La acuicultura se perfila como una de las herramientas más potentes para alimentar al mundo sin destruirlo. Joao Campari, líder de la agenda de alimentos de WWF (World Wildlife Fund), la mayor organización de conservación independiente, destacó la urgencia de avanzar hacia una producción sostenible, con un rol central del sector privado en la sostenibilidad global.
Durante Blue Horizons, que GSI realizó en Metropolitan Santiago con una jornada que reunió a líderes y expertos de la producción marina donde estuvo InfoSALMON, Campari destacó la estrecha y frágil relación entre alimentación, naturaleza y bienestar global.
El representante sostuvo: “Si continuamos en la trayectoria en que estamos hoy, podríamos no tener un mundo donde vivir. No es una amenaza, es una oportunidad y un llamado a la acción”, combinando cifras, desafíos y una visión de futuro que apuntaba a un cambio urgente en los sistemas de producción de alimentos.
De la sobrepesca al boom acuícola
El ejecutivo describió un escenario en el que los sistemas alimentarios actuales, basados en gran parte en la ganadería y la agricultura, generan un valor de mercado de aproximadamente 9 billones de dólares, pero al mismo tiempo ocasionan costos ambientales que sumarían cerca de 20 billones.
Esto conlleva una pérdida neta de 11 billones de dólares, según datos de 2019, cuando Campari ejerció como presidente de la Cumbre de Sistemas Alimentarios de la ONU. La pérdida de biodiversidad y la presión sobre los hábitats reflejarían que la forma en que hoy se produce la mayoría de los alimentos no respeta los límites de la Tierra. “Necesitamos dejar de destruir el planeta para producir más alimentos”, declaró al respecto.
El pescado desempeña un rol central en la dieta global: aporta cerca del 20% de la ingesta animal promedio para 3.300 millones de personas. Asimismo, el sector y sus cadenas de procesamiento representan un motor económico y laboral fundamental, expuso.
Sin embargo, apuntó que las poblaciones de peces que se mantenían dentro de niveles biológicamente sostenibles han disminuido de un 90% en 1974 a cerca de un 60% en 2021, principalmente debido a la sobrepesca.
Frente a esta presión sobre los océanos, la producción acuícola ha escalado de forma sostenida. Campari describió que en 2022 la industria alcanzó la cifra récord de 94,4 millones de toneladas de animales acuáticos de cultivo, superando de forma histórica la producción de captura silvestre y generando un valor estimado de 312 mil millones de dólares. Ahora bien, advirtió que este crecimiento se debe gestionar con rigor. Una acuicultura sin planificación ecosistémica corre el riesgo de agravar la destrucción de hábitats y la contaminación por nutrientes.
La huella invisible en la receta
Para evitar estos impactos, WWF propone la implementación de una producción “positiva para la naturaleza”, un modelo que se sostiene en tres pilares fundamentales. En primer lugar, se recalca la urgencia de proteger los ecosistemas y hábitats naturales para evitar nuevas conversiones de tierras y aguas.
Junto a esto, señaló que se vuelve indispensable restaurar los ecosistemas acuáticos y terrestres que ya han sido degradados, y que todo esto se debe complementar con la necesidad de manejar de manera sostenible las áreas que actualmente se destinan a la producción de alimentos.
Campari expuso que uno de los mayores desafíos técnicos y ambientales que tiene la industria está en la alimentación. Indicó que, a diferencia de la pesca silvestre, donde el mayor impacto proviene del combustible de las embarcaciones, en la acuicultura la principal fuente de emisión de gases de efecto invernadero deriva del alimento.
Por lo mismo, sostuvo que mitigar el impacto de los ingredientes y su cultivo es el punto de partida más efectivo para mejorar el sector. En este punto, detalló que mediante colaboraciones recientes con diversas empresas se han testeado metodologías para evaluar los ingredientes del alimento bajo estrictos criterios de riesgo ESG (Ambiental, Social y de Gobernanza), demostrando que la mejora es viable.
El tiempo se acaba
En relación con lo anterior, apuntó que el sector privado tiene en sus manos las llaves de estas mejoras, por lo que llamó a ir más allá del mero cumplimiento normativo, compartir datos de forma transparente y establecer estándares comunes. Señaló que equipos en Chile y en el mundo ya colaboran con la industria para evaluar costos, beneficios y alinear las mejores prácticas.
La acuicultura tiene la capacidad de redefinir la frontera entre producción y conservación. Para Campari, si se implementa correctamente, puede ser el respiro que los océanos necesitan y el sustento de millones de personas.
En medio de cifras, proyecciones y gráficos, en Blue Horizons quedó manifiesta la necesidad de actuar ahora, antes de que los ecosistemas oceánicos sufran efectos irreversibles y se exacerbe el riesgo para nuestra alimentación.


















