Varios directivos de la industria salmonera recientemente han levantado críticas hacia la relación del Estado chileno con el sector. A ellos, se suma el gerente general de Ventisqueros, José Luis Vial, quien declaró que las principales trabas para el desarrollo de la salmonicultura derivan de un marco regulatorio engorroso y la denominada «permisología» con la concerniente falta de fluidez.
El ejecutivo expuso que la regulación en nuestro país funciona con permisos fragmentados y en un entorno de incertidumbre. “Aquí ningún pescado se mueve sin una aprobación previa, y eso termina ahogando cualquier emprendimiento”, declaró.
Vial puso como ejemplo el régimen de concesiones, postuló que en los años 90 el Estado estableció áreas aptas para la acuicultura, donde se instalaron las empresas salmoneras, pero que luego se establecieron zonas protegidas que dejaron a varias concesiones adentro.
En relación con lo anterior el CEO manisfestó: “Desde 2010, la industria ha querido poder salir de estas zonas por la vía de la relocalización, pero el Estado no ha gestionado (…) Llevamos más de 14 años esperando”.
Para el gerente general, la falta de compromiso desde el mundo público con la industria se basa en que hay «ciertas predisposiciones” contra esta. Asimismo, planteó que la salmonicultura tiene un gran apoyo ciudadano, sobre todo, en las regiones australes del país. “Yo creo que no hay una industria que sea perfecta, pero por otro lado hay mucha desinformación que aumenta con la distancia geográfica a las zonas donde estamos produciendo”, aseguró.
Ventisqueros “Puertas abiertas”
Para el profesional “en el pasado hubo errores” y “prácticas que con la mirada de hoy quizás no eran las mejores, desde el punto de vista de la bioseguridad sobre todo”. Sin embargo, sostuvo que desde entonces el sector se ha transformado profundamente y que este partió “a pulso, aprendiendo”.
Vial explicó que están reduciendo significativamente el uso de antibióticos e innovando con otras formas de tratar las enfermedades de los peces. Junto a esto, que las empresas operan con cámaras de alimentación y plantas de proceso de primer nivel, muy lejos de las jaulas de madera con las que nació la acuicultura chilena.
Frente a la oposición de ONGs, el representante afirmó que siempre estarán disponibles para mostrar las operaciones y buscar entre ambos actores soluciones efectivas. Dijo que hay organizaciones que buscan honestamente una forma de mejorar, pero que eso es distinto a criticar con el afán de desafiar o mentir con el objeto de destruir.
Sobre lo mismo, puntualizó que han invitado a algunas ONGs con “agenda externa”, a visitar sus instalaciones, pero que estas jamás han aceptado el ofrecimiento. “No van, no quieren… ¿Quién tiene algo que esconder? Esta es la gran duda que surge de esto”, manifestó el ejecutivo en DF.
Identidad y nuevas oportunidades
De todas formas, para el CEO la salmonicultura debe reforzar el nexo identitario entre la industria y el sur del país frente a las regiones de más al norte.
“Cuando los argentinos sacan pachorra y dicen que son conocidos por el bife y la carne. Aquí es donde nos falta darnos cuenta del tamaño de la industria que somos: Chile exporta dos veces más salmón que lo que Argentina exporta en carne”, afirmó el directivo aludiendo a valores y agregó que hay una desconexión o disociación respecto al impacto positivo de la salmonicultura.
Junto a esto, Vial destacó entre los objetivos de Ventisqueros expandirse a nuevos mercados. Afirmó que el salmón chileno se exporta principalmente a EE.UU., Brasil, Japón, China y Rusia, pero que hay grandes posibilidades que se abren.
En los próximos cuatro o cinco años el comercio de productos del mar pasará de US$720 mil millones a US$770 mil millones, indicó el directivo y agregó que frente a este escenario el salmón juega un importante papel. “Nosotros como país no podemos desaprovechar esa oportunidad”, manifestó.



















