(COLUMNA) Monitorear el océano para anticiparse: un desafío para la salmonicultura frente al cambio climático
En una columna para InfoSALMON, el Dr. Cristian A. Vargas, profesor titular de la Universidad de Concepción, propone aprovechar los datos oceanográficos para desarrollar un semáforo ambiental que ayude a anticipar riesgos y orientar las decisiones de la salmonicultura. El académico destaca que transformar el monitoreo en alertas útiles puede fortalecer la adaptación de la acuicultura frente al cambio climático.
Tanto la mitilicultura como la salmonicultura chilena se desarrollan en uno de los ecosistemas costeros más dinámicos del planeta: la Patagonia. Sus fiordos y canales están sujetos a una interacción permanente entre el océano, la atmósfera y los aportes de agua dulce del continente. Esta variabilidad natural representa también un desafío para actividades productivas que dependen estrechamente de las condiciones del medio marino.
En un escenario de cambio climático y frente a este nuevo evento de El Niño, cabe preguntarse si estamos aprovechando bien la información oceanográfica que se genera en las áreas de cultivo. No se trata simplemente de medir más, sino de utilizar esos datos para anticipar condiciones que puedan comprometer la producción.
Riesgos que van más allá de las FAN
Los riesgos ambientales van bastante más allá de las floraciones algales nocivas (FAN). Los episodios de hipoxia, caracterizados por una disminución del oxígeno disuelto, son una amenaza especialmente importante tanto para la mitilicultura como para la salmonicultura. En los fiordos, la estratificación puede dificultar la ventilación de las aguas subsuperficiales, favoreciendo condiciones de bajo oxígeno y, en algunos casos, la acumulación de CO₂ y la disminución del pH.
A esto se suman las olas de calor marinas, documentadas también en la región austral. Una temperatura elevada durante varios días puede aumentar la demanda metabólica de oxígeno de peces y moluscos, justamente cuando su disponibilidad puede disminuir. Esa combinación puede afectar la alimentación y el crecimiento antes de que se registren mortalidades.
También debemos prestar atención a los ríos atmosféricos y a las precipitaciones intensas asociadas a ellos. Estas precipitaciones pueden aumentar las descargas fluviales, reducir bruscamente la salinidad y el pH de las aguas superficiales y modificar la estratificación y la circulación de los fiordos.
Por otra parte, la acidificación costera, vinculada a procesos naturales, aportes continentales y acumulación de CO₂, sigue siendo un factor poco incorporado a la gestión productiva. Sus efectos dependen de la intensidad y la duración de la exposición, así como de la especie cultivada. En los mitílidos, por ejemplo, existen antecedentes sobre los efectos de las condiciones de bajo pH en las etapas tempranas y en procesos relevantes para el cultivo, como la calcificación.
El valor de la información que ya existe
Frente a este escenario, creo que tenemos una oportunidad que todavía no aprovechamos del todo. Me refiero al monitoreo de parámetros ambientales de las Agrupaciones de Concesiones de Salmonicultura (ACS), asociado al D.S. N.º 1 de 2020. Sus datos pueden consultarse en la plataforma administrada por el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP).
Más allá de su origen regulatorio, contar con registros continuos de temperatura, salinidad, oxígeno, clorofila y pH, entre otras variables, tiene un enorme valor científico. Para quienes llevamos años estudiando la oceanografía y las respuestas de los organismos marinos al cambio global, estas series permiten conocer la variabilidad de los ecosistemas, caracterizar eventos extremos y detectar tendencias que solo se vuelven evidentes después de muchos años de observación.
Pero ¿por qué quedarnos ahí? Independientemente de que el monitoreo siga siendo obligatorio o cambien las exigencias, esa información podría servir directamente a la industria acuícola. Y, aunque provenga de las ACS salmoneras, también podría aportar a otras actividades de la región, como la mitilicultura.
Un semáforo ambiental para anticipar riesgos
Una posibilidad concreta sería desarrollar un semáforo ambiental para la salmonicultura: una herramienta que traduzca los registros ambientales en condiciones favorables, situaciones de precaución y escenarios de mayor riesgo para esta industria.
No bastaría con asignar un color a cada variable. Habría que considerar sus interacciones, la duración de la exposición y las diferencias fisiológicas entre especies y etapas de cultivo. Por ejemplo, una temperatura moderadamente alta puede no ser crítica por sí sola. Sin embargo, si se combina con una caída sostenida del oxígeno o con cambios en el pH del agua de mar, la situación podría ser completamente distinta. Una alerta bien fundamentada podría ayudar a ajustar la alimentación, planificar manejos o prepararse ante condiciones adversas.
Una experiencia piloto y capacidades locales
Pero no partimos desde cero. El Instituto Milenio en Socio-Ecología Costera (SECOS) ha desarrollado una experiencia piloto de semáforo para la mitilicultura. La iniciativa utiliza información de una boya oceanográfica instalada en Caleta El Manzano, cerca de Hornopirén, para identificar períodos de bajo pH y temperaturas anómalas. Es un ejemplo de cómo acercar las observaciones oceanográficas a necesidades concretas del sector.
También contamos con capacidades tecnológicas locales. Empresas como INNOVEX, con experiencia en instrumentación y monitoreo para la acuicultura, podrían contribuir a desarrollar estas herramientas junto a grupos académicos que estudian las respuestas fisiológicas de las especies cultivadas. El paso decisivo sería relacionar los datos ambientales con la información productiva para que las alertas respondan a riesgos reales y no solo a umbrales genéricos.
Transformar el conocimiento en decisiones
Debemos tener claro que ningún semáforo evitará una FAN, una ola de calor o un episodio de hipoxia. Aun así, puede ayudarnos a reconocer a tiempo cuándo las condiciones empiezan a deteriorarse y a tomar decisiones mejor informadas. Si ya existen sensores, plataformas y registros que la propia industria ayuda a financiar, tiene sentido preguntarnos cómo sacarles mayor provecho.
Desde mi vereda académica, creo que uno de nuestros desafíos es precisamente ese: transformar el conocimiento científico en herramientas que sirvan fuera de la universidad. Anticipar los cambios del océano no resolverá todos los problemas de la acuicultura, pero sí puede contribuir a su adaptación frente al cambio climático y a su sostenibilidad a largo plazo.
Dr. Cristian A. Vargas
Biólogo Marino, Universidad Austral de Chile, Chile
Doctor en Oceanografía, Universidad de Concepción
Tanto la mitilicultura como la salmonicultura chilena se desarrollan en uno de los ecosistemas costeros más dinámicos del planeta: la Patagonia. Sus fiordos y canales están sujetos a una interacción permanente entre el océano, la atmósfera y los aportes de agua dulce del continente. Esta variabilidad natural representa también un desafío para actividades productivas que dependen estrechamente de las condiciones del medio marino.
En un escenario de cambio climático y frente a este nuevo evento de El Niño, cabe preguntarse si estamos aprovechando bien la información oceanográfica que se genera en las áreas de cultivo. No se trata simplemente de medir más, sino de utilizar esos datos para anticipar condiciones que puedan comprometer la producción.
Riesgos que van más allá de las FAN
Los riesgos ambientales van bastante más allá de las floraciones algales nocivas (FAN). Los episodios de hipoxia, caracterizados por una disminución del oxígeno disuelto, son una amenaza especialmente importante tanto para la mitilicultura como para la salmonicultura. En los fiordos, la estratificación puede dificultar la ventilación de las aguas subsuperficiales, favoreciendo condiciones de bajo oxígeno y, en algunos casos, la acumulación de CO₂ y la disminución del pH.
A esto se suman las olas de calor marinas, documentadas también en la región austral. Una temperatura elevada durante varios días puede aumentar la demanda metabólica de oxígeno de peces y moluscos, justamente cuando su disponibilidad puede disminuir. Esa combinación puede afectar la alimentación y el crecimiento antes de que se registren mortalidades.
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También debemos prestar atención a los ríos atmosféricos y a las precipitaciones intensas asociadas a ellos. Estas precipitaciones pueden aumentar las descargas fluviales, reducir bruscamente la salinidad y el pH de las aguas superficiales y modificar la estratificación y la circulación de los fiordos.
Por otra parte, la acidificación costera, vinculada a procesos naturales, aportes continentales y acumulación de CO₂, sigue siendo un factor poco incorporado a la gestión productiva. Sus efectos dependen de la intensidad y la duración de la exposición, así como de la especie cultivada. En los mitílidos, por ejemplo, existen antecedentes sobre los efectos de las condiciones de bajo pH en las etapas tempranas y en procesos relevantes para el cultivo, como la calcificación.
El valor de la información que ya existe
Frente a este escenario, creo que tenemos una oportunidad que todavía no aprovechamos del todo. Me refiero al monitoreo de parámetros ambientales de las Agrupaciones de Concesiones de Salmonicultura (ACS), asociado al D.S. N.º 1 de 2020. Sus datos pueden consultarse en la plataforma administrada por el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP).
Más allá de su origen regulatorio, contar con registros continuos de temperatura, salinidad, oxígeno, clorofila y pH, entre otras variables, tiene un enorme valor científico. Para quienes llevamos años estudiando la oceanografía y las respuestas de los organismos marinos al cambio global, estas series permiten conocer la variabilidad de los ecosistemas, caracterizar eventos extremos y detectar tendencias que solo se vuelven evidentes después de muchos años de observación.
Pero ¿por qué quedarnos ahí? Independientemente de que el monitoreo siga siendo obligatorio o cambien las exigencias, esa información podría servir directamente a la industria acuícola. Y, aunque provenga de las ACS salmoneras, también podría aportar a otras actividades de la región, como la mitilicultura.
Un semáforo ambiental para anticipar riesgos
Una posibilidad concreta sería desarrollar un semáforo ambiental para la salmonicultura: una herramienta que traduzca los registros ambientales en condiciones favorables, situaciones de precaución y escenarios de mayor riesgo para esta industria.
No bastaría con asignar un color a cada variable. Habría que considerar sus interacciones, la duración de la exposición y las diferencias fisiológicas entre especies y etapas de cultivo. Por ejemplo, una temperatura moderadamente alta puede no ser crítica por sí sola. Sin embargo, si se combina con una caída sostenida del oxígeno o con cambios en el pH del agua de mar, la situación podría ser completamente distinta. Una alerta bien fundamentada podría ayudar a ajustar la alimentación, planificar manejos o prepararse ante condiciones adversas.
Una experiencia piloto y capacidades locales
Pero no partimos desde cero. El Instituto Milenio en Socio-Ecología Costera (SECOS) ha desarrollado una experiencia piloto de semáforo para la mitilicultura. La iniciativa utiliza información de una boya oceanográfica instalada en Caleta El Manzano, cerca de Hornopirén, para identificar períodos de bajo pH y temperaturas anómalas. Es un ejemplo de cómo acercar las observaciones oceanográficas a necesidades concretas del sector.
También contamos con capacidades tecnológicas locales. Empresas como INNOVEX, con experiencia en instrumentación y monitoreo para la acuicultura, podrían contribuir a desarrollar estas herramientas junto a grupos académicos que estudian las respuestas fisiológicas de las especies cultivadas. El paso decisivo sería relacionar los datos ambientales con la información productiva para que las alertas respondan a riesgos reales y no solo a umbrales genéricos.
Transformar el conocimiento en decisiones
Debemos tener claro que ningún semáforo evitará una FAN, una ola de calor o un episodio de hipoxia. Aun así, puede ayudarnos a reconocer a tiempo cuándo las condiciones empiezan a deteriorarse y a tomar decisiones mejor informadas. Si ya existen sensores, plataformas y registros que la propia industria ayuda a financiar, tiene sentido preguntarnos cómo sacarles mayor provecho.
Desde mi vereda académica, creo que uno de nuestros desafíos es precisamente ese: transformar el conocimiento científico en herramientas que sirvan fuera de la universidad. Anticipar los cambios del océano no resolverá todos los problemas de la acuicultura, pero sí puede contribuir a su adaptación frente al cambio climático y a su sostenibilidad a largo plazo.
Dr. Cristian A. Vargas
Biólogo Marino, Universidad Austral de Chile, Chile
Doctor en Oceanografía, Universidad de Concepción