Un nuevo estudio ha encontrado que los salmones del Atlántico juveniles expuestos a medicación contra la ansiedad durante su migración al mar tenían más probabilidades de llegar a su destino —y lo hicieron más rápido— que los peces no tratados. Pero, aunque los fármacos parecen aumentar la audacia, los investigadores advierten que el cambio de comportamiento podría tener un costo a nivel de población.
La investigación publicada la semana pasada en Science, implantó salmones juveniles con dosis de liberación lenta de clobazam, una benzodiazepina utilizada para tratar la ansiedad en humanos.
Los investigadores también administraron tramadol, un analgésico común, en algunos grupos de prueba, y rastrearon a los peces mientras viajaban desde el río Dal de Suecia a través de múltiples represas hidroeléctricas hasta el Mar Báltico.
Principales hallazgos
Los peces tratados con clobazam fueron significativamente más propensos a alcanzar el mar y atravesaron sistemas de represas de dos a tres veces más rápido que los grupos de control. «Quizás los peces más audaces están pasando menos tiempo tratando de decidir si van a pasar o no por las aterradoras turbinas», dijo Olivia Simmons, bióloga de salmones en el Instituto Noruego para la Investigación de la Naturaleza, en declaraciones a NPR.
Si bien el aparente aumento en el éxito migratorio sorprendió a los científicos, el cambio subyacente en el comportamiento de riesgo podría no ser positivo. «Cualquier desviación del comportamiento natural probablemente tenga consecuencias amplias y negativas potenciales para la población», dijo el investigador principal Jack Brand de la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas.
Ensayos de laboratorio posteriores
Ensayos de laboratorio posteriores mostraron que los peces expuestos al clobazam tenían menos probabilidades de formar bancos protectores, lo que potencialmente los convertía en presas más fáciles después de llegar al mar.
«No sabemos qué les sucedió a los salmones una vez que llegaron al Báltico», señaló Karen Kidd, ecotoxicóloga de la Universidad McMaster, preguntándose si tuvieron mejor o peor supervivencia.
La presencia de productos farmacéuticos en ambientes acuáticos se ha convertido en una creciente preocupación mundial. Según NPR, se han detectado más de 900 compuestos de fármacos diferentes, incluidos antidepresivos, analgésicos y antibióticos, en ríos, arroyos y aguas costeras. Muchos de estos fármacos afectan funciones cerebrales compartidas entre especies.
Kidd enfatizó la urgencia de abordar la contaminación farmacéutica, pidiendo una mejora en el tratamiento de aguas residuales y un diseño de fármacos más degradable ambientalmente. «Ese es un paso crítico para asegurar que lo que entra en el medio ambiente no esté causando daños adversos», manifestó.



















