Después de cuatro años de dominio del ejército nazi sobre Europa occidental en la segunda guerra mundial, el 6 de junio del año 1944 los aliados ejecutan el desembarco de Normandía, una operación aérea y anfibia que involucró ese día más de 1.200 aeronaves, 5.000 embarcaciones y 160.000 soldados a través del Canal de la Mancha. Este evento, conocido como el día «D» y que es identificado como el momento clave de la guerra, tuvo un factor clave que hizo peligrar la operación, el pronóstico meteorológico.
El gran esfuerzo logístico y de planificación corría peligro si las condiciones meteorológicas eran adversas, ya que, un intenso viento produce oleaje, y ambos en conjunto con las corrientes típicas del lugar, imposibilitaban que las unidades anfibias recalaran adecuadamente en las playas del noroeste francés. En efecto, originalmente el desembarco estaba previsto para el día 5 de junio, sin embargo, el equipo de meteorólogos de manera acertada previó que dicho día las condiciones atmosféricas no eran óptimas, por lo que decidieron postergar un día la operación.
Los fenómenos que condicionan la operación marítima
En una escala más reducida, mismos parámetros, vientos, corrientes y olas, en ese orden, condicionan el desarrollo de las operaciones de la acuicultura del sur austral de Chile. El desarrollo de estos fenómenos está fuertemente influenciado por la configuración geográfica de esta parte del país: fiordos, canales, islas y penínsulas.
Los vientos intensos son producidos principalmente por los sistemas frontales, mal llamados “frentes de mal tiempo”, y su comportamiento local está influenciado por la presencia de montañas y cerros (orografía) que los canalizan, concentran o bloquean. En cuerpos de aguas abiertos como golfos y senos, el viento local se comporta de manera similar al del evento a gran escala (escala sinóptica).
Por su parte, las corrientes, tan características de esta zona, se producen por el avance de la onda de marea que viaja de norte a sur en nuestro país. Es justamente la presencia de islas la que provoca, por diferencia de niveles, corrientes significativas en canales como Chacao y Kirke, y en general en toda la zona de los fiordos. Estas corrientes, al depender de la marea astronómica, son altamente predecibles y abarcan prácticamente toda la columna de agua, a diferencia de las corrientes producidas por el viento, las cuales son superficiales, de menor magnitud y se desarrollan solo cuando hay vientos intensos y sostenidos en una determinada dirección.
El oleaje, por último, ese tan intenso y característico en la costa expuesta al océano de nuestro país y que es generado en alta mar por las tormentas, en esta tierra de canales y mar interior prácticamente desaparece debido al efecto de bloqueo que produce las islas más expuestas como Chiloé, las Guaitecas y Desolación, entre muchas otras. De ahí que la manifestación del oleaje en los canales y fiordos del sur Austral de Chile se produce mayoritariamente en presencia de fuerte viento local, pero con periodos especialmente cortos y alturas bajas.
Así como los aliados en el siglo pasado, cada día se requiere la previsión de las condiciones marinas para la operación acuícola, y allí la clave es la adecuada caracterización del viento, en lo meteorológico, y de las corrientes de marea astronómica, en lo oceanográfico. Identificando ambos parámetros, se pueden derivar sus interacciones con los cuerpos de agua para entender también el oleaje local y las corrientes por viento. En esto juegan un rol clave las mediciones, la preparación profesional y la modelación numérica, esta última la abordamos en el capítulo pasado. (Leer acá)
Los pronósticos oceanográficos: mirando el mar
Comencemos con las corrientes de origen astronómico. Luna, Sol, planetas, rotación, traslación y una serie de otros factores astronómicos explican las más de 300 constituyentes armónicas de la marea identificadas hasta ahora, esto es, acciones gravitacionales cíclicas y muy predecibles a las cuales los cuerpos de agua de la tierra se encuentran sometidos y que en conjunto explican las subidas (pleamar) y bajadas (bajamar) del nivel de mar, la marea. ¿Y cuáles son las principales?, la acción semidiurna de la luna y el sol, que en conjunto explican el origen de términos como sicigia, cuadratura, perigeo, estoa, vaciante, llenante y otros tantos términos que los animo a googlear.
Esa marea avanzando por canales y estrechos producen corrientes, y la forma específica del mar interior de Chiloé y el seno Reloncaví explican esas grandes diferencias de marea que caracterizan a la región de Los Lagos. La clave acá, es que a menos que algún cataclismo cósmico ocurra, sabemos exactamente donde estará la tierra, la luna y el sol en los próximos siglos, por lo tanto, también la marea y las corrientes que produce.
Por ello cada año, el SHOA publica las tablas de marea y corrientes que gozan de buena precisión, pero disponible solo para lugares definidos. ¿y para el resto de los lugares o para una zona amplia? se puede obtener a través de modelos numéricos denominados comúnmente como hidrodinámicos o de circulación, pero allí la precisión va a depender del nivel de detalle batimétrico, y aquí hay camino aún para avanzar.
Los pronósticos meteorológicos: mirando la atmósfera
¿Y el viento? para entenderlo hay que considerar una gran cantidad de factores también a una gran escala, incluso planetaria, y en esto se han realizado grandes avances a nivel internacional para lograr incrementar la precisión y extensión de los pronósticos.
Primero medir. La observación de viento, temperatura, presión atmosférica y otros parámetros permitían a los meteorólogos a mediados y finales del siglo pasado proyectar para los días siguientes las condiciones meteorológicas, plasmando en mapas hechos a mano la evolución de los sistemas frontales en una escala sinóptica (todo el país). Posteriormente el trabajo de observación a nivel de tierra se complementó con observaciones de toda la atmósfera a través de sondajes por globos meteorológico (radiosondas), satélites y radares meteorológicos (esto último, materia al debe en Chile).

Hoy en día, los avances en computación permiten contar con modelos de pronóstico atmosférico a escala global llegando a proyectar incluso hasta 16 días. los cuales están basados principalmente en los desarrollos de dos instituciones: La NOAA de Estados Unidos y la ECMWF de Europa. Todos los portales de previsión meteorológica que usted conoce, incluida la de su teléfono móvil, emplean la información que generan estas dos instituciones.
Esta poderosa herramienta, que constituye un complemento al trabajo de los especialistas en meteorología, es un avance significativo porque permite la cuantificación en una escala temporal horaria y espacial con resolución típica entre 9 a 22 kilómetros de los parámetros atmosféricos de interés, entre ellos el viento.
Cuanto puedo confiar: un problema de escalas
A diferencia de lo que ocurre con la marea astronómica y las corrientes que genera, la precisión del pronóstico meteorológico es menor mientras más hacia el futuro se hace una proyección.
Para que tenga una idea, con más de una semana de anticipación puede diferenciar si es más probable que un día será soleado o con mal tiempo, con 4 o 5 días de antelación puede tener una idea de si lloverá o no, y con 1 o 2 días de anticipación puede tener relativa certeza de la cantidad de milímetros que lloverá o de las velocidades del viento que se alcanzará, y a qué hora.
Pero, como se señaló anteriormente, aún quedan desafíos por resolver, sobre todo en cuanto los pronósticos de micro escala espacial. Los canales y fiordos donde se desarrolla la mayor parte de la salmonicultura posee anchos entre 1 a 7 kilómetros en general, por lo que un modelo de resolución de 22 kilómetros, «no alcanza a ver» lo que pasa dentro del canal.
¿Y cuando le hago zoom a mi aplicación y me permite elegir el lugar que yo quiera? Bueno, esas son interpolaciones sencillas que se hacen entre los puntos en los que se obtuvo información con el modelo, lo que no considera los efectos de la geografía del lugar.
Para ello, esfuerzos recientes apuntan a generar modelos de reducción de escala («downscalling») intentando lograr resoluciones de 3 kilómetros a través de la modelación clásica e inclusive 0,3 km (300 metros) empleando herramientas de apoyo como las diferentes modalidades de inteligencia artificial. De este modo, nuevos avances debieran observarse en el corto y mediano plazo que permita distinguir con claridad la meteorología de un canal de otro cercano.

La validación de los pronósticos
Pero hasta aquí todo es pronóstico, es anticiparse al desarrollo de un fenómeno que ocurrirá en el futuro, luego ¿Cómo tengo certeza que dicho pronóstico funciona? claramente haciendo mediciones y comparando lo que se pronosticó con lo que efectivamente ocurrió, como una prueba de efectividad mirando hacia el pasado. El principio general es que, si el sistema fue efectivo en pronosticar un evento del pasado, ¿por qué no podría ser capaz de pronosticar bien el siguiente evento?
¿Y si esa validación la hacemos en tiempo real? Bueno, ahí estaremos hablando de sistemas de monitoreo, y de eso hablaremos en nuestro próximo capítulo.



















