de la acuicultura podría no consistir en encontrar una gran tecnología capaz de resolver el problema. Podría estar en aprender a conectar muchas soluciones.
Porque un RAS puede aumentar el control ambiental, pero demandar más energía. Una nueva dieta puede mejorar el FCR, pero utilizar ingredientes con otra huella. Una innovación puede disminuir emisiones y, al mismo tiempo, generar nuevas presiones sobre otros recursos.
El desafío deja entonces de ser solamente preguntar “¿funciona esta tecnología?”.
La pregunta pasa a ser otra: ¿qué ocurre con el resto del sistema cuando la utilizamos?