Chile, como uno de los principales productores mundiales de salmón, tiene un acceso privilegiado a un alimento que, desde el punto de vista nutricional, debiese ser protagonista en nuestra mesa. Sin embargo, existe una paradoja que debemos enfrentar: mientras exportamos toneladas de salmón de excelente calidad al mundo, nuestro propio consumo interno aún es bajo en comparación con su beneficio potencial para la salud pública.
Desde la perspectiva nutricional, el salmón destaca como una fuente valiosa de ácidos grasos poliinsaturados omega-3 (EPA y DHA), los cuales han sido ampliamente estudiados por sus efectos positivos en la prevención de enfermedades cardiovasculares. La evidencia científica ha demostrado que el consumo regular de pescado azul, como el salmón, puede disminuir los niveles de triglicéridos en sangre, reducir la presión arterial y prevenir arritmias cardíacas. A esto se suma su alto contenido de proteínas de alto valor biológico, esenciales para el desarrollo y mantenimiento de tejidos, especialmente importantes en niños, embarazadas, deportistas y adultos mayores.
Además, este alimento es rico en vitaminas liposolubles como la D y la A, fundamentales para la salud ósea, visual y del sistema inmunológico. El salmón también contiene vitaminas del complejo B, claves en el metabolismo energético, y minerales como el selenio y el fósforo, que actúan como antioxidantes naturales y ayudan a proteger nuestras células del daño oxidativo.
Un estudio realizado en 2023 por el Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile, demostró por primera vez que el consumo de salmón contribuye a reducir la inflamación en adultos mayores, un hallazgo que refuerza la importancia de incluir este producto en las dietas geriátricas. Esta es una población que requiere un enfoque especial, dada la alta prevalencia de enfermedades crónicas y el riesgo de desnutrición que muchas veces enfrentan.
Sin embargo, y a pesar de estos beneficios comprobados, en Chile el consumo per cápita de salmón todavía no refleja su real potencial: cifras del último estudio del IFOP indican que, aunque ha habido un alza en los últimos años, seguimos muy por debajo del promedio recomendado. Esto representa una oportunidad para fomentar políticas públicas que promuevan el acceso económico al salmón, así como campañas educativas sobre su valor nutricional.
Como nutricionista y formadora de nuevos profesionales, creo firmemente que tenemos una responsabilidad en promover hábitos alimentarios saludables y culturalmente viables. Incluir salmón al menos dos veces por semana en nuestras preparaciones (ya sea al horno, a la plancha o en ensaladas frías), es una forma sencilla y sabrosa de cuidar nuestra salud desde la alimentación.
Fomentar el consumo de salmón no sólo es una decisión inteligente desde el punto de vista nutricional, sino también una oportunidad para reconocer la riqueza de nuestros recursos naturales y revalorizar la producción nacional con sentido de bienestar.
Lea la columna de opinión también disponible en nuestra Revista InfoSALMON



















