En la frontera entre la biología del desarrollo y la neurociencia, una pregunta simple —pero profundamente reveladora— ha guiado una nueva investigación: ¿cómo se prepara el cerebro para alimentarse antes de que un animal haya comido por primera vez?
La respuesta, en el caso del salmón del Atlántico (Salmo salar), abre una ventana inédita sobre los mecanismos que gobiernan la supervivencia en etapas tempranas. El estudio titulado “Emergencia del apetito y de la ritmicidad circadiana en el transcriptoma cerebral del salmón del Atlántico desde la alimentación endógena hacia la exógena” demuestra que el cerebro larval ya está “programado” para el hambre incluso antes de que el pez necesite buscar alimento externo.
Un sistema cerrado… que ya anticipa el mundo exterior
Durante sus primeras etapas de vida, el salmón vive de sus propias reservas. El saco vitelino —una suerte de “almacén energético” heredado del huevo— sustenta completamente su crecimiento. En esta fase, el organismo funciona como un sistema cerrado: no necesita comer.
Pero este equilibrio es temporal. Cuando el vitelo se agota, comienza una transición crítica e irreversible: el pez debe alimentarse por sí mismo o morir.
Lo sorprendente es que, según revela el estudio, el cerebro no espera ese momento para activarse.
Mediante secuenciación de ARN de cerebro completo (RNA-seq), los investigadores analizaron los cambios en la expresión génica antes (720 grados-día) y después (920 grados-día) del inicio de la alimentación. Los resultados fueron claros:
- Los principales sistemas de control del apetito ya están presentes antes de la primera comida.
- Estos sistemas no solo existen, sino que muestran patrones rítmicos de actividad, como si el cerebro ya “ensayara” la conducta alimentaria.

El reloj biológico entra en escena
Uno de los hallazgos más llamativos es la aparición progresiva de la ritmicidad circadiana en los genes relacionados con el apetito.
Antes de alimentarse, varios genes exhiben ciclos irregulares de 20 y 28 horas. Sin embargo, tras el inicio de la alimentación externa, la mayoría se sincroniza en ciclos de 24 horas, alineándose con el reloj biológico clásico.
Esto sugiere que, el cerebro del salmón no solo regula el hambre, sino que también coordina cuándo sentirla y la alimentación y los ciclos luz-oscuridad comienzan a integrarse tempranamente en la fisiología del pez. En otras palabras, el pez no solo aprende a comer: aprende cuándo comer.
El sistema del apetito: listo antes de tiempo
En el corazón de este proceso se encuentra el sistema melanocortina, una red neuroendocrina clave en la regulación del balance energético.
El estudio identificó la presencia temprana de neuropéptidos fundamentales como npy y agrp (que estimulan el apetito) y cart y pomc (que lo inhiben).
Estos componentes ya están activos antes de la alimentación exógena, lo que indica que el cerebro establece con antelación el equilibrio entre hambre y saciedad. Sin embargo, hay un matiz clave: aunque el sistema del hambre está funcional, el sistema de saciedad aún es inmaduro.
Esto explicaría por qué, en etapas tempranas, los peces tienden a alimentarse de forma continua, incluso sin regulación eficiente de la ingesta.

Sensores de nutrientes y hormonas: afinando el sistema
A medida que el salmón comienza a alimentarse, su cerebro mejora su capacidad para detectar nutrientes. Genes asociados a sensores metabólicos —como glucosa y aminoácidos— aumentan su expresión, reflejando una adaptación al nuevo entorno nutricional.
Además, hormonas como la leptina y la colecistoquinina (cck), conocidas por regular el apetito en vertebrados, muestran cambios relevantes, ya que sus niveles aumentan tras la alimentación y sus receptores presentan un comportamiento inverso en etapas tempranas.
Esto sugiere que estas señales hormonales no solo regulan el hambre, sino que podrían estar implicadas en la formación de circuitos neuronales durante el desarrollo.
Un cerebro en transformación
Más allá de los genes, el estudio también revela una reorganización espacial en el cerebro. En el hipotálamo —centro clave del control energético— los neuropéptidos muestran una distribución distinta a la de etapas adultas.
Esta arquitectura cambiante refleja un principio fundamental: El control del apetito no aparece de golpe, sino que se construye progresivamente a través del desarrollo cerebral.
Implicancias: desde la ciencia básica a la acuicultura
Los hallazgos no solo aportan conocimiento fundamental sobre neurobiología y desarrollo. También tienen implicancias directas para la acuicultura:
- Comprender cuándo y cómo se activa el apetito puede mejorar estrategias de alimentación en hatcheries.
- Optimizar esta transición crítica podría aumentar la supervivencia larval.
- Identificar ventanas clave de desarrollo abre oportunidades para intervenciones nutricionales más precisas.

Una nueva mirada al origen del hambre
En conjunto, el estudio redefine el momento en que nace el apetito. Lejos de ser una respuesta reactiva al hambre, el cerebro del salmón anticipa la necesidad de alimentarse, activando circuitos, ritmos y señales mucho antes del primer bocado.
Así, el hambre deja de ser solo una sensación y pasa a entenderse como un proceso programado, profundamente arraigado en la biología del desarrollo.
Porque, como demuestra esta investigación, el cerebro no espera a tener hambre para aprender a comer: ya viene preparado para ello.


















