Un nuevo estudio del instituto noruego Nofima evidenció una desconexión significativa entre la industria del salmón y los consumidores: la mayoría desconoce qué comen realmente los peces de cultivo. Pese a los avances en sostenibilidad, muchos compradores aún asocian la producción acuícola con químicos o antibióticos, sin identificar que hoy los ingredientes vegetales representan cerca del 70% del alimento.


Lo que no se dice del alimento del salmón
La investigación, basada en encuestas a más de mil consumidores en Francia y Reino Unido, muestra que existe una brecha relevante en la comunicación del sector. Al consultar sobre la dieta del salmón, los participantes rara vez mencionaron componentes vegetales, lo que refleja una falta de información clara sobre la evolución del feed acuícola.
Desde Nofima advierten que esta falta de conocimiento puede generar desconfianza frente a nuevos desarrollos en alimentación sostenible. “Se necesita una mejor comunicación que explique de qué está compuesto el alimento y cómo se produce”, señaló el investigador Morten Heide, enfatizando la importancia de contextualizar los cambios en la industria.
El estudio también exploró las percepciones frente a distintos ingredientes utilizados en la alimentación del salmón. Mientras que los peces, las algas y las plantas fueron considerados naturales y saludables, los insectos generaron opiniones divididas. En contraste, el uso de subproductos de pollo provocó rechazo generalizado, siendo catalogado como “antinatural” o “desagradable” por muchos encuestados.


Mercados contrastan frente a ingredientes innovadores
Según el investigador Florent Govaerts, las percepciones cambian drásticamente cuando los consumidores reciben información específica. “El salmón es visto de forma más positiva cuando no se detalla su alimentación; al conocer los ingredientes, surgen más dudas y cautela”, explicó.
Otro hallazgo relevante es que las percepciones varían según el mercado. Los consumidores británicos mostraron mayor apertura hacia ingredientes innovadores, mientras que los franceses evidenciaron una postura más conservadora. Esto sugiere que las estrategias de comunicación deberán adaptarse a las particularidades culturales de cada país.
El estudio se enmarca en una estrategia más amplia de Noruega para avanzar hacia una acuicultura más sostenible. El país busca que, para 2034, el 100% del alimento utilizado en la salmonicultura provenga de fuentes sostenibles, aumentando además el uso de materias primas locales.
En este contexto, ingredientes alternativos como subproductos de la industria avícola aparecen como una opción para mejorar la autosuficiencia, aunque su aceptación dependerá en gran medida de cómo se comuniquen sus beneficios en términos de sostenibilidad, seguridad alimentaria y salud de los peces.
Los resultados plantean un desafío clave para la industria acuícola global, incluida la chilena: no basta con innovar en sostenibilidad, también es necesario traducir esos avances en información clara, comprensible y confiable para el consumidor final. De lo contrario, incluso los desarrollos más prometedores podrían enfrentar resistencia en el mercado.
















