Confianza en el salmón alcanza 40% en el sur, pero en Santiago aun no consigue permear
La cuarta edición del estudio de Criteria, GS Consulting y la Universidad Adolfo Ibáñez muestra que, tras el repunte de 2025, la percepción ciudadana hacia las industrias exportadoras vivió un ajuste transversal. En las regiones productoras, sin embargo, el respaldo al salmón duplica al de la capital.
La confianza de la ciudadanía en las principales industrias exportadoras de Chile experimentó una moderación durante 2026. Con ello revirtió parte del avance registrado el año anterior, aunque se sostiene por encima de los mínimos observados en 2023 y 2024. Así lo reveló la cuarta entrega del informe Valor Productivo, desarrollado conjuntamente por Criteria, GS Consulting y la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI). El informe analiza el posicionamiento estratégico del cobre, litio, fruta, sector forestal y la salmonicultura.
De acuerdo con los autores del estudio, este repliegue general no responde a una crisis terminal de legitimidad, sino a un ajuste de expectativas en un escenario nacional condicionado por las dificultades para reimpulsar el crecimiento económico, la inversión y, en particular, la generación de puestos de trabajo de calidad en los territorios.
Brecha territorial
Uno de los hallazgos más concluyentes del informe es la disparidad de miradas entre las zonas donde operan las faenas productivas y la Región Metropolitana. En el caso de la industria del salmón, mientras la confianza a nivel de la población general se situó en 19% (tras marcar 27% en 2025, pero superando el 17% de 2024 y 15% de 2023).
En las regiones donde la salmonicultura está presente(Los Lagos, Aysén y Magallanes). La confianza en la salmonicultura alcanza un sólido 40%, más del doble del promedio país. En Vínculo biográfico, aquellas personas que trabajan, han trabajado o cuentan con familiares directos ligados a la actividad, la confianza se empina al 42%. Sin embargo, en el segmento ABC1 de Santiago con educación superior, la confianza cae al 18%.
Gráfico de confianzas en las industrias. Foto: Valor productivo.
Ante la consulta de si debe aumentar el número de centros de cultivo de salmones en los fiordos de la Patagonia, un 46% de los habitantes de las regiones productoras respalda la expansión, superando a la población general (45%). Se distancia drásticamente de la élite de la capital, donde el apoyo apenas llega al 34%.
El factor empleo
En la salmonicultura, la percepción sobre la generación de empleo en regiones retrocedió de 55% a 47% en las notas más altas (6 y 7). Por su parte, el aporte al desarrollo de empresas y proveedores regionales pasó de 52% a 45%. De igual modo, la valoración sobre su aporte a las economías regionales y locales descendió de 56% a 49%.
Frente a estos resultados, la directora ejecutiva del Consejo del Salmón, Loreto Seguel, reflexionó a través de sus redes profesionales sobre la necesidad de anclar el valor de los sectores productivos en la realidad de las comunidades.
Sobre esto, señaló que, «El aporte de nuestras industrias debe verse y también sentirse en la vida cotidiana de las personas. En los empleos que se generan, en las oportunidades para proveedores y pymes, en el desarrollo de las regiones y en relaciones de largo plazo con las comunidades.».
Gestión ambiental, hídrica, comunidades
Pese al retroceso en las variables macroeconómicas, la salmonicultura exhibió progresos en indicadores estructurales respecto a mediciones pasadas. La evaluación de las relaciones con las comunidades locales subió a 35% (frente al 26% de 2024), el uso responsable del agua mejoró a 34% (versus 23% en 2024) y las oportunidades laborales de calidad para mujeres avanzaron al 32% (frente al 27% en 2024 y 26% en 2023). Asimismo, el sentimiento de orgullo por la actividad se situó en 32%.
Percepción del uso responsable del agua.
En contraparte, el ámbito más desafiante sigue siendo el control y reducción del impacto medioambiental, donde el sector marcó un 31% de notas altas. Esta cifra contrasta con el principio general de la ciudadanía reflejado en la encuesta, donde un 81% de los chilenos declara que es perfectamente posible producir materias primas protegiendo el entorno, confirmando que la demanda social no apunta a frenar la actividad, sino a elevar permanentemente sus estándares de sostenibilidad en terreno.
La confianza de la ciudadanía en las principales industrias exportadoras de Chile experimentó una moderación durante 2026. Con ello revirtió parte del avance registrado el año anterior, aunque se sostiene por encima de los mínimos observados en 2023 y 2024. Así lo reveló la cuarta entrega del informe Valor Productivo, desarrollado conjuntamente por Criteria, GS Consulting y la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI). El informe analiza el posicionamiento estratégico del cobre, litio, fruta, sector forestal y la salmonicultura.
De acuerdo con los autores del estudio, este repliegue general no responde a una crisis terminal de legitimidad, sino a un ajuste de expectativas en un escenario nacional condicionado por las dificultades para reimpulsar el crecimiento económico, la inversión y, en particular, la generación de puestos de trabajo de calidad en los territorios.
Brecha territorial
Uno de los hallazgos más concluyentes del informe es la disparidad de miradas entre las zonas donde operan las faenas productivas y la Región Metropolitana. En el caso de la industria del salmón, mientras la confianza a nivel de la población general se situó en 19% (tras marcar 27% en 2025, pero superando el 17% de 2024 y 15% de 2023).
En las regiones donde la salmonicultura está presente(Los Lagos, Aysén y Magallanes). La confianza en la salmonicultura alcanza un sólido 40%, más del doble del promedio país. En Vínculo biográfico, aquellas personas que trabajan, han trabajado o cuentan con familiares directos ligados a la actividad, la confianza se empina al 42%. Sin embargo, en el segmento ABC1 de Santiago con educación superior, la confianza cae al 18%.
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Gráfico de confianzas en las industrias. Foto: Valor productivo.
Ante la consulta de si debe aumentar el número de centros de cultivo de salmones en los fiordos de la Patagonia, un 46% de los habitantes de las regiones productoras respalda la expansión, superando a la población general (45%). Se distancia drásticamente de la élite de la capital, donde el apoyo apenas llega al 34%.
El factor empleo
En la salmonicultura, la percepción sobre la generación de empleo en regiones retrocedió de 55% a 47% en las notas más altas (6 y 7). Por su parte, el aporte al desarrollo de empresas y proveedores regionales pasó de 52% a 45%. De igual modo, la valoración sobre su aporte a las economías regionales y locales descendió de 56% a 49%.
Frente a estos resultados, la directora ejecutiva del Consejo del Salmón, Loreto Seguel, reflexionó a través de sus redes profesionales sobre la necesidad de anclar el valor de los sectores productivos en la realidad de las comunidades.
Sobre esto, señaló que, «El aporte de nuestras industrias debe verse y también sentirse en la vida cotidiana de las personas. En los empleos que se generan, en las oportunidades para proveedores y pymes, en el desarrollo de las regiones y en relaciones de largo plazo con las comunidades.».
Gestión ambiental, hídrica, comunidades
Pese al retroceso en las variables macroeconómicas, la salmonicultura exhibió progresos en indicadores estructurales respecto a mediciones pasadas. La evaluación de las relaciones con las comunidades locales subió a 35% (frente al 26% de 2024), el uso responsable del agua mejoró a 34% (versus 23% en 2024) y las oportunidades laborales de calidad para mujeres avanzaron al 32% (frente al 27% en 2024 y 26% en 2023). Asimismo, el sentimiento de orgullo por la actividad se situó en 32%.
Percepción del uso responsable del agua.
En contraparte, el ámbito más desafiante sigue siendo el control y reducción del impacto medioambiental, donde el sector marcó un 31% de notas altas. Esta cifra contrasta con el principio general de la ciudadanía reflejado en la encuesta, donde un 81% de los chilenos declara que es perfectamente posible producir materias primas protegiendo el entorno, confirmando que la demanda social no apunta a frenar la actividad, sino a elevar permanentemente sus estándares de sostenibilidad en terreno.