En un movimiento estratégico que redefine los estándares de la «economía azul», Mowi, el mayor productor de salmón a nivel global, ha anunciado un plan de expansión que busca casi duplicar su capacidad de cultivo en sistemas cerrados durante los próximos años. La compañía proyecta pasar de los actuales 170.000 M³ a aproximadamente 320.000 M³, consolidando una posición que ya representa más de un tercio de la capacidad total de esta tecnología en Noruega.
Expansión y proveedores clave
Para alcanzar esta meta, Mowi ha formalizado pedidos de cinco nuevas unidades que se sumarán a sus seis instalaciones actualmente operativas. El plan incluye la incorporación de cuatro nuevas jaulas cerradas desarrolladas por la empresa tecnológica FiiZK y una unidad adicional de Fishglobe Technologies. Con estas adquisiciones, la firma operará un total de once centros de este tipo para finales de 2026.
Este despliegue masivo responde a una visión a largo plazo donde el bienestar animal y la eficiencia biológica son los ejes centrales. Según detalló el Director Ejecutivo de la compañía, Øyvind Oaland, el objetivo es que para el cierre de 2026, el 40% de la producción de Mowi en Noruega (alcanzando hasta un 60% en el sur del país) se sustente en una estrategia de post-smolt. Este sistema permite que los peces permanezcan más tiempo en ambientes controlados, reduciendo drásticamente su exposición a piojos de mar y otros patógenos antes de ser trasladados a jaulas abiertas.

Un suplemento necesario, no un reemplazo
Pese a la magnitud de la inversión, la cúpula de Mowi mantiene una visión pragmática. Oaland aclaró que, por ahora, los sistemas cerrados actúan como un suplemento estratégico y no como un reemplazo definitivo de los centros tradicionales. La empresa enfatizó que factores como los costos de infraestructura, la logística y la necesidad de acceso a energía eléctrica siguen siendo desafíos que requieren mayor optimización antes de que esta tecnología pueda escalar de forma independiente y global.
Con este anuncio, Mowi no solo asegura su crecimiento productivo frente a las restricciones ambientales, sino que envía una señal clara al mercado global sobre el rol que jugará el cultivo cerrado en la próxima década de la salmonicultura.


















