En la acuicultura moderna —y particularmente en la salmonicultura— la idea de que las enfermedades responden a un solo agente causal resulta cada vez más insuficiente. En terreno, la norma no es la infección “modelo”, sino escenarios complejos donde parásitos, bacterias y virus coexisten, interactúan y modifican entre sí el curso clínico de las enfermedades. Esta realidad es el eje central del estudio “Pathogen coinfections in wild and farmed salmonids: A systematic review”, recientemente publicado en la revista Fish & Shellfish Immunology.
El trabajo, desarrollado por un equipo colaborativo de científicos de universidades chilenas junto con la University of Waterloo (Canadá) y liderado por el Dr. José Gallardo Matus, reúne y ordena la evidencia científica internacional sobre coinfecciones en salmónidos silvestres y de cultivo. Su principal conclusión es clara: la coinfección no es una excepción, sino un fenómeno ampliamente distribuido y sistemáticamente subestimado en los actuales marcos de vigilancia sanitaria.
Un fenómeno frecuente, diverso y global
La revisión sistemática analizó 146 estudios publicados entre 1985 y noviembre de 2025, siguiendo las directrices PRISMA 2020. De ellos, 90 aportan evidencia de campo que demuestra que las coinfecciones están presentes en salmonídeos a lo largo de distintas regiones geográficas y ambientes acuáticos.
Europa y América del Norte concentran la mayor cantidad de reportes, pero Chile también figura entre los países con evidencia documentada, siempre asociada a peces de cultivo. Las coinfecciones se observaron principalmente en salmón del Atlántico y trucha arcoíris —las especies más relevantes para la acuicultura global—, aunque también fueron reportadas en múltiples especies silvestres como salmón chinook, sockeye, coho y trucha marrón. En conjunto, los resultados confirman que la coinfección es un fenómeno generalizado en toda la familia Salmonidae.
Uno de los hallazgos más relevantes es que las coinfecciones complejas, que involucran tres o más patógenos, son comunes. Entre las interacciones por pares, predominan las combinaciones parásito–parásito, bacteria–bacteria y virus–virus, reflejando la diversidad de escenarios infecciosos a los que están expuestos los peces durante su ciclo de vida.
Cuando los patógenos interactúan
Más allá de su frecuencia, el estudio muestra que las coinfecciones pueden tener efectos muy distintos sobre la salud del hospedador. En algunos casos, un patógeno primario puede suprimir o modular la respuesta inmunitaria, facilitando infecciones secundarias más graves. En otros, los agentes compiten entre sí, reduciendo la carga patógena o incluso atenuando la enfermedad.
La evidencia experimental revela que tanto las coinfecciones intraespecíficas —entre distintos genotipos de un mismo patógeno— como las interespecíficas influyen fuertemente en los desenlaces clínicos. En el caso de Piscirickettsia salmonis, patógeno clave en la salmonicultura chilena, se ha demostrado que la coinfección entre sus genogrupos dominantes (LF-89 y EM-90) puede generar interacciones sinérgicas, aumentando la expresión de factores de virulencia. En contraste, otras combinaciones patógenas muestran efectos antagonistas o neutros, dependiendo del contexto, el orden de infección y la respuesta inmunitaria del pez.
Estas dinámicas también se observan en coinfecciones virus–virus o virus–bacteria. Algunas infecciones virales inducen respuestas antivirales mediadas por interferón que reducen la replicación de otros virus, mientras que en otros escenarios —especialmente cuando intervienen parásitos como los piojos de mar— la coinfección exacerba la mortalidad y anula incluso la protección conferida por vacunas.
Silvestres y cultivados: dos caras de una misma realidad
El estudio subraya que las poblaciones silvestres de salmonídeos, expuestas de forma natural a una alta diversidad de patógenos a lo largo de sus migraciones, suelen portar múltiples agentes infecciosos sin mostrar signos evidentes de enfermedad. Esto las convierte en reservorios, centinelas de la salud ecosistémica y referencias clave para entender cómo las presiones antrópicas, como la acuicultura intensiva, pueden alterar las dinámicas naturales de infección.
En sistemas productivos, en cambio, la alta densidad de peces, el confinamiento y la conectividad ambiental aumentan la probabilidad de transmisión y amplificación de coinfecciones, con consecuencias directas sobre el bienestar animal y las pérdidas económicas.

Brechas críticas y desafíos para la sanidad acuícola
Pese al volumen de evidencia reunida, la revisión identifica importantes limitaciones. Una de las más relevantes es la inconsistencia en el reporte de la prevalencia de coinfección en estudios de campo, lo que dificulta comparaciones robustas y evaluaciones a escala poblacional. Además, las estrategias de mitigación de coinfecciones siguen siendo poco exploradas: solo un número reducido de estudios ha evaluado vacunas bivalentes, inmunoestimulantes o mejoramiento genético bajo escenarios de coinfección.
En este contexto, los autores destacan que avanzar hacia una sanidad más robusta requiere un cambio de enfoque: vigilancia multi-agente, reporte explícito y estandarizado de coinfecciones, y estrategias de manejo que consideren interacciones reales entre patógenos, y no solo infecciones aisladas.
Mirar la sanidad con lentes más amplios
Las conclusiones del estudio posicionan a la coinfección como un impulsor clave —y subestimado— del riesgo sanitario en salmonídeos silvestres y de cultivo. Comprender cómo interactúan los patógenos entre sí y con el sistema inmune del hospedador no es solo un desafío científico, sino una necesidad práctica para la sostenibilidad de la acuicultura.
Para quienes trabajan en diagnóstico, epidemiología, bienestar animal o manejo productivo, esta revisión ofrece una síntesis sólida de evidencia que invita a interpretar los resultados sanitarios de forma integrada. En un escenario donde los patógenos rara vez actúan en solitario, la sanidad del futuro parece depender, cada vez más, de nuestra capacidad para entender —y gestionar— esa complejidad invisible.


















