El estudio, basado en registros de mortalidad recopilados entre 2020 y 2025, muestra que las pérdidas por esta enfermedad comienzan a incrementarse en enero, alcanzan su punto máximo entre febrero y marzo, y descienden gradualmente hacia el inicio del verano. Si bien el comportamiento se repite año tras año, la magnitud de las pérdidas ha aumentado de forma sostenida, así lo publica el portal salmonbusiness.
Según Manolin, durante los inviernos de 2020-2021 la mortalidad vinculada a M. viscosa representaba menos del 12% del total de pérdidas en su periodo crítico. Sin embargo, entre 2023 y 2025 los picos se elevaron a rangos del 20 al 30%, registrando en febrero de 2023 los niveles más altos de la serie. En 2025 la tendencia repitió la curva, aunque con una leve disminución anticipada hacia la primavera.
El informe advierte que, pese a los avances en monitoreo y predicción de brotes, la mayor intensidad de los casos demuestra que la capacidad de anticipación aún no se traduce en un control efectivo. “La úlcera de invierno sigue siendo una amenaza subestimada: es predecible, pero no está bajo control”, concluye el análisis.
La enfermedad, que prolifera en aguas marinas frías, no solo causa mortalidad directa, sino que también afecta la calidad del filete y el bienestar animal, generando impactos económicos y reputacionales para los productores noruegos.


















