Transformación digital colaborativa: el nuevo estándar para la cadena de valor acuícola
En una columna escrita para InfoSALMON, Juan Pablo Carrasco Lillo, académico de Vinculación con el Medio de Ingeniería Comercial de la Universidad San Sebastián, plantea que la transformación digital acuícola exige una colaboración efectiva entre el Estado, la academia y las empresas. Para ello, propone integrar a las pymes proveedoras y a los pequeños mitilicultores en este proceso, con el fin de reducir las brechas tecnológicas y fortalecer la competitividad y el desarrollo territorial del sur de Chile.
La macrozona sur austral de Chile sostiene uno de los motores productivos y exportadores más determinantes del país. Con más de 85.000 empleos directos e indirectos y una posición de liderazgo que sitúa a Chile como el segundo productor mundial de salmones, la actividad acuícola es un pilar fundamental para la economía nacional. Sin embargo, tras estas cifras convive una profunda heterogeneidad estructural. Mientras las grandes compañías exportadoras avanzan hacia estándares globales de digitalización y sostenibilidad, una fracción significativa del tejido productivo local, compuesta por microempresas mitilicultoras y cientos de pymes proveedoras, opera rezagada tecnológicamente.
Brechas tecnológicas que aún dividen a la cadena acuícola
Frente a este escenario, la digitalización no puede seguir entendiéndose como la compra aislada de tecnología por parte de compañías individuales, sino como un nuevo estándar colaborativo que debe ser cocreado de manera transversal a lo largo de toda la cadena de valor. La urgencia de adoptar este enfoque integrado se evidencia al contrastar la realidad productiva de las regiones de Los Lagos y Aysén. En Los Lagos, la salmonicultura representa el 26,1% del Producto Interno Bruto (PIB) regional, conviviendo con un denso ecosistema de más de 400 empresas proveedoras y la totalidad del clúster mitilicultor nacional. Por el contrario, en Aysén el sector genera el 7,9% del PIB regional y alberga la mayor biomasa marina en fase de engorda, pero enfrenta una severa dependencia técnica y logística de los servicios radicados en Los Lagos, acentuada por la dispersión geográfica y una menor conectividad.
Esta asimetría se agudiza en los eslabones más vulnerables. En la mitilicultura, actividad intensiva en empleo local y de base predominantemente familiar, la captación de semillas en bancos naturales como Cochamó y el estuario de Reloncaví continúa guiándose por monitoreos empíricos y visuales, quedando expuesta a la variabilidad oceanográfica y a floraciones de algas nocivas.
En paralelo, las pymes que prestan servicios a la salmonicultura enfrentan exigentes requerimientos de sostenibilidad corporativa (como la trazabilidad de la huella de carbono de alcance 3 o la valorización de residuos bajo economía circular) sin contar con la infraestructura digital ni el personal especializado para auditar sus procesos. Sumemos a esta ecuación, la falta de interoperabilidad entre los sistemas de gestión de las empresas mandantes y las plataformas de los proveedores encarece las transacciones, aísla a los prestadores locales y frena su escalamiento.
Una transformación digital basada en colaboración
Superar estas brechas exige abandonar el modelo tradicional de transferencia tecnológica vertical, en el que las soluciones se importan o diseñan a espaldas del territorio, para dar paso a una gobernanza de co- creación basada en el modelo de la triple o cuádruple hélice:
El sector público como articulador y catalizador, mediante instrumentos territoriales como los Programas Territoriales Integrados (PTI) y los programas de absorción tecnológica colaborativa de Corfo, el Estado debe facilitar esquemas de cofinanciamiento que faciliten el acceso a tecnologías avanzadas. La transición hacia modelos de software y hardware por suscripción (SaaS y HaaS) permite a las pymes incorporar sensores y herramientas analíticas como gasto operacional accesible sin comprometer grandes inversiones de capital. Esta articulación se alinea directamente con la Política Nacional de Desarrollo Productivo Sostenible, impulsando matrices productivas regionales más sofisticadas y sostenibles, que son ejecutadas por los Comité de Desarrollo Productivo Regional.
La academia y la educación técnica como motor de I+D aplicada en la macrozona deben liderar el desarrollo de soluciones adaptadas a los dolores locales. Iniciativas aplicadas, por ejemplo, los modelos de inteligencia artificial para la predicción de fijación larval en choritos, demuestran cómo la investigación territorial puede tecnificar faenas artesanales, dotando de predictibilidad al suministro de semillas. Asimismo, la oferta académica debe actualizarse con urgencia hacia competencias en mecatrónica submarina, telemetría y ciencia de datos acuícolas, garantizando que el talento técnico calificado se forme y permanezca en las regiones.
Las grandes compañías productoras, que son el motor de integración y tracción, deben evolucionar desde una lógica transaccional de compraventa hacia un rol de empresas ancla. Esto implica habilitar espacios de pilotaje en sus centros de cultivo, compartir datos operacionales que otorguen certeza de demanda a las pymes innovadoras e integrar a sus proveedores en plataformas comunes de gestión y trazabilidad.
El crecimiento económico y la sostenibilidad de la industria no resultarán de esfuerzos corporativos fragmentados. Consolidar un estándar colaborativo en la cadena de valor, donde la investigación científica, el fomento público y el dinamismo empresarial confluyan, es el camino visible para que la transformación digital deje de ser una barrera de exclusión y se convierta en una palanca efectiva de equidad territorial, competitividad y desarrollo para el sur del país.
La macrozona sur austral de Chile sostiene uno de los motores productivos y exportadores más determinantes del país. Con más de 85.000 empleos directos e indirectos y una posición de liderazgo que sitúa a Chile como el segundo productor mundial de salmones, la actividad acuícola es un pilar fundamental para la economía nacional. Sin embargo, tras estas cifras convive una profunda heterogeneidad estructural. Mientras las grandes compañías exportadoras avanzan hacia estándares globales de digitalización y sostenibilidad, una fracción significativa del tejido productivo local, compuesta por microempresas mitilicultoras y cientos de pymes proveedoras, opera rezagada tecnológicamente.
Brechas tecnológicas que aún dividen a la cadena acuícola
Frente a este escenario, la digitalización no puede seguir entendiéndose como la compra aislada de tecnología por parte de compañías individuales, sino como un nuevo estándar colaborativo que debe ser cocreado de manera transversal a lo largo de toda la cadena de valor. La urgencia de adoptar este enfoque integrado se evidencia al contrastar la realidad productiva de las regiones de Los Lagos y Aysén. En Los Lagos, la salmonicultura representa el 26,1% del Producto Interno Bruto (PIB) regional, conviviendo con un denso ecosistema de más de 400 empresas proveedoras y la totalidad del clúster mitilicultor nacional. Por el contrario, en Aysén el sector genera el 7,9% del PIB regional y alberga la mayor biomasa marina en fase de engorda, pero enfrenta una severa dependencia técnica y logística de los servicios radicados en Los Lagos, acentuada por la dispersión geográfica y una menor conectividad.
Esta asimetría se agudiza en los eslabones más vulnerables. En la mitilicultura, actividad intensiva en empleo local y de base predominantemente familiar, la captación de semillas en bancos naturales como Cochamó y el estuario de Reloncaví continúa guiándose por monitoreos empíricos y visuales, quedando expuesta a la variabilidad oceanográfica y a floraciones de algas nocivas.
En paralelo, las pymes que prestan servicios a la salmonicultura enfrentan exigentes requerimientos de sostenibilidad corporativa (como la trazabilidad de la huella de carbono de alcance 3 o la valorización de residuos bajo economía circular) sin contar con la infraestructura digital ni el personal especializado para auditar sus procesos. Sumemos a esta ecuación, la falta de interoperabilidad entre los sistemas de gestión de las empresas mandantes y las plataformas de los proveedores encarece las transacciones, aísla a los prestadores locales y frena su escalamiento.
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Una transformación digital basada en colaboración
Superar estas brechas exige abandonar el modelo tradicional de transferencia tecnológica vertical, en el que las soluciones se importan o diseñan a espaldas del territorio, para dar paso a una gobernanza de co- creación basada en el modelo de la triple o cuádruple hélice:
El sector público como articulador y catalizador, mediante instrumentos territoriales como los Programas Territoriales Integrados (PTI) y los programas de absorción tecnológica colaborativa de Corfo, el Estado debe facilitar esquemas de cofinanciamiento que faciliten el acceso a tecnologías avanzadas. La transición hacia modelos de software y hardware por suscripción (SaaS y HaaS) permite a las pymes incorporar sensores y herramientas analíticas como gasto operacional accesible sin comprometer grandes inversiones de capital. Esta articulación se alinea directamente con la Política Nacional de Desarrollo Productivo Sostenible, impulsando matrices productivas regionales más sofisticadas y sostenibles, que son ejecutadas por los Comité de Desarrollo Productivo Regional.
La academia y la educación técnica como motor de I+D aplicada en la macrozona deben liderar el desarrollo de soluciones adaptadas a los dolores locales. Iniciativas aplicadas, por ejemplo, los modelos de inteligencia artificial para la predicción de fijación larval en choritos, demuestran cómo la investigación territorial puede tecnificar faenas artesanales, dotando de predictibilidad al suministro de semillas. Asimismo, la oferta académica debe actualizarse con urgencia hacia competencias en mecatrónica submarina, telemetría y ciencia de datos acuícolas, garantizando que el talento técnico calificado se forme y permanezca en las regiones.
Las grandes compañías productoras, que son el motor de integración y tracción, deben evolucionar desde una lógica transaccional de compraventa hacia un rol de empresas ancla. Esto implica habilitar espacios de pilotaje en sus centros de cultivo, compartir datos operacionales que otorguen certeza de demanda a las pymes innovadoras e integrar a sus proveedores en plataformas comunes de gestión y trazabilidad.
El crecimiento económico y la sostenibilidad de la industria no resultarán de esfuerzos corporativos fragmentados. Consolidar un estándar colaborativo en la cadena de valor, donde la investigación científica, el fomento público y el dinamismo empresarial confluyan, es el camino visible para que la transformación digital deje de ser una barrera de exclusión y se convierta en una palanca efectiva de equidad territorial, competitividad y desarrollo para el sur del país.