La presidenta de Sofofa, Rosario Navarro, instaló una alerta directa sobre el estado del mercado laboral chileno, apuntando a que el desempleo ya no puede leerse como una coyuntura pasajera, sino como una señal estructural que afecta la autonomía, la dignidad y las oportunidades de miles de personas.
En su columna “La deuda laboral de Chile” publicada en El Mercurio, Navarro plantea que el país enfrenta una emergencia laboral que requiere una agenda más profunda que la simple recuperación económica. “Chile enfrenta una emergencia laboral que no podemos seguir administrando como si fuera una mala racha”, sostiene la líder gremial.
La reflexión aparece en un contexto especialmente sensible para el empleo. Según expone la autora, el desempleo llegó a 9,7% en el trimestre febrero-abril de 2026, alcanzando su mayor nivel desde 2021 y acumulando 40 meses con una tasa de desocupación sobre el 8,8%. Para Navarro, estos datos muestran que Chile se está quedando atrás frente a otros países que sí han logrado recuperar sus niveles de ocupación tras la pandemia.
La preocupación es aún mayor en mujeres y jóvenes. La columna advierte que el desempleo femenino alcanzó 10,5%, mientras que entre personas de 15 a 24 años llegó a 18%. “Estas cifras no hablan solo de una falla económica. Hablan de personas que ven postergados sus proyectos de vida, de familias que enfrentan incertidumbre y de jóvenes que encuentran cerrada una puerta fundamental para construir autonomía, experiencia y confianza en su futuro”, afirma.
Productividad, formación y empleo formal
Uno de los puntos centrales del análisis es que el empleo no puede separarse del crecimiento, la productividad y la inversión. Navarro señala que durante años Chile ha argumentado que el empleo es consecuencia del crecimiento, pero advierte que el estancamiento ha terminado por cerrar oportunidades para miles de familias.
“El desafío laboral no puede abordarse únicamente desde las cifras macroeconómicas”, plantea. A su juicio, el país debe poner a las personas en el centro y entender que el trabajo no es solo un factor productivo, sino una fuente de integración social, desarrollo personal, seguridad y esperanza.
En esa línea, la presidenta de Sofofa propone una agenda de reactivación basada en una idea simple: el empleo formal debe ser el eje del desarrollo humano y social. Para ello, menciona como prioridades la modernización del sistema de sala cuna, la capacitación laboral, la adopción tecnológica con inclusión y una reforma a las indemnizaciones por años de servicio.
“La regla vigente, que obliga solo a empresas con 20 o más trabajadoras, genera un impuesto implícito a la contratación femenina”, advierte Navarro, al abordar la necesidad de transformar el sistema de cuidado infantil en una herramienta universal que facilite la participación laboral de las mujeres y no opere como una barrera de entrada.
Tecnología con inclusión
La columna también aborda el impacto de la inteligencia artificial y la automatización en el empleo. A diferencia de una mirada centrada en la amenaza tecnológica, Navarro plantea que la adopción de nuevas herramientas debe entenderse como una oportunidad para elevar productividad y mejorar la calidad del trabajo.
“La inteligencia artificial y la automatización no son solo una amenaza, sino una oportunidad para aumentar productividad y mejorar la calidad del trabajo, siempre que preparemos a las personas”, sostiene.
Este punto resulta especialmente relevante para sectores productivos intensivos en empleo formal, cadenas de proveedores y operación territorial, como la salmonicultura, donde la adopción tecnológica, la capacitación y la formación de capital humano son cada vez más determinantes para sostener competitividad, seguridad operacional y desarrollo regional.
Para Navarro, la capacitación debe anticiparse a los cambios y no llegar tarde a ellos. En esa perspectiva, el desafío no es solo ofrecer más cursos, sino construir una conexión real entre empresas, instituciones formativas y el Estado.
“No hay movilidad social sin oportunidades laborales, ni mejores salarios sin productividad, ni productividad sostenible sin inversión en talento, tecnología y organización del trabajo”, plantea.
Una reforma laboral pendiente
El punto más político de la columna aparece en la propuesta de avanzar en una reforma al sistema de indemnizaciones por años de servicio. Navarro plantea que Chile debe abordar una reforma postergada, orientada a nuevas contrataciones indefinidas y financiada en el marco del Seguro de Cesantía.
A su juicio, un sistema a todo evento permitiría que los trabajadores acumulen derechos desde el primer día, independiente de la causa de término de la relación laboral. Esto, argumenta, protegería mejor a las personas, reduciría la judicialización y facilitaría la movilidad hacia empleos más productivos.
“La deuda laboral de Chile es, en esencia, una deuda con el bienestar, la autonomía y la dignidad humana”, concluye Navarro.


















