La industria salmonera chilena estaría entrando en una nueva etapa de consolidación, marcada por una mayor estabilidad biológica, mejoras en la eficiencia productiva y una creciente diversificación comercial. Así lo plantea el más reciente informe de RaboResearch, elaborado por el analista senior Gorjan Nikolik, quien sostiene que el sector ha logrado dejar atrás los tradicionales ciclos de auge y crisis para evolucionar hacia un modelo de crecimiento más sostenible y competitivo.
Según el reporte, Chile —segundo mayor productor mundial de salmón después de Noruega— ha fortalecido significativamente sus fundamentos productivos durante la última década. La reducción de la mortalidad del salmón Atlántico, el incremento de los pesos promedio de cosecha por sobre los 5 kilogramos y las inversiones en genética, vacunas, smolts de mayor tamaño y nuevas tecnologías de cultivo han mejorado los resultados biológicos y reforzado la competitividad de la industria.
Para RaboResearch, el principal desafío ya no es determinar si Chile puede aumentar su producción, sino si ese crecimiento será capaz de sostenerse en el tiempo sin comprometer el desempeño biológico de los centros de cultivo. En ese contexto, el informe señala que el país parece haber abandonado el modelo de expansión acelerada del pasado para dar paso a una industria más disciplinada, profesional y atractiva para la inversión.
Creciente protagonismo del salmón coho
Uno de los factores que más destaca el análisis es el creciente protagonismo del salmón coho. Tradicionalmente orientado al mercado japonés, esta especie está adquiriendo un rol estratégico dentro de la oferta chilena gracias a sus ventajas productivas. El informe destaca que el coho presenta un crecimiento más rápido, mayor resistencia al piojo de mar y costos de producción aproximadamente un 30% inferiores a los del salmón Atlántico, además de mostrar una creciente aceptación en mercados distintos de Japón, que hoy concentran cerca de la mitad de sus ventas.
Esta evolución no solo diversifica la producción, sino también los destinos comerciales de la industria, reduciendo la dependencia de un solo mercado y fortaleciendo la resiliencia del negocio frente a cambios en la demanda internacional.
El informe también identifica factores regulatorios que podrían favorecer una nueva fase de desarrollo para la salmonicultura chilena. Entre ellos menciona la posibilidad de avanzar hacia un entorno político más favorable para la actividad, con una reducción de la burocracia, una mayor agilidad en la tramitación de permisos y el desbloqueo de procesos de relocalización y nuevas concesiones que permanecen pendientes desde hace años.
De concretarse estas reformas, RaboResearch estima que la industria podría reducir costos operacionales y sostener un crecimiento más ordenado de la producción, especialmente en un escenario donde otros países productores enfrentan crecientes restricciones ambientales, biológicas y tributarias.
No obstante, el informe advierte que las perspectivas positivas no eliminan los riesgos estructurales que enfrenta el sector. Las floraciones de algas nocivas, los problemas de oxigenación, los efectos del cambio climático, la incertidumbre comercial derivada de eventuales medidas arancelarias y el aumento del escrutinio ambiental seguirán condicionando el desempeño de la industria en los próximos años.
En materia de mercados, Estados Unidos continuará siendo el principal destino para el salmón chileno, mientras que Japón mantendrá un rol relevante para el salmón coho. A ello se suma el potencial de crecimiento que representan China y América Latina, regiones donde el consumo continúa expandiéndose y ofrece nuevas oportunidades para diversificar las exportaciones.
En conjunto, el análisis concluye que la salmonicultura chilena enfrenta un escenario considerablemente más sólido que el observado en décadas anteriores. La combinación de mejores indicadores biológicos, innovación tecnológica, diversificación de especies y mercados, junto con un eventual fortalecimiento del marco regulatorio, posiciona al sector para un crecimiento más estable y competitivo en el largo plazo, siempre que mantenga el foco en la sostenibilidad productiva y la gestión de los riesgos biológicos y ambientales.



















