El desarrollo de la acuicultura en Argentina puede ampliar el mercado de sus materias primas agrícolas y generar productos de mayor valor. Así lo planteó Lucas Maglio, ingeniero en acuicultura y country manager de Grupo Mar Andino en el país, en declaraciones a La Nación.
El ejecutivo destacó la disponibilidad de soja, maíz, trigo y girasol como una base para expandir la elaboración de alimentos para peces, un tema que se vincula con la nutrición vegetal en la salmonicultura. A su juicio, el desafío es conectar esa capacidad con inversiones y proyectos de cultivo de mayor escala. “Argentina no necesita construir esta industria desde cero”, sostuvo.
La trucha impulsa la acuicultura en Argentina
Las estadísticas oficiales permiten dimensionar el punto de partida. La Dirección Nacional de Acuicultura informó unas 15.540 toneladas producidas en 2025, un 27,6% más que en 2024.
La trucha arcoíris (Oncorhynchus mykiss) aportó 13.576,7 toneladas y representó el 87,4% del total. El pacú ocupó el segundo lugar, con el 10,3%.
El principal polo productivo está en Neuquén y Río Negro, con cultivos en los embalses Alicurá y Piedra del Águila. Allí convergen centros de engorda, hatcheries y plantas de procesamiento.
También existe un vínculo comercial con Chile. En 2025, Neuquén y Río Negro exportaron 6.109 toneladas de productos de trucha, según datos del Senasa recogidos en el informe. Chile concentró el 62,8% de ese volumen.
De los granos a las dietas para peces
Maglio planteó que los avances en nutrición abren espacio a ingredientes vegetales y otras fuentes en las formulaciones acuícolas.
El informe oficial sobre producción argentina de 2024 describe el alimento para truchas como un balanceado extrusado seco, ajustado al tamaño de los peces. Su composición incluye un balance de proteínas, lípidos, hidratos de carbono, minerales y vitaminas.
Esa descripción permite precisar la oportunidad agroindustrial: incorporar materias primas a alimentos especializados, formulados para los requerimientos de los peces cultivados. Maglio también señaló posibilidades de desarrollo en aguas marinas argentinas, en línea con la estrategia acuícola de Argentina.
Un estudio de Kapetsky, Aguilar-Manjarrez y Jenness, publicado por la FAO en 2013, evaluó el potencial mundial de la maricultura en mar abierto. El análisis identificó áreas argentinas compatibles con los criterios de temperatura, profundidad y corrientes aplicados al salmón del Atlántico.
Los autores presentaron sus resultados como una primera aproximación nacional. Plantearon la necesidad de incorporar más variables y utilizar información de mayor resolución para evaluar emplazamientos concretos.
El trabajo aporta un antecedente para orientar la búsqueda de sitios. La selección de áreas de cultivo requiere profundizar el análisis de las condiciones locales y los factores económicos.

















