El Instituto Noruego de Investigación Marina (IMR) confirmó nuevas observaciones de estos organismos en las costas de Troms y el oeste de Finnmark, aunque por ahora en menor número que en años anteriores. Sin embargo, la industria mantiene la preocupación por el potencial impacto que podrían generar si aumentan su presencia, así lo publica fishfarmermagazine.
«Hasta ahora hay menos observaciones que en esta misma época los dos años anteriores, pero seguimos atentos», advirtió Tone Falkenhaug, investigadora del IMR.
Estas medusas —también conocidas como Perlesnormanet en Noruega— no son organismos individuales, sino colonias flotantes de pequeños animales que se comportan como una sola entidad. Pueden alcanzar hasta 30 metros de largo, con tentáculos cargados de veneno similar al de una ortiga, capaces de causar graves lesiones en los peces incluso después de desprenderse del cuerpo principal.
Un enemigo silencioso y errante
Uno de los principales desafíos que enfrentan los investigadores es entender por qué han reaparecido en los últimos años tras más de dos décadas sin causar problemas masivos. No se fijan al fondo marino, sino que se desplazan a merced de las corrientes oceánicas, lo que hace difícil predecir su comportamiento y trayectorias.
Una de las principales hipótesis del grupo de investigación Jellysafe del IMR es que estas medusas están llegando a la costa noruega desde el Atlántico medio, impulsadas por la corriente atlántica a través del estrecho de las Islas Feroe. Incluso se especula que algunas podrían tener origen cerca de Escocia.
El equipo científico continúa modelando posibles rutas para anticipar futuros movimientos de estas medusas y mitigar su impacto. Mientras tanto, los acuicultores vigilan de cerca los informes oceanográficos y biológicos, con la esperanza de que este año no se repita la catástrofe reciente.



















