El interés de la cosmética por el salmón está llegando a una nueva rutina: el lavado del cabello. El PDRN, conocido por sus aplicaciones en productos faciales y procedimientos estéticos, forma parte de la oferta capilar de Medicube. Su presencia en este mercado motivó a la australiana EZZ a promover una alternativa botánica para consumidores que prefieren evitar ingredientes de origen animal.
En un comunicado difundido el 30 de septiembre por The National Tribune, EZZ presentó esa comparación como una señal del traslado de las tendencias del cuidado facial al cuero cabelludo. Detrás del llamativo concepto de “esperma de salmón” hay un ingrediente procesado y una discusión sobre cuánto de su potencial biológico puede trasladarse a un producto de enjuague.
Qué es el PDRN y por qué se obtiene de salmonídeos
PDRN corresponde a la sigla inglesa de polidesoxirribonucleótido: una mezcla de fragmentos de ADN. Entre las fuentes utilizadas para obtenerlo están las células espermáticas de la trucha arcoíris (Oncorhynchus mykiss) y del salmón chum (Oncorhynchus keta). El material se somete a extracción y purificación para producir el ingrediente que posteriormente se incorpora a distintas formulaciones.
La expresión “esperma de salmón” alude, por tanto, al origen de la materia prima. El interés científico se concentra en los fragmentos de ADN procesados y en sus efectos bajo condiciones específicas de aplicación.
Una revisión publicada en Marine Drugs en 2021 reunió investigaciones sobre PDRN en reparación de tejidos, cicatrización e inflamación. Esos antecedentes ayudan a explicar su atractivo para el desarrollo de productos, aunque corresponden a estudios y aplicaciones diferentes entre sí.
El cuero cabelludo entra en la rutina cosmética
Medicube comercializa el Rosemary PDRN Cooling Thickening Shampoo, cuya ficha destaca PDRN, romero y un complejo de 19 aminoácidos. La empresa lo presenta como un champú para limpiar y refrescar el cuero cabelludo, reducir el quiebre y mejorar la apariencia de volumen y brillo. Su listado de ingredientes también declara Sodium DNA.
La propuesta se inscribe en la tendencia conocida como skinification: trasladar al cuidado capilar ingredientes y enfoques asociados al cuidado de la piel. En este caso, la atención se amplía desde la fibra del cabello hacia la piel donde se encuentran los folículos.
La descripción comercial de Medicube pone énfasis en un cabello de apariencia más abundante. Esa precisión importa: mejorar el volumen visible o disminuir el quiebre son resultados distintos de demostrar crecimiento de nuevos cabellos o eficacia contra la alopecia.
La alternativa vegetal compite con otra formulación
EZZ aborda el mismo segmento con Hair Full Shampoo, un producto de 380 mililitros que combina cafeína, ingredientes de romero y eucalipto, aceites de macadamia y argán, además de aloe, jojoba y otros componentes. La marca lo presenta como apto para consumidores veganos.
Su director ejecutivo, Fernando Rodriguez, explicó en el comunicado que la llegada del ADN de salmón a los champús refleja la rapidez con que las tendencias faciales pasan al cuidado capilar. La estrategia de EZZ apunta a quienes buscan ese enfoque con ingredientes de otro origen.
Sin embargo, su listado de ingredientes no declara PDRN. La comparación enfrenta una fórmula promovida por ese ingrediente con una combinación botánica; por sí sola, no establece que ambas produzcan los mismos efectos.
Qué permiten afirmar los estudios sobre crecimiento capilar
Existe investigación clínica sobre PDRN y pérdida de cabello. Un estudio publicado en Wound Repair and Regenerationen 2015 evaluó a 40 mujeres con alopecia de patrón femenino: 20 recibieron 12 sesiones semanales de inyecciones de PDRN alrededor de los folículos y otras 20 recibieron ese esquema acompañado de una sesión de plasma rico en plaquetas. Los investigadores observaron mejoras en el número y grosor de los cabellos respecto de los valores iniciales.
Un comentario clínico publicado en junio de 2026 en Journal of Cosmetic Dermatology volvió sobre ese trabajo y destacó sus limitaciones, entre ellas el tamaño de la muestra y la ausencia de un grupo con solución salina o procedimiento simulado. Sus autores plantearon la necesidad de validar los resultados antes de trasladarlos a la práctica clínica.
La consecuencia para los champús es concreta: aquel estudio evaluó inyecciones, una vía de administración diferente al lavado y enjuague. Por ello, sus resultados no permiten atribuir automáticamente los mismos beneficios a una fórmula capilar que contenga PDRN. Esa evaluación debe realizarse sobre el producto final.
Para el sector salmonicultor, estos antecedentes sugieren un espacio de diversificación hacia ingredientes especializados. El paso del PDRN a nuevas categorías cosméticas muestra el interés comercial por biomoléculas de salmonídeos; convertir ese interés en una oportunidad requiere capacidades de extracción, calidad consistente y evidencia sobre cada aplicación.


















