En los últimos años, la Ley Lafkenche ha tomado protagonismo en el debate sobre desarrollo costero en Chile. Promulgada en 2008, esta normativa permite a comunidades indígenas solicitar Espacios Costeros Marinos de Pueblos Originarios (ECMPO) para proteger su vínculo ancestral con el mar. Una herramienta legítima para resguardar cultura, usos y costumbres. Sin embargo, en su implementación, ha generado tensiones con un actor clave del sur de Chile: la industria salmonera.
Más de 500 concesiones acuícolas se encuentran hoy suspendidas debido a superposiciones con solicitudes de ECMPO. Esto ha puesto en pausa inversiones, planificación y relocalizaciones sanitarias urgentes. Empresas como SalmonesCamanchaca, MultiX, BlumarSeafoods y AquaChile enfrentan un escenario incierto que impacta directamente a economías locales como Aysén y Los Lagos, donde el empleo depende en gran parte de esta industria.

Pero ¿estamos obligados a elegir entre cultura y desarrollo? Yo creo que no.
La Ley Lafkenche fue una conquista de las comunidades costeras y debe respetarse. Sin embargo, también es urgente perfeccionarla.
Asimismo, necesitamos establecer plazos claros para resolver solicitudes, Impulsar mesas de diálogo territorial donde participen comunidades, empresas y el Estado y Fomentar proyectos colaborativos entre salmoneras y pueblos originarios, basados en sostenibilidad y empleo local.
Chile puede y debe avanzar hacia una gobernanza costera que integre derechos ancestrales con desarrollo productivo. Si hay voluntad política y social, podemos pasar del conflicto al acuerdo, del temor a la colaboración.
No es una tarea sencilla, pero es el tipo de desafío que vale la pena enfrentar.



















