Los directorios son responsables de tomar decisiones que no solo afectan el futuro de la organización, sino también su reputación y sostenibilidad en un mercado cada vez más exigente. Es en este contexto que, hoy más que nunca, la figura del director independiente resulta esencial para fortalecer la gobernanza corporativa. Así lo confirma la nueva Norma de Carácter General N°533 (NCG 533) de la Comisión para el Mercado Financiero (CMF), que pone de manifiesto la necesidad de reforzar este rol, estableciendo criterios más claros y estrictos para garantizar que los directores actúen con total independencia y profesionalismo.
Independencia en los directorios: Clave para una gobernanza sólida
La independencia implica cuestionar y desafiar decisiones cuando sea necesario, aportando siempre una visión objetiva. Si el director independiente se limita a aprobar las decisiones de los accionistas controladores, no está cumpliendo su función. Su labor consiste en cuestionar de forma constructiva, ofrecer una perspectiva crítica y contribuir a tomar decisiones sólidas, basadas en un análisis profundo y no en presiones externas. Un director independiente sólido es la base para un futuro más seguro.
La nueva norma de la CMF elimina las ambigüedades en torno a qué significa ser un director independiente. Ahora, cualquier relación económica importante con la empresa en los últimos 18 meses descalifica a un candidato para este cargo. Esto es un avance, ya que asegura que los directores realmente no tengan conflictos de interés y que su voz sea objetiva, sin amarres a intereses personales o comerciales.
Su foco es garantizar que los directorios sean realmente órganos de control y no simples extensiones de los accionistas. El director independiente debe ser quien ponga sobre la mesa las dudas y preguntas incómodas, pero necesarias. Su misión no es agradar, sino ser la voz de la razón, que se asegura de que las decisiones estén bien fundamentadas, sin que la empresa se vea comprometida por decisiones apresuradas o influenciadas por un solo grupo.
El mayor riesgo al que se enfrentan las empresas hoy es la falta de cuestionamiento dentro de sus directorios. Si los directores no cuestionan de manera constructiva, se caen fácilmente en la complacencia. Esto se traduce en decisiones mal tomadas, riesgos financieros y reputacionales que se podrían haber evitado. La independencia de los directores no solo refuerza la gobernanza, sino que protege a la empresa de estos peligros.
Gobernanza eficaz
La NCG 533 subraya que la experiencia y la preparación de los directores deben ser determinantes en su elección, asegurando que cuenten con la capacidad y el conocimiento necesarios para tomar decisiones estratégicas de peso.
Las empresas deben ver la independencia como una oportunidad, no como un obstáculo. Es hora de que los directorios dejen de ser un mero trámite y asuman un rol activo en la gestión, convirtiéndose en una parte integral de la estrategia empresarial.
Las bases para una mejor gobernanza están claras. Si las empresas quieren garantizar su crecimiento y sostenibilidad a largo plazo, deben tomar en serio la independencia de sus directores. Directorios independientes, con experiencia y sin conflictos de interés, toman mejores decisiones, gestionan los riesgos de manera más efectiva y generan mayor valor a lo largo del tiempo.



















