El Instituto Nacional de Estadísticas (INE) informó que la tasa de desocupación en Chile se mantuvo en 8,7% durante el trimestre móvil mayo-julio de 2025. Si bien la cifra no representa una variación con respecto al mismo período del año anterior, los datos detrás del promedio reflejan desequilibrios preocupantes, especialmente en el empleo femenino y la informalidad.
La estabilidad general se explica por un crecimiento paralelo del 0,8% tanto en la fuerza de trabajo como en las personas ocupadas, mientras que el número de personas desocupadas aumentó levemente en un 1,0%, impulsado por quienes buscan trabajo por primera vez y quienes han quedado cesantes.
Mujeres con mayor desempleo y menor participación
Uno de los focos críticos del informe es la tasa de desocupación femenina, que aumentó a 9,7%, subiendo 0,6 puntos porcentuales en comparación con el año anterior. Aunque hubo un incremento en la participación laboral femenina (52,8%), la tasa de ocupación retrocedió a 47,7%.
Esto significa que más mujeres buscan empleo, pero no lo encuentran, revelando una fragilidad persistente en la inserción laboral femenina. Además, la brecha con respecto al desempleo masculino (7,9%) se amplía, confirmando que la recuperación económica no llega por igual a todos los sectores de la población.
Los hombres: leve mejora, pero menor participación
En contraste, los hombres registraron una baja en la desocupación, cayendo 0,4 puntos hasta alcanzar el 7,9%. No obstante, su tasa de participación también se redujo levemente a 71,2%, mientras que la ocupación se mantuvo estable en 65,6%.
El número de hombres fuera de la fuerza laboral aumentó 2,1%, un dato que también llama la atención sobre una posible desvinculación de ciertos grupos del mercado laboral.
Informalidad y sectores con mayor dinamismo
A nivel general, el empleo creció un 0,8% en un año, con mayor impacto en hombres (0,9%) que en mujeres (0,6%). Entre los sectores que impulsaron el alza destacan la industria manufacturera (5,5%), comunicaciones (23,3%) y minería (11,6%).
En paralelo, la informalidad disminuyó levemente a 26,0%, con una caída más pronunciada en mujeres (-1,9%) que en hombres (0,4%). El retroceso se concentró en los rubros de comercio y administración pública, y afectó especialmente a trabajadoras por cuenta propia y asalariadas públicas.
El informe también revela un aumento del 1,2% en el volumen total de horas trabajadas, mientras que el promedio de horas semanales subió a 37,0 horas. Los hombres trabajaron en promedio 39,2 horas, mientras que las mujeres lo hicieron 34,1 horas, lo que pone nuevamente sobre la mesa la discusión sobre la carga laboral y el acceso a empleos de jornada completa para mujeres.
La tasa combinada de desocupación y fuerza de trabajo potencial, un indicador que mide a quienes están sin empleo o podrían trabajar, pero no buscan activamente, se situó en 16,7%, subiendo 0,3 puntos. En las mujeres llegó a 19,7%, mientras que en los hombres fue de 14,2%, reflejando una brecha estructural de género de 5,5 puntos porcentuales.
El desafío pendiente
Aunque las cifras superficiales podrían interpretarse como estabilidad, los datos del INE muestran que el mercado laboral sigue tensionado, especialmente para las mujeres. Sin políticas públicas que promuevan la inclusión laboral femenina, la formalización del empleo y el acceso equitativo a oportunidades, la recuperación económica podría seguir dejando a muchas personas atrás.


















