Del hábito individual al estándar común: Multi X identifica las claves para elevar la seguridad salmonicultora
En entrevistas exclusivas con InfoSALMON, Juan Silva, Cristián Swett y Paula García abordaron tres aspectos que pueden determinar el avance de la industria: la tendencia a tomar atajos, la incorporación de los contratistas en los indicadores y el respaldo a los líderes cuando deben tomar decisiones difíciles.
La seguridad puede comenzar a debilitarse antes de que falle un protocolo: cuando un trabajador normaliza un atajo, cuando el accidente de un contratista queda fuera de la medición de la empresa o cuando un líder siente que debe escoger entre cumplir una exigencia productiva y proteger a las personas.
Estos aspectos surgieron en entrevistas exclusivas realizadas por InfoSALMON a Cristián Swett, CEO de Multi X, Juan Silva, gerente de Salud y Seguridad Ocupacional y Subcontratación; y Paula García, gerente corporativa de Recursos Humanos. Sus respuestas muestran que el siguiente paso en seguridad no depende únicamente de incorporar más procedimientos, sino de fortalecer los hábitos, ampliar la responsabilidad sobre los contratistas y respaldar las decisiones preventivas dentro de la organización.
El hábito de cuidarse frente a la búsqueda del atajo
Para Juan Silva, una de las mayores dificultades está en modificar conductas que las personas han incorporado a su forma habitual de trabajar. “Las personas, el chileno en general, no ha sido formado para cuidarse. Al ser humano le gusta tomar el atajo. Crear el hábito es el gran desafío: crear el hábito, la disciplina de cuidarse”, señaló.
El planteamiento dirige la atención hacia una dimensión que no siempre aparece en los indicadores: la percepción individual del riesgo. Conocer una regla no garantiza que una persona la aplique si considera que el accidente es una posibilidad lejana o que solo afecta a otros.
Silva sostuvo que el desafío consiste en llegar al convencimiento personal de que el riesgo también puede afectar a quien ejecuta la tarea. “Cómo llegamos a la fibra, al valor de la persona, para que entienda que el accidente no es del vecino, que puede ser él el afectado”, planteó.
Sin embargo, el autocuidado individual necesita estar acompañado por condiciones coherentes en las distintas operaciones. Al ser consultado sobre qué requiere la salmonicultura para dar un salto efectivo en seguridad, Silva respondió de manera directa: “Estandarizar”. “La industria tiene que tener un estándar único en seguridad. Compartimos contratistas, compartimos instalaciones incluso; los centros de cultivo están a metros o kilómetros uno del otro y trabajamos diferente”, afirmó.
A su juicio, la industria debe avanzar hacia “un estándar único y sólido”, similar a las bases de seguridad desarrolladas por sectores como la minería y el rubro forestal. Esto permitiría que quienes trabajan para distintas compañías no tengan que adaptarse constantemente a criterios diferentes frente a riesgos similares.
Juan Silva, gerente de Salud y Seguridad Ocupacional y Subcontratación de Multi X . Foto: InfoSALMON
El indicador también define hasta dónde llega la responsabilidad
Cristián Swett, gerente general de la firma puso el foco en otro punto: la manera en que las salmonicultoras construyen sus indicadores y definen quiénes forman parte de sus resultados. “Lo más importante es responsabilidad, consecuencia e indicadores. Y en los indicadores, incluir a los contratistas como parte de la compañía”, sostuvo.
El ejecutivo planteó que la medición no debe limitarse a las personas que mantienen un contrato laboral directo con una salmonicultora, sino abarcar a todos quienes trabajan dentro de sus instalaciones. “No hay que separar el indicador de accidentes solamente de las personas que tienen contrato laboral dentro de las compañías salmoneras, sino incluir a todas las personas que trabajan en las instalaciones de la empresa salmonera”, enfatizó.
Este cambio amplía la forma de entender la responsabilidad. Si los contratistas participan en la operación y están expuestos a sus riesgos, sus accidentes también deben formar parte de la evaluación del desempeño de la compañía mandante.
Swett agregó que cada empresa debe asumir la responsabilidad sobre sus contratistas, establecer exigencias claras y aplicar consecuencias cuando estas no se cumplen. De esa forma, la seguridad deja de depender únicamente del tipo de vínculo contractual y pasa a considerar el lugar donde efectivamente se desarrolla el trabajo.
Para el CEO de Multi X, los indicadores permiten comprobar si la cultura preventiva está entregando resultados concretos. “Los indicadores te dicen la cantidad de accidentes, la frecuencia de los accidentes y la gravedad de los accidentes. Puedes tener una cultura muy buena y muy segura, pero si los indicadores muestran que has tenido accidentes, no estás triunfando”, afirmó.
Desde esa perspectiva, incorporar a los contratistas no es solo un ajuste estadístico. También permite observar con mayor precisión los riesgos existentes y comprobar si las medidas de seguridad están alcanzando a todas las personas que forman parte de la operación.
Foto: InfoSALMON.
Cuando productividad y seguridad dejan de ser alternativas
Paula García abordó la forma en que una empresa puede reconocer que la seguridad realmente se integró a su cultura. Para la ejecutiva, una de las señales más importantes aparece cuando deja de existir la discusión sobre si se debe priorizar la producción o el cuidado de las personas. “La mejor forma de comprobar que la seguridad pasó a ser parte de la cultura de una empresa es que ya no haya cuestionamientos respecto de si vamos a poner el foco más en la productividad o más en las personas”, explicó.
Según García, esa disyuntiva permanece en organizaciones que todavía no alcanzan la madurez suficiente para comprender que ambos objetivos están relacionados. “Creo que en el caso de Multi X estamos avanzando a que se entienda que no hay productividad sin personas y sin seguridad”, afirmó.
La ausencia de esa dualidad sería, a su juicio, una señal concreta de que el cambio cultural se produjo. La seguridad dejaría de verse como una exigencia que compite con el resultado operacional y pasaría a formar parte de la manera en que se desarrolla el trabajo.
García también destacó que la coherencia de los líderes depende del respaldo que reciben cuando deben adoptar decisiones complejas. “Nos hemos preocupado de que los liderazgos tengan el respaldo suficiente para poder tomar las decisiones correctas cuando las tienen que tomar”, indicó.
La ejecutiva aseguró que el directorio, la presidencia ejecutiva y el comité ejecutivo de Multi X han respaldado a los líderes cuando adoptan decisiones difíciles orientadas al cuidado de las personas. Este apoyo resulta determinante para que la seguridad no pierda fuerza frente a las presiones productivas u operacionales.
Formación y cultura para sostener los avances
Al abordar los próximos pasos de Cross Check, Swett señaló que el desafío es dar continuidad al modelo y establecer objetivos cada vez más exigentes. “Más que cambios concretos, me gustaría que siguiéramos con esto, con el espíritu del modelo Cross Check de salud y seguridad ocupacional. Tenemos que ponernos metas más ambiciosas y seguir el camino”, afirmó.
El ejecutivo agregó que los resultados alcanzados durante los últimos tres años muestran que el modelo está funcionando. “Hemos bajado en forma muy significativa la tasa de accidentalidad y tenemos que seguir en ese camino”, sostuvo.
Por su parte, García explicó que la próxima etapa estará centrada en la formación y la cultura. Multi X prepara herramientas digitales de capacitación para reforzar conocimientos, aclarar procesos y facilitar el acceso desde distintos puntos de la cadena de valor.
La compañía también utilizará el diagnóstico obtenido en su estudio de cultura de seguridad como punto de partida para un plan de trabajo que se desarrollará durante los próximos dos o tres años.
Las entrevistas muestran que la construcción de un estándar común no depende de una sola medida. Requiere trabajadores convencidos de la importancia del autocuidado, empresas que incorporen a los contratistas dentro de su responsabilidad y líderes que cuenten con respaldo para tomar decisiones difíciles.
El desafío consiste en conectar esos tres niveles. Un estándar puede ordenar los procedimientos, pero su efectividad dependerá de que las personas abandonen los atajos, los indicadores reflejen a toda la operación y la seguridad deje de presentarse como una alternativa frente a la productividad.
La seguridad puede comenzar a debilitarse antes de que falle un protocolo: cuando un trabajador normaliza un atajo, cuando el accidente de un contratista queda fuera de la medición de la empresa o cuando un líder siente que debe escoger entre cumplir una exigencia productiva y proteger a las personas.
Estos aspectos surgieron en entrevistas exclusivas realizadas por InfoSALMON a Cristián Swett, CEO de Multi X, Juan Silva, gerente de Salud y Seguridad Ocupacional y Subcontratación; y Paula García, gerente corporativa de Recursos Humanos. Sus respuestas muestran que el siguiente paso en seguridad no depende únicamente de incorporar más procedimientos, sino de fortalecer los hábitos, ampliar la responsabilidad sobre los contratistas y respaldar las decisiones preventivas dentro de la organización.
El hábito de cuidarse frente a la búsqueda del atajo
Para Juan Silva, una de las mayores dificultades está en modificar conductas que las personas han incorporado a su forma habitual de trabajar. “Las personas, el chileno en general, no ha sido formado para cuidarse. Al ser humano le gusta tomar el atajo. Crear el hábito es el gran desafío: crear el hábito, la disciplina de cuidarse”, señaló.
El planteamiento dirige la atención hacia una dimensión que no siempre aparece en los indicadores: la percepción individual del riesgo. Conocer una regla no garantiza que una persona la aplique si considera que el accidente es una posibilidad lejana o que solo afecta a otros.
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Silva sostuvo que el desafío consiste en llegar al convencimiento personal de que el riesgo también puede afectar a quien ejecuta la tarea. “Cómo llegamos a la fibra, al valor de la persona, para que entienda que el accidente no es del vecino, que puede ser él el afectado”, planteó.
Sin embargo, el autocuidado individual necesita estar acompañado por condiciones coherentes en las distintas operaciones. Al ser consultado sobre qué requiere la salmonicultura para dar un salto efectivo en seguridad, Silva respondió de manera directa: “Estandarizar”. “La industria tiene que tener un estándar único en seguridad. Compartimos contratistas, compartimos instalaciones incluso; los centros de cultivo están a metros o kilómetros uno del otro y trabajamos diferente”, afirmó.
A su juicio, la industria debe avanzar hacia “un estándar único y sólido”, similar a las bases de seguridad desarrolladas por sectores como la minería y el rubro forestal. Esto permitiría que quienes trabajan para distintas compañías no tengan que adaptarse constantemente a criterios diferentes frente a riesgos similares.
Juan Silva, gerente de Salud y Seguridad Ocupacional y Subcontratación de Multi X . Foto: InfoSALMON
El indicador también define hasta dónde llega la responsabilidad
Cristián Swett, gerente general de la firma puso el foco en otro punto: la manera en que las salmonicultoras construyen sus indicadores y definen quiénes forman parte de sus resultados. “Lo más importante es responsabilidad, consecuencia e indicadores. Y en los indicadores, incluir a los contratistas como parte de la compañía”, sostuvo.
El ejecutivo planteó que la medición no debe limitarse a las personas que mantienen un contrato laboral directo con una salmonicultora, sino abarcar a todos quienes trabajan dentro de sus instalaciones. “No hay que separar el indicador de accidentes solamente de las personas que tienen contrato laboral dentro de las compañías salmoneras, sino incluir a todas las personas que trabajan en las instalaciones de la empresa salmonera”, enfatizó.
Este cambio amplía la forma de entender la responsabilidad. Si los contratistas participan en la operación y están expuestos a sus riesgos, sus accidentes también deben formar parte de la evaluación del desempeño de la compañía mandante.
Swett agregó que cada empresa debe asumir la responsabilidad sobre sus contratistas, establecer exigencias claras y aplicar consecuencias cuando estas no se cumplen. De esa forma, la seguridad deja de depender únicamente del tipo de vínculo contractual y pasa a considerar el lugar donde efectivamente se desarrolla el trabajo.
Para el CEO de Multi X, los indicadores permiten comprobar si la cultura preventiva está entregando resultados concretos. “Los indicadores te dicen la cantidad de accidentes, la frecuencia de los accidentes y la gravedad de los accidentes. Puedes tener una cultura muy buena y muy segura, pero si los indicadores muestran que has tenido accidentes, no estás triunfando”, afirmó.
Desde esa perspectiva, incorporar a los contratistas no es solo un ajuste estadístico. También permite observar con mayor precisión los riesgos existentes y comprobar si las medidas de seguridad están alcanzando a todas las personas que forman parte de la operación.
Foto: InfoSALMON.
Cuando productividad y seguridad dejan de ser alternativas
Paula García abordó la forma en que una empresa puede reconocer que la seguridad realmente se integró a su cultura. Para la ejecutiva, una de las señales más importantes aparece cuando deja de existir la discusión sobre si se debe priorizar la producción o el cuidado de las personas. “La mejor forma de comprobar que la seguridad pasó a ser parte de la cultura de una empresa es que ya no haya cuestionamientos respecto de si vamos a poner el foco más en la productividad o más en las personas”, explicó.
Según García, esa disyuntiva permanece en organizaciones que todavía no alcanzan la madurez suficiente para comprender que ambos objetivos están relacionados. “Creo que en el caso de Multi X estamos avanzando a que se entienda que no hay productividad sin personas y sin seguridad”, afirmó.
La ausencia de esa dualidad sería, a su juicio, una señal concreta de que el cambio cultural se produjo. La seguridad dejaría de verse como una exigencia que compite con el resultado operacional y pasaría a formar parte de la manera en que se desarrolla el trabajo.
García también destacó que la coherencia de los líderes depende del respaldo que reciben cuando deben adoptar decisiones complejas. “Nos hemos preocupado de que los liderazgos tengan el respaldo suficiente para poder tomar las decisiones correctas cuando las tienen que tomar”, indicó.
La ejecutiva aseguró que el directorio, la presidencia ejecutiva y el comité ejecutivo de Multi X han respaldado a los líderes cuando adoptan decisiones difíciles orientadas al cuidado de las personas. Este apoyo resulta determinante para que la seguridad no pierda fuerza frente a las presiones productivas u operacionales.
Formación y cultura para sostener los avances
Al abordar los próximos pasos de Cross Check, Swett señaló que el desafío es dar continuidad al modelo y establecer objetivos cada vez más exigentes. “Más que cambios concretos, me gustaría que siguiéramos con esto, con el espíritu del modelo Cross Check de salud y seguridad ocupacional. Tenemos que ponernos metas más ambiciosas y seguir el camino”, afirmó.
El ejecutivo agregó que los resultados alcanzados durante los últimos tres años muestran que el modelo está funcionando. “Hemos bajado en forma muy significativa la tasa de accidentalidad y tenemos que seguir en ese camino”, sostuvo.
Por su parte, García explicó que la próxima etapa estará centrada en la formación y la cultura. Multi X prepara herramientas digitales de capacitación para reforzar conocimientos, aclarar procesos y facilitar el acceso desde distintos puntos de la cadena de valor.
La compañía también utilizará el diagnóstico obtenido en su estudio de cultura de seguridad como punto de partida para un plan de trabajo que se desarrollará durante los próximos dos o tres años.
Las entrevistas muestran que la construcción de un estándar común no depende de una sola medida. Requiere trabajadores convencidos de la importancia del autocuidado, empresas que incorporen a los contratistas dentro de su responsabilidad y líderes que cuenten con respaldo para tomar decisiones difíciles.
El desafío consiste en conectar esos tres niveles. Un estándar puede ordenar los procedimientos, pero su efectividad dependerá de que las personas abandonen los atajos, los indicadores reflejen a toda la operación y la seguridad deje de presentarse como una alternativa frente a la productividad.