Lanzan protocolo con 33 indicadores para medir el bienestar de la trucha en mar
La herramienta permite evaluar en terreno lesiones, comportamiento, mortalidad y condiciones ambientales durante la engorda de trucha arcoíris en agua de mar. El documento utiliza una escala de cuatro niveles e incorpora fotografías y recomendaciones para orientar las decisiones productivas.
El bienestar de la trucha arcoíris durante la fase de engorda en agua de mar ya cuenta con una nueva herramienta de evaluación. El Centre for Aquaculture Progress publicó el primer protocolo de una serie dedicada a los Indicadores Operacionales de Bienestar, conocidos internacionalmente como OWI por su denominación en inglés.
El documento reúne 33 indicadores que permiten observar el estado de los peces y las condiciones del sistema productivo sin depender exclusivamente de análisis de laboratorio. La organización puso el protocolo a disposición de productores, profesionales, auditores y certificadores en una versión digital interactiva y en un formato descargable de acceso gratuito.
A diferencia de parámetros como la concentración de cortisol plasmático, que requiere tomar muestras y analizarlas en un laboratorio, los indicadores operacionales buscan facilitar evaluaciones periódicas directamente en los centros de cultivo. De esta manera, entregan información aplicable a la gestión y permiten identificar tempranamente condiciones que podrían comprometer el bienestar de los peces.
Tres dimensiones del bienestar
El protocolo distribuye sus 33 indicadores en tres categorías: 14 corresponden a evaluaciones individuales, cinco consideran el comportamiento o desempeño del grupo y otros 14 examinan las condiciones ambientales.
En el ámbito individual, la herramienta permite calificar deformidades vertebrales, condición corporal, pérdida de escamas, hemorragias cutáneas, heridas, cambios de coloración y daños en el hocico, mandíbula, ojos, opérculos, branquias y aletas. También incorpora la presencia de piojos de mar.
Los indicadores grupales consideran la mortalidad y los comportamientos anormales, agresivos, alimentarios y natatorios. Su observación permite detectar modificaciones que podrían advertir problemas sanitarios, ambientales o de manejo antes de que se expresen mediante lesiones graves o aumentos de mortalidad.
La dimensión ambiental incluye densidad de cultivo, oxígeno disuelto, temperatura, dióxido de carbono, pH, turbidez, sólidos suspendidos, amoníaco, nitrito, nitrato, metales, velocidad del agua, salinidad y sulfuro de hidrógeno.
Cada indicador utiliza una escala de cuatro niveles, desde 0 hasta 3. Los puntajes más bajos representan condiciones favorables, mientras que los niveles superiores indican un deterioro progresivo y la necesidad de aumentar la vigilancia o implementar acciones correctivas. El protocolo incorpora imágenes de referencia, instrucciones de medición y antecedentes científicos para facilitar una aplicación consistente en terreno.
Temperatura y mortalidad bajo vigilancia
Uno de los parámetros ambientales con umbrales definidos es la temperatura. El protocolo asigna el nivel 0 al intervalo superior a 13 °C y hasta 16 °C. Las temperaturas superiores a 10 °C y hasta 13 °C, o mayores de 16 °C y hasta 18 °C, reciben un nivel 1.
El nivel 2 comprende temperaturas superiores a 4 °C y hasta 10 °C, o mayores de 18 °C y hasta 20 °C. Los registros iguales o inferiores a 4 °C, o superiores a 20 °C, alcanzan el nivel 3.
La recomendación consiste en medir continuamente la temperatura y verificar manualmente los equipos al menos dos veces al día, idealmente al amanecer y al atardecer. El protocolo también aconseja obtener registros en diferentes profundidades, debido a que la trucha puede desplazarse dentro de la columna de agua para buscar condiciones más favorables.
En materia de mortalidad, el nivel 0 corresponde a registros iguales o inferiores a 0,014% diario o 5% anual. En contraste, una mortalidad superior a 0,061% por día o 20% anual se clasifica en el nivel 3.
Además de cuantificar las pérdidas, el documento recomienda registrar sus causas. Este seguimiento permitiría identificar tendencias, evaluar la efectividad de las medidas implementadas y prevenir la repetición de eventos.
Salinidad: observar al pez antes que fijar un número
El protocolo adopta un enfoque diferente para la salinidad debido a que la evidencia disponible todavía no permite establecer umbrales numéricos suficientemente sólidos para la trucha arcoíris post-smolt en agua de mar.
Por esta razón, la evaluación considera si los peces pueden acceder a un gradiente de salinidad y si presentan señales de estrés osmorregulatorio. Entre estos signos se encuentran la letargia, comportamientos anormales, reducción del apetito, oscurecimiento de la piel y dificultades en ejemplares pequeños o en proceso de maduración.
La organización recomienda medir la salinidad en distintas profundidades y reforzar el monitoreo durante los primeros dos meses posteriores al traslado al mar. Los cambios rápidos pueden provocar un choque osmótico, especialmente cuando los peces no han completado adecuadamente su proceso de esmoltificación.
El protocolo para evaluar el bienestar de la trucha en mar clasifica la condición del opérculo en una escala de 0 a 3, desde la cobertura completa de las branquias hasta un acortamiento o plegamiento severo que deja expuesto el tejido branquial. Foto: Centre for Aquaculture Progress.
Un protocolo construido con evidencia disponible
El Centre for Aquaculture Progress desarrolló la herramienta mediante una revisión de protocolos existentes, literatura científica, requerimientos de certificaciones y antecedentes entregados por productores, académicos, organizaciones no gubernamentales y organismos certificadores.
En el proceso colaboraron especialistas del Centro de Ciencias del Mar de la Universidad de Algarve y del Instituto de Investigación Marina de Noruega. La metodología también consideró sistemas como Laksvel y exigencias presentes en esquemas como ASC y RSPCA Assured.
Sin embargo, los autores reconocen brechas importantes de conocimiento. La investigación específica sobre trucha arcoíris durante la engorda comercial en agua de mar sigue siendo limitada. Por ello, algunos umbrales se apoyan en estudios realizados en agua dulce, condiciones de laboratorio o salmón del Atlántico.
El protocolo identifica expresamente estas limitaciones y señala cuándo un indicador todavía requiere validación específica. Esta transparencia permite utilizar la herramienta como una guía práctica, pero también revela las áreas donde la salmonicultura necesita generar nueva evidencia.
Para la industria chilena, el documento entrega una referencia técnica para fortalecer el monitoreo de la trucha arcoíris y avanzar desde evaluaciones productivas generales hacia una vigilancia integral que considere simultáneamente al pez, su comportamiento y el ambiente.
El bienestar de la trucha arcoíris durante la fase de engorda en agua de mar ya cuenta con una nueva herramienta de evaluación. El Centre for Aquaculture Progress publicó el primer protocolo de una serie dedicada a los Indicadores Operacionales de Bienestar, conocidos internacionalmente como OWI por su denominación en inglés.
El documento reúne 33 indicadores que permiten observar el estado de los peces y las condiciones del sistema productivo sin depender exclusivamente de análisis de laboratorio. La organización puso el protocolo a disposición de productores, profesionales, auditores y certificadores en una versión digital interactiva y en un formato descargable de acceso gratuito.
A diferencia de parámetros como la concentración de cortisol plasmático, que requiere tomar muestras y analizarlas en un laboratorio, los indicadores operacionales buscan facilitar evaluaciones periódicas directamente en los centros de cultivo. De esta manera, entregan información aplicable a la gestión y permiten identificar tempranamente condiciones que podrían comprometer el bienestar de los peces.
Tres dimensiones del bienestar
El protocolo distribuye sus 33 indicadores en tres categorías: 14 corresponden a evaluaciones individuales, cinco consideran el comportamiento o desempeño del grupo y otros 14 examinan las condiciones ambientales.
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En el ámbito individual, la herramienta permite calificar deformidades vertebrales, condición corporal, pérdida de escamas, hemorragias cutáneas, heridas, cambios de coloración y daños en el hocico, mandíbula, ojos, opérculos, branquias y aletas. También incorpora la presencia de piojos de mar.
Los indicadores grupales consideran la mortalidad y los comportamientos anormales, agresivos, alimentarios y natatorios. Su observación permite detectar modificaciones que podrían advertir problemas sanitarios, ambientales o de manejo antes de que se expresen mediante lesiones graves o aumentos de mortalidad.
La dimensión ambiental incluye densidad de cultivo, oxígeno disuelto, temperatura, dióxido de carbono, pH, turbidez, sólidos suspendidos, amoníaco, nitrito, nitrato, metales, velocidad del agua, salinidad y sulfuro de hidrógeno.
Cada indicador utiliza una escala de cuatro niveles, desde 0 hasta 3. Los puntajes más bajos representan condiciones favorables, mientras que los niveles superiores indican un deterioro progresivo y la necesidad de aumentar la vigilancia o implementar acciones correctivas. El protocolo incorpora imágenes de referencia, instrucciones de medición y antecedentes científicos para facilitar una aplicación consistente en terreno.
Temperatura y mortalidad bajo vigilancia
Uno de los parámetros ambientales con umbrales definidos es la temperatura. El protocolo asigna el nivel 0 al intervalo superior a 13 °C y hasta 16 °C. Las temperaturas superiores a 10 °C y hasta 13 °C, o mayores de 16 °C y hasta 18 °C, reciben un nivel 1.
El nivel 2 comprende temperaturas superiores a 4 °C y hasta 10 °C, o mayores de 18 °C y hasta 20 °C. Los registros iguales o inferiores a 4 °C, o superiores a 20 °C, alcanzan el nivel 3.
La recomendación consiste en medir continuamente la temperatura y verificar manualmente los equipos al menos dos veces al día, idealmente al amanecer y al atardecer. El protocolo también aconseja obtener registros en diferentes profundidades, debido a que la trucha puede desplazarse dentro de la columna de agua para buscar condiciones más favorables.
En materia de mortalidad, el nivel 0 corresponde a registros iguales o inferiores a 0,014% diario o 5% anual. En contraste, una mortalidad superior a 0,061% por día o 20% anual se clasifica en el nivel 3.
Además de cuantificar las pérdidas, el documento recomienda registrar sus causas. Este seguimiento permitiría identificar tendencias, evaluar la efectividad de las medidas implementadas y prevenir la repetición de eventos.
Salinidad: observar al pez antes que fijar un número
El protocolo adopta un enfoque diferente para la salinidad debido a que la evidencia disponible todavía no permite establecer umbrales numéricos suficientemente sólidos para la trucha arcoíris post-smolt en agua de mar.
Por esta razón, la evaluación considera si los peces pueden acceder a un gradiente de salinidad y si presentan señales de estrés osmorregulatorio. Entre estos signos se encuentran la letargia, comportamientos anormales, reducción del apetito, oscurecimiento de la piel y dificultades en ejemplares pequeños o en proceso de maduración.
La organización recomienda medir la salinidad en distintas profundidades y reforzar el monitoreo durante los primeros dos meses posteriores al traslado al mar. Los cambios rápidos pueden provocar un choque osmótico, especialmente cuando los peces no han completado adecuadamente su proceso de esmoltificación.
El protocolo para evaluar el bienestar de la trucha en mar clasifica la condición del opérculo en una escala de 0 a 3, desde la cobertura completa de las branquias hasta un acortamiento o plegamiento severo que deja expuesto el tejido branquial. Foto: Centre for Aquaculture Progress.
Un protocolo construido con evidencia disponible
El Centre for Aquaculture Progress desarrolló la herramienta mediante una revisión de protocolos existentes, literatura científica, requerimientos de certificaciones y antecedentes entregados por productores, académicos, organizaciones no gubernamentales y organismos certificadores.
En el proceso colaboraron especialistas del Centro de Ciencias del Mar de la Universidad de Algarve y del Instituto de Investigación Marina de Noruega. La metodología también consideró sistemas como Laksvel y exigencias presentes en esquemas como ASC y RSPCA Assured.
Sin embargo, los autores reconocen brechas importantes de conocimiento. La investigación específica sobre trucha arcoíris durante la engorda comercial en agua de mar sigue siendo limitada. Por ello, algunos umbrales se apoyan en estudios realizados en agua dulce, condiciones de laboratorio o salmón del Atlántico.
El protocolo identifica expresamente estas limitaciones y señala cuándo un indicador todavía requiere validación específica. Esta transparencia permite utilizar la herramienta como una guía práctica, pero también revela las áreas donde la salmonicultura necesita generar nueva evidencia.
Para la industria chilena, el documento entrega una referencia técnica para fortalecer el monitoreo de la trucha arcoíris y avanzar desde evaluaciones productivas generales hacia una vigilancia integral que considere simultáneamente al pez, su comportamiento y el ambiente.