El año comenzó cuesta arriba para la economía chilena y en un contexto internacional especialmente volátil. El Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec) retrocedió 0,1% en enero frente al mismo mes del año pasado, reflejando una menor producción de bienes y una exigente base de comparación. Aunque el sector servicios amortiguó parcialmente la caída, el resultado quedó por debajo de lo anticipado por el mercado.
La cifra sorprendió negativamente a los analistas y marcó la primera variación anual negativa desde junio de 2024. En paralelo, el recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente —tras el ataque a Irán— elevó el precio del petróleo y sumó presión a un panorama ya incierto para la inflación y la política monetaria.
Una cifra bajo las expectativas
El mercado esperaba un crecimiento cercano a 1% anual, según estimaciones recopiladas por Bloomberg. Sin embargo, el desempeño fue inferior a lo proyectado. Economistas calificaron el dato como una “mala noticia” y “decepcionante”, apuntando principalmente a la debilidad en la producción de bienes y al efecto calendario, dado que enero tuvo un día hábil menos que en 2025. a noticia fue publicada por el medio económico Diario Financiero (DF).
El ministro de Hacienda, Nicolás Grau, subrayó precisamente ese factor, señalando que la estacionalidad restó 0,7 punto porcentual al resultado e instó a no sobredimensionar la cifra.
Desde el análisis sectorial, la agricultura jugó un rol clave en la sorpresa negativa. Los incendios forestales que afectaron la zona centro-sur impactaron tanto las operaciones agrícolas y forestales como la actividad manufacturera asociada. A ello se sumó un desempeño del comercio menor al anticipado, lo que amplificó la debilidad del indicador.
Proyecciones: un primer trimestre más débil
Aunque parte del retroceso podría obedecer a factores transitorios, los economistas ajustaron sus estimaciones para el primer trimestre. La proyección de expansión de 2,1% anual que el Banco Central había delineado en su último IPoM comienza a verse exigente.
El consenso del mercado ahora apunta a un crecimiento entre 1% y 1,5% en el primer cuarto del año, lo que lo convertiría en el período más bajo de 2026. Para febrero y marzo se anticipan cifras algo más favorables, apoyadas en una base de comparación menos demandante y un día hábil adicional, respectivamente.
A pesar del traspié inicial, varias entidades mantienen su estimación de crecimiento anual entre 2,5% y 2,7%, respaldadas por el alto precio del cobre, mejores indicadores de confianza empresarial y una recuperación gradual de la inversión.
Petróleo, inflación y dudas sobre la tasa
El frente externo, sin embargo, añade un nuevo foco de riesgo. La escalada de tensiones en Medio Oriente impulsó el precio del Brent sobre los US$ 80 por barril, encareciendo los costos energéticos a nivel global.
Para una economía importadora neta de combustibles como la chilena, un petróleo más caro se traduce en mayores costos de producción, presiones inflacionarias y potencial debilitamiento del peso. Si el alza se prolonga, podría complicar el escenario de inflación en el corto plazo.
Este nuevo factor también introduce cautela en el debate sobre la política monetaria. Aunque el mercado aún descuenta un recorte de 25 puntos base en la reunión de marzo del Banco Central, la incertidumbre geopolítica podría llevar a una postura más prudente si se intensifican las presiones sobre el tipo de cambio y las expectativas de inflación.
La publicación destacó el complejo arranque de año tanto en el plano interno como internacional. Así, 2026 comienza con señales mixtas: un tropiezo en la actividad local y un entorno global convulsionado que podría condicionar las decisiones económicas en los próximos meses.


















