La salmonicultura chilena enfrenta un momento clave para su proyección. Aunque se mantiene como el segundo producto de exportación del país y un motor relevante de empleo en el sur austral, su desarrollo futuro está condicionado por exigencias regulatorias, desafíos ambientales y la necesidad de fortalecer su legitimidad social.
Loreto Seguel, presidenta ejecutiva del Consejo del Salmón, sostiene que el debate público debe centrarse en evidencia y datos verificables. A su juicio, la industria ha elevado de manera sustantiva sus estándares sanitarios, ambientales y de transparencia durante la última década, integrando innovación, ciencia y tecnología en su operación.
Las declaraciones forman parte de una entrevista concedida al medio Poder y Liderazgo, donde la dirigenta abordó en profundidad los avances, brechas y proyecciones de la salmonicultura chilena, junto con el impacto que el marco regulatorio tiene sobre la inversión sectorial.
Avances en sostenibilidad y transparencia
Seguel afirma que la industria ha transitado desde un enfoque reactivo hacia uno preventivo, con resultados visibles en desempeño ambiental y sanitario. Este proceso —explica— ha permitido posicionar a Chile entre los principales productores globales, con presencia en más de 100 mercados internacionales.
En materia de estándares, destaca que el salmón chileno cuenta con más de 15 certificaciones vinculadas a sostenibilidad. A ello se suma el Reporte de Impacto Sostenible impulsado por el gremio, que reúne más de 140 indicadores levantados por las propias compañías, fortaleciendo la transparencia sectorial.
“La confianza no se exige, se construye, con datos, transparencia y voluntad de mejora”, enfatiza, relevando que la licencia social es hoy un eje estratégico para la industria.
Desarrollo territorial y encadenamientos productivos
La dirigenta recalca que la salmonicultura cumple un rol estructural en las economías regionales del sur de Chile, generando empleo y dinamizando cadenas de valor con sectores como agricultura, turismo y logística.
En ese plano, menciona iniciativas como AgroSalmón y el proyecto BioAysén, orientadas a fortalecer la colaboración territorial, la biodiversidad y la diversificación productiva, bajo una lógica de respeto por las comunidades y su entorno.
Equidad de género y liderazgo femenino
Otro de los ejes abordados es la participación de mujeres en el sector. Actualmente representan cerca del 30% de la fuerza laboral, mientras que la presencia femenina en cargos directivos creció 5,3% en 2024, alcanzando 357 posiciones.
Entre las iniciativas impulsadas destaca RedMusa, la Red de Mujeres Salmoneras, enfocada en capacitación, generación de redes y fortalecimiento del liderazgo femenino dentro del ecosistema acuícola.
Pese a los avances, reconoce brechas pendientes, especialmente en centros de cultivo en mar y en la alta dirección.
Incertidumbre regulatoria y freno a la inversión
Seguel advierte que el principal obstáculo para el desarrollo futuro radica en la incertidumbre normativa y la superposición institucional.
La imposibilidad de relocalizar concesiones y ajustar operaciones ha impactado decisiones de inversión de largo plazo, particularmente en una industria intensiva en capital.
En ese contexto, insiste en la necesidad de una política pública de largo aliento: compatibilizar sostenibilidad ambiental, desarrollo productivo y certeza jurídica aparece —según plantea— como condición habilitante para destrabar el potencial del sector.
Proyección de largo plazo
De cara a los próximos diez años, la presidenta del Consejo del Salmón sostiene que el factor decisivo será la capacidad del país para superar el actual estancamiento regulatorio.
A su juicio, la industria ya demostró resiliencia, adaptación tecnológica y aporte social en los territorios del sur, por lo que el desafío ahora es consolidar ese aprendizaje en un marco institucional que permita retomar inversiones e innovación.


















