Astaxantina: la fuente del pigmento puede marcar diferencias en la salud y las defensas del salmón Atlántico
Investigación desarrollada por investigadores de la Nord University, FjordAlg AS, Deakin University, NTNU, Skretting AS y Moredun Research Institute muestra que la astaxantina sintética y una formulación de origen algal basada en células completas podrían favorecer las barreras mucosales del salmón, mientras que un extracto de la microalga Haematococcus pluvialis presentó mayores alteraciones en hígado, riñón y eritrocitos.
La astaxantina es uno de los ingredientes funcionales más utilizados en la alimentación del salmón Atlántico, tradicionalmente asociada a la pigmentación del músculo, pero también reconocida por sus funciones antioxidantes y potenciales efectos sobre la respuesta inmune y la tolerancia al estrés.
Ahora, una investigación realizada por científicos de Nord University, FjordAlg AS, Deakin University, NTNU, Skretting AS y Moredun Research Institute publicada en Fish and Shellfish Immunology aporta nuevos antecedentes que podrían ser relevantes para la formulación de dietas destinadas a optimizar la salud del salmón.
El estudio, titulado “Source-dependent effects of dietary astaxanthins on health and mucosal immunity in Atlantic salmon (Salmo salar)”, fue publicado en Fish and Shellfish Immunology en agosto de 2026. Los investigadores compararon los efectos de tres fuentes de astaxantina sobre la salud del salmón: una fuente sintética, una emulsión de células completas de H. pluvialis con las paredes celulares rotas y un extracto de astaxantina proveniente de la misma microalga.
De pigmento a herramienta nutricional para la salud
Para la industria salmonicultora, el interés por la astaxantina va mucho más allá de conseguir la coloración característica del filete. El compuesto cumple funciones antioxidantes y participa en procesos relacionados con la protección de los tejidos, la respuesta inmune y la tolerancia frente a diferentes factores de estrés. El estudio destaca, además, que la salud de las superficies mucosales —intestino, piel y branquias— constituye una primera línea de defensa frente a agentes externos y condiciones ambientales adversas.
Este punto adquiere especial relevancia en sistemas intensivos de producción, donde factores como densidad, manipulación, calidad del agua y operaciones que generan estrés pueden comprometer las barreras mucosales y aumentar la vulnerabilidad del pez.
En este contexto, la pregunta que plantearon los investigadores fue particularmente relevante para la nutrición acuícola: ¿importa solamente cuánto de astaxantina recibe el salmón o también importa de dónde proviene y cómo está formulada?
Los resultados apuntan a que la fuente sí puede ser determinante.
105 días de alimentación y un desafío de estrés
El ensayo involucró 360 salmones Atlánticos, distribuidos aleatoriamente en estanques experimentales, con seis réplicas por tratamiento. Los peces fueron alimentados durante 105 días con las tres dietas experimentales. Posteriormente, un grupo fue sometido durante 14 días a un desafío de estrés basado en reducción progresiva del volumen de agua y condiciones de hacinamiento (crowding).
Las tres dietas fueron diseñadas para incorporar astaxantina, pero el análisis posterior del alimento mostró diferencias en las concentraciones efectivamente presentes: 57 mg/kg en la dieta sintética (CO), 43 mg/kg en la formulación de células completas de alga (AW) y 37 mg/kg en el extracto de alga (AE).
Esta diferencia es importante al interpretar los resultados: aunque las dietas fueron formuladas con un objetivo común de inclusión, la concentración analizada finalmente no fue idéntica.
El intestino aparece como uno de los grandes protagonistas
Uno de los resultados más interesantes se observó en el intestino distal. Los salmones alimentados con astaxantina sintética y con la formulación de células completas de H. pluvialis mostraron mayores valores en distintos indicadores relacionados con la mucosa intestinal respecto del grupo alimentado con el extracto de alga.
La densidad volumétrica de células mucosas alcanzó diferencias significativas entre los tratamientos, mientras que el estado de la barrera mucosal también fue superior en los grupos CO y AW frente al AE. Después del desafío de estrés, la dieta sintética mostró nuevamente los valores más altos de densidad de células mucosas.
Para la producción de salmón, el hallazgo es relevante porque las células mucosas participan en la formación de la capa de mucus que recubre el epitelio intestinal. Esta estructura constituye una barrera física y biológica frente al ambiente y los potenciales patógenos.
El estudio encontró, además, una correlación positiva y significativa entre la densidad volumétrica de células mucosas y el estado de la barrera intestinal, reforzando la relación entre estructura mucosal y capacidad defensiva.
Figura 1. Créditos: Estudio.
Piel y branquias también responden a la fuente de astaxantina
Los efectos no se limitaron al intestino. En la piel, la dieta sintética presentó mayores valores de espesor de la epidermis, capa celular basal, membrana basal y número de células mucosas. El área de estas células y su densidad volumétrica también fueron superiores en el grupo CO respecto del AE.
En las branquias se observaron igualmente diferencias en varios indicadores histomorfométricos. La dieta sintética presentó mayores valores de longitud de las lamelas primarias, ancho de las lamelas secundarias, espesor del epitelio basal y número de células mucosas. La densidad volumétrica de células mucosas también fue significativamente mayor en CO que en AW y AE.
Esto adquiere importancia productiva porque intestino, piel y branquias conforman un sistema integrado de superficies mucosales expuestas al ambiente. El estudio plantea que las modificaciones observadas en estas estructuras son compatibles con un estado mucosal más favorable.
Una señal adicional: genes relacionados con la inmunidad
Los investigadores también analizaron la expresión de genes asociados con mucinas y péptidos antimicrobianos. En el intestino distal, muc2 y muc5b presentaron mayores niveles de expresión en el grupo alimentado con astaxantina sintética. La expresión de muc2 también fue significativamente superior en la piel de este grupo, mientras que el gen antimicrobiano def3 mostró una expresión significativamente mayor en el intestino de los peces CO respecto del grupo AE.
El resultado es particularmente interesante porque las mucinas forman parte de la primera barrera defensiva del pez, mientras que los péptidos antimicrobianos participan de la inmunidad innata.
Sin embargo, los autores advierten implícitamente que estas respuestas son dependientes del tejido: no todos los genes mostraron diferencias significativas entre dietas y, en varios casos, las diferencias observadas no fueron estadísticamente significativas.
El hígado entrega una de las señales más claras
Uno de los contrastes más marcados apareció en el hígado. Los salmones que recibieron la dieta AE —basada en astaxantina extraída de H. pluvialis— presentaron un mayor porcentaje y tamaño promedio de vacuolas hepáticas, además de una mayor cantidad y tamaño de gotas lipídicas neutras en comparación con los otros tratamientos.
Para una industria que busca cada vez más integrar indicadores de salud metabólica a sus estrategias de nutrición, este resultado merece atención.
El hígado es un órgano central para el metabolismo energético, almacenamiento de lípidos, detoxificación y defensa antioxidante. Por ello, cambios en su estructura pueden convertirse en indicadores relevantes para evaluar cómo diferentes ingredientes funcionales interactúan con el metabolismo del pez.
Menos anomalías en sangre y riñón
La investigación también encontró diferencias en la morfología de los eritrocitos. Los grupos CO y AW presentaron una menor frecuencia de anomalías eritrocitarias respecto del grupo AE. En particular, el grupo CO mostró menos anomalías celulares y una menor frecuencia de micronúcleos. Los autores observaron además una correlación negativa entre la cantidad de astaxantina en la dieta y la frecuencia de anomalías eritrocitarias y nucleares.
En el riñón troncal ocurrió algo similar: las anomalías estructurales fueron más pronunciadas en el grupo AE, mientras que en CO y AW los indicadores se mantuvieron en niveles inferiores.
En conjunto, estos resultados sugieren que la diferencia entre fuentes de astaxantina podría extenderse desde las superficies mucosales hasta indicadores sistémicos de salud.
¿Por qué la formulación podría importar tanto como la molécula?
Una de las preguntas que abre este trabajo para la industria es por qué la astaxantina proveniente de la misma microalga produjo respuestas diferentes dependiendo de su procesamiento.
Los investigadores señalan que la estabilidad de la astaxantina puede verse afectada por factores como luz, temperatura y estrés oxidativo. En las condiciones del ensayo, la formulación AW mostró mayor estabilidad que la AE.
El trabajo plantea además que los procesos mecánicos involucrados en la extracción podrían afectar la estabilidad del compuesto.
Esto abre una perspectiva relevante para la nutrición de precisión: no necesariamente todas las fuentes naturales de un mismo ingrediente funcional son biológicamente equivalentes.
En otras palabras, la discusión no se limita a la clásica comparación “natural versus sintético”. También involucra matriz, procesamiento, estabilidad, disponibilidad y forma de entrega del ingrediente.
Una alternativa natural con potencial, pero que aún necesita validación
Quizás uno de los mensajes más interesantes para la industria es que la formulación AW —astaxantina natural proveniente de una emulsión de células completas de H. pluvialis con las paredes celulares rotas— mostró respuestas similares a la astaxantina sintética en diversos indicadores de salud.
Los autores concluyen que ambas fuentes favorecieron indicadores relacionados con la salud mucosal, mientras que la formulación AW podría representar una alternativa prometedora a la astaxantina sintética para apoyar la salud del salmón Atlántico.
Pero existe una importante precisión científica: el estudio no demuestra directamente una mayor resistencia frente a una enfermedad infecciosa específica.
Los investigadores señalan que todavía son necesarios estudios que evalúen respuestas inmunes funcionales y resistencia a enfermedades para determinar si las mejoras observadas en los tejidos se traducen efectivamente en una mayor resiliencia bajo condiciones comerciales de producción.
Una señal para la próxima generación de dietas funcionales
El estudio aporta una conclusión que puede resultar estratégica para la industria salmonicultora: la evaluación de un ingrediente funcional no debería limitarse a parámetros productivos tradicionales.
La salud del intestino, piel y branquias, la integridad de las barreras mucosales, la morfología de los eritrocitos y el estado de órganos metabólicos como hígado y riñón pueden proporcionar una visión mucho más amplia de cómo una dieta prepara al pez para enfrentar condiciones de estrés.
En este escenario, la astaxantina aparece no solo como un pigmento, sino como un componente nutricional cuya fuente y forma de procesamiento pueden influir en la respuesta biológica del salmón.
Para una industria sometida a una creciente presión por mejorar bienestar, robustez, eficiencia productiva y prevención de enfermedades, el mensaje resulta especialmente oportuno: la próxima frontera de la nutrición funcional podría no estar solamente en agregar nuevos ingredientes al alimento, sino en comprender con mayor precisión cómo su origen y procesamiento determinan lo que realmente recibe y utiliza el pez.
El dato clave
Astaxantina sintética y astaxantina natural en células completas de Haematococcus pluvialis mostraron los perfiles más favorables en múltiples indicadores de salud analizados, mientras que el extracto de la microalga presentó mayores alteraciones hepáticas, renales y eritrocitarias.
El desafío para la investigación futura será determinar si estas mejoras histológicas y moleculares pueden traducirse en algo que la industria necesita medir directamente: mayor resiliencia, menor impacto del estrés y mejor capacidad de enfrentar enfermedades bajo condiciones comerciales de cultivo.
Lea el studio complete aquí: Source-dependent effects of dietary astaxanthins on health and mucosal immunity in Atlantic salmon (Salmo salar)
La astaxantina es uno de los ingredientes funcionales más utilizados en la alimentación del salmón Atlántico, tradicionalmente asociada a la pigmentación del músculo, pero también reconocida por sus funciones antioxidantes y potenciales efectos sobre la respuesta inmune y la tolerancia al estrés.
Ahora, una investigación realizada por científicos de Nord University, FjordAlg AS, Deakin University, NTNU, Skretting AS y Moredun Research Institute publicada en Fish and Shellfish Immunology aporta nuevos antecedentes que podrían ser relevantes para la formulación de dietas destinadas a optimizar la salud del salmón.
El estudio, titulado “Source-dependent effects of dietary astaxanthins on health and mucosal immunity in Atlantic salmon (Salmo salar)”, fue publicado en Fish and Shellfish Immunology en agosto de 2026. Los investigadores compararon los efectos de tres fuentes de astaxantina sobre la salud del salmón: una fuente sintética, una emulsión de células completas de H. pluvialis con las paredes celulares rotas y un extracto de astaxantina proveniente de la misma microalga.
De pigmento a herramienta nutricional para la salud
Para la industria salmonicultora, el interés por la astaxantina va mucho más allá de conseguir la coloración característica del filete. El compuesto cumple funciones antioxidantes y participa en procesos relacionados con la protección de los tejidos, la respuesta inmune y la tolerancia frente a diferentes factores de estrés. El estudio destaca, además, que la salud de las superficies mucosales —intestino, piel y branquias— constituye una primera línea de defensa frente a agentes externos y condiciones ambientales adversas.
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Este punto adquiere especial relevancia en sistemas intensivos de producción, donde factores como densidad, manipulación, calidad del agua y operaciones que generan estrés pueden comprometer las barreras mucosales y aumentar la vulnerabilidad del pez.
En este contexto, la pregunta que plantearon los investigadores fue particularmente relevante para la nutrición acuícola: ¿importa solamente cuánto de astaxantina recibe el salmón o también importa de dónde proviene y cómo está formulada?
Los resultados apuntan a que la fuente sí puede ser determinante.
105 días de alimentación y un desafío de estrés
El ensayo involucró 360 salmones Atlánticos, distribuidos aleatoriamente en estanques experimentales, con seis réplicas por tratamiento. Los peces fueron alimentados durante 105 días con las tres dietas experimentales. Posteriormente, un grupo fue sometido durante 14 días a un desafío de estrés basado en reducción progresiva del volumen de agua y condiciones de hacinamiento (crowding).
Las tres dietas fueron diseñadas para incorporar astaxantina, pero el análisis posterior del alimento mostró diferencias en las concentraciones efectivamente presentes: 57 mg/kg en la dieta sintética (CO), 43 mg/kg en la formulación de células completas de alga (AW) y 37 mg/kg en el extracto de alga (AE).
Esta diferencia es importante al interpretar los resultados: aunque las dietas fueron formuladas con un objetivo común de inclusión, la concentración analizada finalmente no fue idéntica.
El intestino aparece como uno de los grandes protagonistas
Uno de los resultados más interesantes se observó en el intestino distal. Los salmones alimentados con astaxantina sintética y con la formulación de células completas de H. pluvialis mostraron mayores valores en distintos indicadores relacionados con la mucosa intestinal respecto del grupo alimentado con el extracto de alga.
La densidad volumétrica de células mucosas alcanzó diferencias significativas entre los tratamientos, mientras que el estado de la barrera mucosal también fue superior en los grupos CO y AW frente al AE. Después del desafío de estrés, la dieta sintética mostró nuevamente los valores más altos de densidad de células mucosas.
Para la producción de salmón, el hallazgo es relevante porque las células mucosas participan en la formación de la capa de mucus que recubre el epitelio intestinal. Esta estructura constituye una barrera física y biológica frente al ambiente y los potenciales patógenos.
El estudio encontró, además, una correlación positiva y significativa entre la densidad volumétrica de células mucosas y el estado de la barrera intestinal, reforzando la relación entre estructura mucosal y capacidad defensiva.
Figura 1. Créditos: Estudio.
Piel y branquias también responden a la fuente de astaxantina
Los efectos no se limitaron al intestino. En la piel, la dieta sintética presentó mayores valores de espesor de la epidermis, capa celular basal, membrana basal y número de células mucosas. El área de estas células y su densidad volumétrica también fueron superiores en el grupo CO respecto del AE.
En las branquias se observaron igualmente diferencias en varios indicadores histomorfométricos. La dieta sintética presentó mayores valores de longitud de las lamelas primarias, ancho de las lamelas secundarias, espesor del epitelio basal y número de células mucosas. La densidad volumétrica de células mucosas también fue significativamente mayor en CO que en AW y AE.
Esto adquiere importancia productiva porque intestino, piel y branquias conforman un sistema integrado de superficies mucosales expuestas al ambiente. El estudio plantea que las modificaciones observadas en estas estructuras son compatibles con un estado mucosal más favorable.
Una señal adicional: genes relacionados con la inmunidad
Los investigadores también analizaron la expresión de genes asociados con mucinas y péptidos antimicrobianos. En el intestino distal, muc2 y muc5b presentaron mayores niveles de expresión en el grupo alimentado con astaxantina sintética. La expresión de muc2 también fue significativamente superior en la piel de este grupo, mientras que el gen antimicrobiano def3 mostró una expresión significativamente mayor en el intestino de los peces CO respecto del grupo AE.
El resultado es particularmente interesante porque las mucinas forman parte de la primera barrera defensiva del pez, mientras que los péptidos antimicrobianos participan de la inmunidad innata.
Sin embargo, los autores advierten implícitamente que estas respuestas son dependientes del tejido: no todos los genes mostraron diferencias significativas entre dietas y, en varios casos, las diferencias observadas no fueron estadísticamente significativas.
El hígado entrega una de las señales más claras
Uno de los contrastes más marcados apareció en el hígado. Los salmones que recibieron la dieta AE —basada en astaxantina extraída de H. pluvialis— presentaron un mayor porcentaje y tamaño promedio de vacuolas hepáticas, además de una mayor cantidad y tamaño de gotas lipídicas neutras en comparación con los otros tratamientos.
Para una industria que busca cada vez más integrar indicadores de salud metabólica a sus estrategias de nutrición, este resultado merece atención.
El hígado es un órgano central para el metabolismo energético, almacenamiento de lípidos, detoxificación y defensa antioxidante. Por ello, cambios en su estructura pueden convertirse en indicadores relevantes para evaluar cómo diferentes ingredientes funcionales interactúan con el metabolismo del pez.
Menos anomalías en sangre y riñón
La investigación también encontró diferencias en la morfología de los eritrocitos. Los grupos CO y AW presentaron una menor frecuencia de anomalías eritrocitarias respecto del grupo AE. En particular, el grupo CO mostró menos anomalías celulares y una menor frecuencia de micronúcleos. Los autores observaron además una correlación negativa entre la cantidad de astaxantina en la dieta y la frecuencia de anomalías eritrocitarias y nucleares.
En el riñón troncal ocurrió algo similar: las anomalías estructurales fueron más pronunciadas en el grupo AE, mientras que en CO y AW los indicadores se mantuvieron en niveles inferiores.
En conjunto, estos resultados sugieren que la diferencia entre fuentes de astaxantina podría extenderse desde las superficies mucosales hasta indicadores sistémicos de salud.
¿Por qué la formulación podría importar tanto como la molécula?
Una de las preguntas que abre este trabajo para la industria es por qué la astaxantina proveniente de la misma microalga produjo respuestas diferentes dependiendo de su procesamiento.
Los investigadores señalan que la estabilidad de la astaxantina puede verse afectada por factores como luz, temperatura y estrés oxidativo. En las condiciones del ensayo, la formulación AW mostró mayor estabilidad que la AE.
El trabajo plantea además que los procesos mecánicos involucrados en la extracción podrían afectar la estabilidad del compuesto.
Esto abre una perspectiva relevante para la nutrición de precisión: no necesariamente todas las fuentes naturales de un mismo ingrediente funcional son biológicamente equivalentes.
En otras palabras, la discusión no se limita a la clásica comparación “natural versus sintético”. También involucra matriz, procesamiento, estabilidad, disponibilidad y forma de entrega del ingrediente.
Una alternativa natural con potencial, pero que aún necesita validación
Quizás uno de los mensajes más interesantes para la industria es que la formulación AW —astaxantina natural proveniente de una emulsión de células completas de H. pluvialis con las paredes celulares rotas— mostró respuestas similares a la astaxantina sintética en diversos indicadores de salud.
Los autores concluyen que ambas fuentes favorecieron indicadores relacionados con la salud mucosal, mientras que la formulación AW podría representar una alternativa prometedora a la astaxantina sintética para apoyar la salud del salmón Atlántico.
Pero existe una importante precisión científica: el estudio no demuestra directamente una mayor resistencia frente a una enfermedad infecciosa específica.
Los investigadores señalan que todavía son necesarios estudios que evalúen respuestas inmunes funcionales y resistencia a enfermedades para determinar si las mejoras observadas en los tejidos se traducen efectivamente en una mayor resiliencia bajo condiciones comerciales de producción.
Una señal para la próxima generación de dietas funcionales
El estudio aporta una conclusión que puede resultar estratégica para la industria salmonicultora: la evaluación de un ingrediente funcional no debería limitarse a parámetros productivos tradicionales.
La salud del intestino, piel y branquias, la integridad de las barreras mucosales, la morfología de los eritrocitos y el estado de órganos metabólicos como hígado y riñón pueden proporcionar una visión mucho más amplia de cómo una dieta prepara al pez para enfrentar condiciones de estrés.
En este escenario, la astaxantina aparece no solo como un pigmento, sino como un componente nutricional cuya fuente y forma de procesamiento pueden influir en la respuesta biológica del salmón.
Para una industria sometida a una creciente presión por mejorar bienestar, robustez, eficiencia productiva y prevención de enfermedades, el mensaje resulta especialmente oportuno: la próxima frontera de la nutrición funcional podría no estar solamente en agregar nuevos ingredientes al alimento, sino en comprender con mayor precisión cómo su origen y procesamiento determinan lo que realmente recibe y utiliza el pez.
El dato clave
Astaxantina sintética y astaxantina natural en células completas de Haematococcus pluvialis mostraron los perfiles más favorables en múltiples indicadores de salud analizados, mientras que el extracto de la microalga presentó mayores alteraciones hepáticas, renales y eritrocitarias.
El desafío para la investigación futura será determinar si estas mejoras histológicas y moleculares pueden traducirse en algo que la industria necesita medir directamente: mayor resiliencia, menor impacto del estrés y mejor capacidad de enfrentar enfermedades bajo condiciones comerciales de cultivo.