Si en nuestra reflexión anterior advertíamos sobre las presiones ideológicas que buscan redefinir el relato de nuestra actividad, la iniciativa que actualmente se desarrolla en la Universidad de Bergen, Noruega, es la pieza que completa el rompecabezas. Con una fecha de término proyectada para el año 2029, este proyecto de investigación representa un intento inusual de escribir la historia del salmón en Chile. Su premisa, según Martínez, busca cambiar el sujeto tradicional de la historia —el ser humano— para centrar su análisis exclusivamente en el pez. Aunque la mirada ambiental moderna sugiere que una historia puramente antropocéntrica puede resultar insuficiente, el experto argumenta que relegar el rol humano choca directamente con la visión del historiador Marc Bloch, quien definía acertadamente a la historia como “la ciencia de los hombres en el tiempo”.
Aun así, la apuesta liderada por el director de la investigación, Ernesto Semán, es audaz: postula que la experiencia biológica, los desplazamientos y las transformaciones del salmón permitirían comprender procesos históricos y políticos mucho más amplios.
La Influencia Oculta de la Ecología Profunda y los Derechos de la Naturaleza

Para entender el origen de las críticas que hoy enfrentamos, es imperativo mirar la base teórica de estos estudios. El proyecto evidencia una clara influencia de Martin Lee Mueller, secretario de la Fundación Arne Naess y autor del libro “Being Salmon, Being Human”. Mueller utiliza la historia natural y cultural del salmón para cuestionar la separación entre humanidad y naturaleza, continuando el legado intelectual de la Ecología Profunda (Deep Ecology). Aunque la iniciativa no explicita esta influencia, la huella de esta corriente es innegable en las premisas de sus investigadores.
Estos cimientos se alinean con la teoría de los derechos intrínsecos de la naturaleza, perspectiva coherente con la utopía que Semán describía en un articulo de su autoría el 2021, donde su pronóstico de que «faltan doce segundos para que la naturaleza sea un sujeto de derecho más» resuena fuertemente con los planteamientos del texto constitucional rechazado en Chile el 2022. Frente a estas posturas extremas, recobra vigencia la advertencia de Al Gore en Balance de la Tierra: el gran error de la ecología profunda es proponer «una especie de guerra contra los seres humanos para proteger al planeta».
La «Economía del Saqueo» (Robbery Economy)
El enfoque del estudio rastrea el cultivo de salmón en Chile desde la década de 1970 para abordar temas como el capitalismo extractivo, pero parte de una evaluación marcadamente negativa hacia nuestra industria y su vínculo con el contexto político de origen. Ya en 2021, Semán trazaba un paralelo político, calificando a las salmoneras como el “puente de plata entre la modernización de la economía operada durante el pinochetismo y el exasperantemente lento progreso social vivido en democracia”.
Más recientemente, en 2026, el director aplicó a la industria chilena el concepto de «The Robbery Economy» (economía del robo o saqueo), acuñado por el químico Justus Von Liebig y ligado a la teoría de la «fractura metabólica» de Karl Marx. Bajo esta tesis, la salmonicultura chilena se insertaría en una economía de apropiación donde la riqueza se construye mediante la transformación intensiva de bienes naturales, trasladando o invisibilizando los costos ambientales. La idea de «robo» acusa a las empresas productoras —especialmente a la inversión y tecnología noruega— de basar su acumulación en la reorganización de ecosistemas ajenos.
«Coloring Garbage«: ¿Un Commodity Sintético?

Una de las críticas más provocadoras de la investigación, apunta a la composición del producto. Semán postula que la industria exporta un «Synthetic Commodity» (mercancía sintética). El argumento indica que, mientras el salmón silvestre obtiene su tono rosado de la astaxantina de los crustáceos, el salmón de cultivo logra esta coloración recibiendo pigmentos en su alimento.
A partir de esta práctica, acuñan el concepto «Coloring Garbage» (coloreando basura). El término sugiere que la industria tiñe desechos del sistema para crear un símbolo de artificialización que luego vende como «natural», acusando además al sector de tratar de ocultar el origen de cultivo para capitalizar el atractivo del pez salvaje.
Innovación Tecnológica frente a la Inmovilidad Ambiental
El relato impulsado por este tipo de proyectos exige someter a escrutinio su visión sobre el progreso. Bastos estudios sobre ciudades y progreso, señalan que alterar la naturaleza es inherente al desarrollo civilizatorio, desde la introducción del trigo en América hasta el origen de la acuicultura por los pueblos de Gunditjmara en Australia hace miles de años.

El desarrollo productivo genera externalidades, pero la solución no consiste en abandonar la producción ni en paralizar el desarrollo del sur de Chile tratando a la naturaleza como un museo inmóvil. La respuesta, como el propio Semán reconoce indirectamente al mencionar el avance de los Sistemas de Recirculación (RAS), está en la incesante innovación tecnológica de nuestra industria. Una revisión histórica rigurosa debe reconocer que un antropocentrismo moderado y responsable es el verdadero motor de los avances en alimentación y calidad de vida global.


















