Proteína de insectos reduce cinco veces su huella de carbono y apunta al salmón
Un informe técnico conjunto de Innovafeed y Protix plantea que la producción industrial de ingredientes derivados de la mosca soldado negra puede reducir significativamente sus emisiones, alcanzar niveles competitivos frente a fuentes convencionales de proteína y aportar beneficios funcionales a la nutrición acuícola.
La incorporación de nuevas fuentes proteicas en los alimentos acuícolas está dejando de ser únicamente una discusión sobre sustitución de materias primas. Hoy, el desafío también pasa por determinar cuánto puede mejorar el desempeño ambiental de los ingredientes cuando alcanzan escala industrial y qué beneficios adicionales pueden aportar a la producción de peces.
En ese escenario, la proteína derivada de insectos comienza a consolidar una nueva posición dentro del debate sobre sostenibilidad y nutrición animal. Así lo plantea el white paper When Scale Lowers Carbon: A Perspective on Industrial-Scale Insect Protein, publicado el 28 de septiembre de 2026 por Innovafeed y Protix, dos de los principales productores mundiales de ingredientes derivados de insectos.
El documento, elaborado por Marine Bézagu, Maye Walraven y Stijn Harms, analiza la evolución ambiental de la producción industrial de mosca soldado negra (Hermetia illucens) y cuestiona los métodos tradicionales utilizados para evaluar su huella de carbono.
Su principal argumento es que los resultados obtenidos en instalaciones experimentales o plantas piloto no necesariamente representan el desempeño de una tecnología cuando alcanza niveles comerciales de producción. La optimización energética, la eficiencia operacional y la integración con otras industrias pueden modificar sustancialmente su impacto ambiental.
Para la salmonicultura, esta discusión adquiere relevancia frente a la necesidad de diversificar las fuentes de proteína, reducir la dependencia de recursos limitados y avanzar hacia alimentos con un menor impacto ambiental, sin comprometer el rendimiento productivo.
De las plantas piloto a la producción industrial: una reducción de cinco veces en emisiones
Uno de los principales hallazgos del informe es la amplia variabilidad que todavía presentan las evaluaciones ambientales de la proteína de insectos.
Según una revisión sistemática citada por los autores (Ribeiro et al., 2026), las emisiones asociadas a la producción de proteína de mosca soldado negra fluctúan entre 0,5 y 77 kg de CO₂ equivalente por kilogramo de proteína.
Esta diferencia responde, entre otros factores, al tipo de sustrato utilizado, los requerimientos energéticos, las condiciones de procesamiento y los criterios metodológicos aplicados en los análisis de ciclo de vida (ACV).
Los autores advierten que algunas evaluaciones realizadas en etapas experimentales pueden sobredimensionar las emisiones por unidad producida, debido a que los sistemas de climatización, logística y consumo energético todavía no alcanzan eficiencias propias de una operación industrial consolidada.
El caso de Innovafeed ilustra esta evolución. La compañía informa haber reducido cinco veces la intensidad de carbono de sus proteínas desde 2022, alcanzando en 2025 una huella de 1,2 kg de CO₂ equivalente por kilogramo de proteína.
Su objetivo es disminuirla hasta 0,6 kg de CO₂ equivalente por kilogramo de proteína hacia 2030, lo que supondría una reducción adicional del 50% respecto del valor registrado en 2025.
Esta trayectoria pone de manifiesto que el desempeño ambiental de los ingredientes de insectos no constituye una cifra invariable, sino que puede mejorar conforme aumentan los volúmenes de producción y se perfeccionan los procesos.
En el caso de Protix, el documento también recoge antecedentes de evaluaciones de ciclo de vida de sus operaciones comerciales, incluyendo investigaciones que muestran reducciones adicionales de emisiones asociadas al crecimiento productivo y a la optimización de sus sistemas.
Simbiosis industrial: cuando los subproductos se convierten en recursos
Más allá de la escala, otro factor determinante para reducir la huella ambiental es la integración de las instalaciones de producción de insectos con otras actividades industriales.
Innovafeed ha desarrollado un modelo de cointegración con plantas procesadoras de almidón, que permite recuperar calor residual y aprovechar subproductos orgánicos húmedos para alimentar a las larvas.
Esta configuración evita parte de los requerimientos energéticos que implicaría secar previamente determinados sustratos y permite utilizar energía térmica que, de otro modo, se perdería durante los procesos industriales.
De acuerdo con el estudio citado por el white paper (Phl et al., 2020), este tipo de simbiosis puede reducir hasta en un 80% la huella de carbono frente a productores que no cuentan con una integración industrial equivalente.
El modelo introduce una dimensión especialmente interesante para la industria salmonicultora: la posibilidad de desarrollar cadenas de suministro de ingredientes conectadas con otras actividades productivas, donde los subproductos de un proceso adquieren valor como insumos para otro.
Desde esta perspectiva, la producción de proteína de insectos no solo representa una alternativa nutricional, sino también una oportunidad para avanzar hacia esquemas de economía circular, optimizando el uso de energía y materias primas.
Harina de pescado y soya: los límites de las fuentes tradicionales
La evaluación de los ingredientes alternativos también obliga a revisar el comportamiento ambiental de las materias primas convencionales.
Utilizando información de la base Global Feed LCA Institute (GFLI), versión 2.1, Innovafeed y Protix identifican una importante variabilidad en la huella de carbono de los ingredientes tradicionales.
Para la harina de pescado, los valores fluctúan entre 0,6 y 15,5 kg de CO₂ por kilogramo, mientras que el concentrado de proteína de soya (SPC) presenta rangos de entre 4,5 y 7,3 kg de CO₂ por kilogramo. Asimismo, existen fuentes de SPC de bajo impacto cuya huella se aproxima a 1 kg de CO₂ por kilogramo.
Sin embargo, el acceso a materias primas de menor impacto ambiental continúa siendo un desafío. Citando a Voora et al. (2024), el informe señala que menos del 3% de la soya producida globalmente cumple con estándares de sostenibilidad reconocidos.
A ello se suman restricciones estructurales vinculadas a la disponibilidad de recursos. Según datos de OECD/FAO (2025), el 77% de la superficie agrícola mundial se destina a la alimentación del ganado, mientras que la expansión de los cultivos enfrenta crecientes exigencias relacionadas con el uso del suelo y los compromisos de cero deforestación.
En el ámbito marino, la disponibilidad de harina de pescado depende de recursos pesqueros sometidos a límites biológicos. La FAO informó que la proporción de poblaciones de peces marinos explotadas dentro de niveles biológicamente sostenibles alcanzó el 62% en 2021.
Frente a este escenario, Marine Bézagu, jefa de Desarrollo de Productos para Acuicultura en Innovafeed, planteó la necesidad de incorporar fuentes complementarias:
«La soya se quedará sin tierra, la harina de pescado se quedará sin peces: se puede pagar más por ellos, pero no se puede pagar al planeta para que el planeta se ponga al día. Los insectos añaden proteína sin recurrir a ninguno de los dos recursos y mejorarán con la escala», señaló.
La propuesta de los autores no apunta necesariamente a sustituir completamente las materias primas tradicionales, sino a diversificar las fuentes proteicas disponibles y disminuir la presión adicional sobre los ecosistemas terrestres y marinos.
El carbono que no contabilizan los análisis tradicionales
Uno de los planteamientos más relevantes del documento es que comparar ingredientes únicamente por sus emisiones directas puede entregar una visión incompleta de su impacto ambiental.
En particular, el informe incorpora el efecto que la extracción de peces forrajeros podría tener sobre los procesos naturales de almacenamiento de carbono en el océano.
Los peces participan en la denominada bomba biológica de carbono, mediante procesos que contribuyen al transporte de carbono orgánico hacia las profundidades marinas. Su extracción comercial podría alterar estos mecanismos y generar impactos que no suelen quedar reflejados en los análisis de ciclo de vida convencionales.
A partir de investigaciones de Cavan y Hill (2022) y Mariani et al. (2020), los autores estiman que el costo de carbono asociado a esta alteración podría alcanzar aproximadamente 10 kg de CO₂ equivalente por kilogramo de harina de pescado.
Se trata de una dimensión que introduce nuevos elementos en la evaluación de los ingredientes marinos, aunque su incorporación requiere metodologías específicas y una consideración cuidadosa de los supuestos utilizados.
El documento distingue, en este sentido, entre los análisis atribucionales, que contabilizan los impactos directos de un sistema productivo, y los consecuenciales, que buscan determinar cómo cambia el impacto ambiental cuando aumenta o disminuye la demanda de un determinado ingrediente.
Esta diferencia resulta fundamental para comprender los efectos sistémicos de expandir la producción de materias primas utilizadas en alimentación animal.
Salud intestinal, inmunidad y conversión alimenticia: el valor funcional de los insectos
Para la salmonicultura, el interés por la proteína de insectos no se limita a su desempeño ambiental.
El white paper destaca que la harina de larvas de mosca soldado negra contiene diversos compuestos bioactivos que podrían aportar beneficios nutricionales y sanitarios a los peces.
Entre ellos se encuentran péptidos antimicrobianos, ácido láurico, quitina y nucleótidos, componentes asociados en la literatura científica con la salud intestinal y el funcionamiento del sistema inmunológico.
Investigaciones citadas por los autores (Richardson et al., 2021) relacionan estos compuestos con efectos sobre la respuesta fisiológica de los animales, mientras que otros trabajos (Mohan et al., 2022) identifican potenciales beneficios sobre indicadores como supervivencia y eficiencia de conversión alimenticia.
Para una industria donde la eficiencia nutricional y la condición sanitaria tienen consecuencias directas sobre los resultados productivos, estos atributos adquieren especial importancia.
La evaluación de una nueva materia prima debería considerar, por tanto, no solamente cuántas emisiones genera durante su fabricación, sino también cómo se comporta una vez incorporada a la dieta y qué efectos puede tener sobre la cantidad de alimento necesaria para producir biomasa.
Una mejora en la conversión alimenticia o en la supervivencia podría representar beneficios ambientales adicionales a los asociados directamente con la producción del ingrediente.
No obstante, existe una distinción importante: el documento aborda estos beneficios desde una perspectiva general de nutrición animal y acuicultura, sin presentar ensayos propios que cuantifiquen mejoras específicas en salmónidos bajo condiciones comerciales.
Por ello, trasladar estas ventajas potenciales a la producción de salmón requerirá evidencia experimental que considere niveles de inclusión, formulaciones, etapas de desarrollo, condiciones sanitarias y resultados productivos.
Innovación y eficiencia: el próximo desafío de la industria de insectos
Para Stijn Harms, director de Tecnología de Protix, la evolución del sector todavía presenta oportunidades de mejora:
«La producción de insectos a escala industrial ya demuestra que el rendimiento ambiental puede mejorar sustancialmente a medida que los procesos maduran y se escalan. Lo que más me entusiasma es el potencial de ganancias adicionales a través de la innovación continua, la eficiencia y una mejor integración dentro del sistema de alimentos y piensos».
El planteamiento refleja una industria que comienza a desplazar su foco desde la demostración de viabilidad tecnológica hacia la optimización de sus indicadores ambientales y productivos.
En materia de validación, Innovafeed informa que sus datos de huella de carbono cuentan con revisión externa y están incorporados en la base GFLI como información de marca. Por su parte, los resultados de Protix se respaldan en evaluaciones de ciclo de vida publicadas en revistas científicas, incluyendo Journal of Cleaner Production (Francis et al., 2025).
Sin embargo, el informe también requiere una lectura considerando su origen: sus tres autores mantienen vínculos laborales con Innovafeed y Protix, compañías con intereses comerciales directos en el desarrollo de este mercado, y el documento declara estos conflictos de interés.
En consecuencia, sus resultados constituyen antecedentes relevantes para el debate sobre proteínas alternativas, pero deben complementarse con investigaciones independientes y evaluaciones específicas en salmonicultura.
¿Qué debe demostrar la proteína de insectos para consolidarse en los alimentos para salmón?
El principal desafío para la industria será determinar si las ventajas ambientales y funcionales identificadas pueden reproducirse en dietas comerciales para salmónidos.
Esto implica avanzar en evaluaciones que integren la respuesta nutricional, el desempeño productivo y los indicadores sanitarios, junto con variables económicas y ambientales.
Entre los aspectos que requieren mayor atención se encuentran la disponibilidad de volúmenes industriales, la estabilidad y trazabilidad de los sustratos, la consistencia nutricional de los ingredientes y el costo por kilogramo de biomasa producida.
También será necesario determinar cómo interactúan los distintos niveles de inclusión con otros componentes de la dieta y si los beneficios funcionales identificados pueden traducirse en resultados medibles bajo condiciones productivas.
La publicación conjunta de Innovafeed y Protix aporta así nuevos antecedentes a una discusión estratégica para la alimentación acuícola. Su principal contribución es demostrar que la huella ambiental de la proteína de insectos puede evolucionar favorablemente mediante el aumento de escala, la integración industrial y la innovación tecnológica.
Para la salmonicultura, la señal es clara: la evaluación de las nuevas fuentes proteicas comienza a incorporar una mirada más amplia, donde sostenibilidad, disponibilidad de materias primas, funcionalidad nutricional y eficiencia productiva deben analizarse conjuntamente.
La pregunta ya no se limita a cuánto carbono cuesta producir proteína de insectos, sino también a qué puede aportar su incorporación al sistema de alimentación y cuánto margen existe para seguir mejorando su desempeño a medida que la industria madura.
Lea el estudio completo aquí: When Scale Lowers Carbon: A Perspective On Industrial-Scale Insect Protein
La incorporación de nuevas fuentes proteicas en los alimentos acuícolas está dejando de ser únicamente una discusión sobre sustitución de materias primas. Hoy, el desafío también pasa por determinar cuánto puede mejorar el desempeño ambiental de los ingredientes cuando alcanzan escala industrial y qué beneficios adicionales pueden aportar a la producción de peces.
En ese escenario, la proteína derivada de insectos comienza a consolidar una nueva posición dentro del debate sobre sostenibilidad y nutrición animal. Así lo plantea el white paper When Scale Lowers Carbon: A Perspective on Industrial-Scale Insect Protein, publicado el 28 de septiembre de 2026 por Innovafeed y Protix, dos de los principales productores mundiales de ingredientes derivados de insectos.
El documento, elaborado por Marine Bézagu, Maye Walraven y Stijn Harms, analiza la evolución ambiental de la producción industrial de mosca soldado negra (Hermetia illucens) y cuestiona los métodos tradicionales utilizados para evaluar su huella de carbono.
Su principal argumento es que los resultados obtenidos en instalaciones experimentales o plantas piloto no necesariamente representan el desempeño de una tecnología cuando alcanza niveles comerciales de producción. La optimización energética, la eficiencia operacional y la integración con otras industrias pueden modificar sustancialmente su impacto ambiental.
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Para la salmonicultura, esta discusión adquiere relevancia frente a la necesidad de diversificar las fuentes de proteína, reducir la dependencia de recursos limitados y avanzar hacia alimentos con un menor impacto ambiental, sin comprometer el rendimiento productivo.
De las plantas piloto a la producción industrial: una reducción de cinco veces en emisiones
Uno de los principales hallazgos del informe es la amplia variabilidad que todavía presentan las evaluaciones ambientales de la proteína de insectos.
Según una revisión sistemática citada por los autores (Ribeiro et al., 2026), las emisiones asociadas a la producción de proteína de mosca soldado negra fluctúan entre 0,5 y 77 kg de CO₂ equivalente por kilogramo de proteína.
Esta diferencia responde, entre otros factores, al tipo de sustrato utilizado, los requerimientos energéticos, las condiciones de procesamiento y los criterios metodológicos aplicados en los análisis de ciclo de vida (ACV).
Los autores advierten que algunas evaluaciones realizadas en etapas experimentales pueden sobredimensionar las emisiones por unidad producida, debido a que los sistemas de climatización, logística y consumo energético todavía no alcanzan eficiencias propias de una operación industrial consolidada.
El caso de Innovafeed ilustra esta evolución. La compañía informa haber reducido cinco veces la intensidad de carbono de sus proteínas desde 2022, alcanzando en 2025 una huella de 1,2 kg de CO₂ equivalente por kilogramo de proteína.
Su objetivo es disminuirla hasta 0,6 kg de CO₂ equivalente por kilogramo de proteína hacia 2030, lo que supondría una reducción adicional del 50% respecto del valor registrado en 2025.
Esta trayectoria pone de manifiesto que el desempeño ambiental de los ingredientes de insectos no constituye una cifra invariable, sino que puede mejorar conforme aumentan los volúmenes de producción y se perfeccionan los procesos.
En el caso de Protix, el documento también recoge antecedentes de evaluaciones de ciclo de vida de sus operaciones comerciales, incluyendo investigaciones que muestran reducciones adicionales de emisiones asociadas al crecimiento productivo y a la optimización de sus sistemas.
Simbiosis industrial: cuando los subproductos se convierten en recursos
Más allá de la escala, otro factor determinante para reducir la huella ambiental es la integración de las instalaciones de producción de insectos con otras actividades industriales.
Innovafeed ha desarrollado un modelo de cointegración con plantas procesadoras de almidón, que permite recuperar calor residual y aprovechar subproductos orgánicos húmedos para alimentar a las larvas.
Esta configuración evita parte de los requerimientos energéticos que implicaría secar previamente determinados sustratos y permite utilizar energía térmica que, de otro modo, se perdería durante los procesos industriales.
De acuerdo con el estudio citado por el white paper (Phl et al., 2020), este tipo de simbiosis puede reducir hasta en un 80% la huella de carbono frente a productores que no cuentan con una integración industrial equivalente.
El modelo introduce una dimensión especialmente interesante para la industria salmonicultora: la posibilidad de desarrollar cadenas de suministro de ingredientes conectadas con otras actividades productivas, donde los subproductos de un proceso adquieren valor como insumos para otro.
Desde esta perspectiva, la producción de proteína de insectos no solo representa una alternativa nutricional, sino también una oportunidad para avanzar hacia esquemas de economía circular, optimizando el uso de energía y materias primas.
Harina de pescado y soya: los límites de las fuentes tradicionales
La evaluación de los ingredientes alternativos también obliga a revisar el comportamiento ambiental de las materias primas convencionales.
Utilizando información de la base Global Feed LCA Institute (GFLI), versión 2.1, Innovafeed y Protix identifican una importante variabilidad en la huella de carbono de los ingredientes tradicionales.
Para la harina de pescado, los valores fluctúan entre 0,6 y 15,5 kg de CO₂ por kilogramo, mientras que el concentrado de proteína de soya (SPC) presenta rangos de entre 4,5 y 7,3 kg de CO₂ por kilogramo. Asimismo, existen fuentes de SPC de bajo impacto cuya huella se aproxima a 1 kg de CO₂ por kilogramo.
Sin embargo, el acceso a materias primas de menor impacto ambiental continúa siendo un desafío. Citando a Voora et al. (2024), el informe señala que menos del 3% de la soya producida globalmente cumple con estándares de sostenibilidad reconocidos.
A ello se suman restricciones estructurales vinculadas a la disponibilidad de recursos. Según datos de OECD/FAO (2025), el 77% de la superficie agrícola mundial se destina a la alimentación del ganado, mientras que la expansión de los cultivos enfrenta crecientes exigencias relacionadas con el uso del suelo y los compromisos de cero deforestación.
En el ámbito marino, la disponibilidad de harina de pescado depende de recursos pesqueros sometidos a límites biológicos. La FAO informó que la proporción de poblaciones de peces marinos explotadas dentro de niveles biológicamente sostenibles alcanzó el 62% en 2021.
Frente a este escenario, Marine Bézagu, jefa de Desarrollo de Productos para Acuicultura en Innovafeed, planteó la necesidad de incorporar fuentes complementarias:
«La soya se quedará sin tierra, la harina de pescado se quedará sin peces: se puede pagar más por ellos, pero no se puede pagar al planeta para que el planeta se ponga al día. Los insectos añaden proteína sin recurrir a ninguno de los dos recursos y mejorarán con la escala», señaló.
La propuesta de los autores no apunta necesariamente a sustituir completamente las materias primas tradicionales, sino a diversificar las fuentes proteicas disponibles y disminuir la presión adicional sobre los ecosistemas terrestres y marinos.
El carbono que no contabilizan los análisis tradicionales
Uno de los planteamientos más relevantes del documento es que comparar ingredientes únicamente por sus emisiones directas puede entregar una visión incompleta de su impacto ambiental.
En particular, el informe incorpora el efecto que la extracción de peces forrajeros podría tener sobre los procesos naturales de almacenamiento de carbono en el océano.
Los peces participan en la denominada bomba biológica de carbono, mediante procesos que contribuyen al transporte de carbono orgánico hacia las profundidades marinas. Su extracción comercial podría alterar estos mecanismos y generar impactos que no suelen quedar reflejados en los análisis de ciclo de vida convencionales.
A partir de investigaciones de Cavan y Hill (2022) y Mariani et al. (2020), los autores estiman que el costo de carbono asociado a esta alteración podría alcanzar aproximadamente 10 kg de CO₂ equivalente por kilogramo de harina de pescado.
Se trata de una dimensión que introduce nuevos elementos en la evaluación de los ingredientes marinos, aunque su incorporación requiere metodologías específicas y una consideración cuidadosa de los supuestos utilizados.
El documento distingue, en este sentido, entre los análisis atribucionales, que contabilizan los impactos directos de un sistema productivo, y los consecuenciales, que buscan determinar cómo cambia el impacto ambiental cuando aumenta o disminuye la demanda de un determinado ingrediente.
Esta diferencia resulta fundamental para comprender los efectos sistémicos de expandir la producción de materias primas utilizadas en alimentación animal.
Salud intestinal, inmunidad y conversión alimenticia: el valor funcional de los insectos
Para la salmonicultura, el interés por la proteína de insectos no se limita a su desempeño ambiental.
El white paper destaca que la harina de larvas de mosca soldado negra contiene diversos compuestos bioactivos que podrían aportar beneficios nutricionales y sanitarios a los peces.
Entre ellos se encuentran péptidos antimicrobianos, ácido láurico, quitina y nucleótidos, componentes asociados en la literatura científica con la salud intestinal y el funcionamiento del sistema inmunológico.
Investigaciones citadas por los autores (Richardson et al., 2021) relacionan estos compuestos con efectos sobre la respuesta fisiológica de los animales, mientras que otros trabajos (Mohan et al., 2022) identifican potenciales beneficios sobre indicadores como supervivencia y eficiencia de conversión alimenticia.
Para una industria donde la eficiencia nutricional y la condición sanitaria tienen consecuencias directas sobre los resultados productivos, estos atributos adquieren especial importancia.
La evaluación de una nueva materia prima debería considerar, por tanto, no solamente cuántas emisiones genera durante su fabricación, sino también cómo se comporta una vez incorporada a la dieta y qué efectos puede tener sobre la cantidad de alimento necesaria para producir biomasa.
Una mejora en la conversión alimenticia o en la supervivencia podría representar beneficios ambientales adicionales a los asociados directamente con la producción del ingrediente.
No obstante, existe una distinción importante: el documento aborda estos beneficios desde una perspectiva general de nutrición animal y acuicultura, sin presentar ensayos propios que cuantifiquen mejoras específicas en salmónidos bajo condiciones comerciales.
Por ello, trasladar estas ventajas potenciales a la producción de salmón requerirá evidencia experimental que considere niveles de inclusión, formulaciones, etapas de desarrollo, condiciones sanitarias y resultados productivos.
Innovación y eficiencia: el próximo desafío de la industria de insectos
Para Stijn Harms, director de Tecnología de Protix, la evolución del sector todavía presenta oportunidades de mejora:
«La producción de insectos a escala industrial ya demuestra que el rendimiento ambiental puede mejorar sustancialmente a medida que los procesos maduran y se escalan. Lo que más me entusiasma es el potencial de ganancias adicionales a través de la innovación continua, la eficiencia y una mejor integración dentro del sistema de alimentos y piensos».
El planteamiento refleja una industria que comienza a desplazar su foco desde la demostración de viabilidad tecnológica hacia la optimización de sus indicadores ambientales y productivos.
En materia de validación, Innovafeed informa que sus datos de huella de carbono cuentan con revisión externa y están incorporados en la base GFLI como información de marca. Por su parte, los resultados de Protix se respaldan en evaluaciones de ciclo de vida publicadas en revistas científicas, incluyendo Journal of Cleaner Production (Francis et al., 2025).
Sin embargo, el informe también requiere una lectura considerando su origen: sus tres autores mantienen vínculos laborales con Innovafeed y Protix, compañías con intereses comerciales directos en el desarrollo de este mercado, y el documento declara estos conflictos de interés.
En consecuencia, sus resultados constituyen antecedentes relevantes para el debate sobre proteínas alternativas, pero deben complementarse con investigaciones independientes y evaluaciones específicas en salmonicultura.
¿Qué debe demostrar la proteína de insectos para consolidarse en los alimentos para salmón?
El principal desafío para la industria será determinar si las ventajas ambientales y funcionales identificadas pueden reproducirse en dietas comerciales para salmónidos.
Esto implica avanzar en evaluaciones que integren la respuesta nutricional, el desempeño productivo y los indicadores sanitarios, junto con variables económicas y ambientales.
Entre los aspectos que requieren mayor atención se encuentran la disponibilidad de volúmenes industriales, la estabilidad y trazabilidad de los sustratos, la consistencia nutricional de los ingredientes y el costo por kilogramo de biomasa producida.
También será necesario determinar cómo interactúan los distintos niveles de inclusión con otros componentes de la dieta y si los beneficios funcionales identificados pueden traducirse en resultados medibles bajo condiciones productivas.
La publicación conjunta de Innovafeed y Protix aporta así nuevos antecedentes a una discusión estratégica para la alimentación acuícola. Su principal contribución es demostrar que la huella ambiental de la proteína de insectos puede evolucionar favorablemente mediante el aumento de escala, la integración industrial y la innovación tecnológica.
Para la salmonicultura, la señal es clara: la evaluación de las nuevas fuentes proteicas comienza a incorporar una mirada más amplia, donde sostenibilidad, disponibilidad de materias primas, funcionalidad nutricional y eficiencia productiva deben analizarse conjuntamente.
La pregunta ya no se limita a cuánto carbono cuesta producir proteína de insectos, sino también a qué puede aportar su incorporación al sistema de alimentación y cuánto margen existe para seguir mejorando su desempeño a medida que la industria madura.