La piel que atrapa al Caligus: el mecanismo que permite al coho expulsar al parásito
Investigaciones recientes muestran que la epidermis del coho no funciona solamente como una barrera. Ante la fijación del parásito, sus células pueden multiplicarse, engrosar el tejido y rodear al piojo de mar hasta provocar su desprendimiento. El hallazgo ayuda a comprender su mayor resistencia y abre nuevas preguntas para el control de Caligus en la salmonicultura.
La fijación de un piojo de mar no provoca la misma reacción en todas las especies de salmón. Mientras el salmón Atlántico puede presentar lesiones persistentes y una mayor susceptibilidad a la infestación, el salmón coho es capaz de activar una respuesta rápida en el punto donde el parásito se adhiere.
En términos simples, su piel comienza a crecer alrededor del piojo de mar. Las células de la epidermis se multiplican, el tejido se engrosa y distintas células inmunitarias se desplazan hacia la zona afectada. Con el avance de esta reacción, el parásito puede quedar rodeado por el tejido y terminar desprendiéndose.
Esta capacidad convierte al coho en un modelo de interés para la investigación acuícola. En Chile, su relevancia productiva también ha aumentado: durante 2025 representó el 28 % de los centros de cultivo marinos en operación y la cantidad de centros con esta especie creció un 16,4 % respecto del año anterior, según el Informe Sanitario de la Salmonicultura de Sernapesca.
Una reacción que comienza durante las primeras horas
La piel de los peces es un tejido vivo que participa en la protección física, la regulación de sales y agua, la producción de mucus y la respuesta inmunitaria. Dentro de ella se encuentran los queratinocitos, células que constituyen gran parte de la epidermis.
Una investigación publicada en 2024 en BMC Biology comparó la reacción del salmón coho y del salmón Atlántico frente a Lepeophtheirus salmonis, el principal piojo de mar presente en el hemisferio norte.
Los investigadores expusieron peces juveniles al parásito y analizaron muestras de piel y aletas a las 12, 24, 36, 48 y 60 horas. Para ello utilizaron secuenciación de ARN de núcleos individuales, una técnica que permite observar qué genes se activan en cada tipo de célula, en lugar de estudiar el tejido completo como una sola unidad.
Los resultados mostraron que el coho activa dentro de las primeras 24 horas una intensa respuesta de hiperplasia epitelial. Este concepto se refiere al aumento del número de células de la epidermis, proceso que provoca un engrosamiento localizado de la piel.
Entre las 48 y 60 horas posteriores a la infestación, la presencia de queratinocitos aumentó de manera evidente en el coho, una reacción que no se observó con la misma intensidad en el salmón Atlántico.
Imágenes histológicas muestran la acumulación de células inflamatorias alrededor del punto donde el piojo de mar permanece adherido. Foto: Sveen et al., Cell and Tissue Research.
Cómo la piel logra rodear al parásito
El estudio identificó tres grupos de queratinocitos que cumplen funciones complementarias.
Los queratinocitos basales, ubicados en la parte más profunda de la epidermis, participan en la coordinación de la proliferación y el movimiento de las células superiores. También contribuyen a reforzar la membrana que sostiene la epidermis.
Sobre ellos se encuentran los queratinocitos intermedios y superficiales. Estas células aumentan en cantidad, reorganizan su estructura y se desplazan hacia el lugar donde está fijado el parásito. Como resultado, la epidermis comienza a engrosarse y puede rodear progresivamente al piojo de mar.
Los queratinocitos superficiales también parecen desempeñar una función de vigilancia: detectan la presencia del parásito y ayudan a atraer células inmunitarias hacia el punto de fijación. De esta manera, la respuesta combina reparación de la herida, inflamación y defensa inmunológica.
Una investigación posterior, publicada en 2025 en Cell and Tissue Research, confirmó que el coho moviliza una gran cantidad de células inflamatorias durante las primeras 36 a 48 horas. Entre ellas destacan los neutrófilos, células que reaccionan rápidamente frente a lesiones y agentes extraños.
No se trata, por lo tanto, de una piel que actúa únicamente como una cubierta. Es una estructura capaz de reconocer la fijación, reorganizarse y construir una respuesta localizada alrededor del parásito.
Más del 90 % de los parásitos fue eliminado
Otra investigación, publicada en 2023 en Scientific Reports, estudió cohos recién ingresados al agua de mar y ejemplares que llevaban 30 días de aclimatación. El objetivo era determinar si el tamaño del pez o el tiempo transcurrido en ambiente marino modificaban su resistencia.
En ambos grupos, más del 90% de los parásitos se había desprendido al día 16. La reacción comenzó a concentrarse alrededor del filamento que el piojo utiliza para permanecer sujeto a la piel. Hacia el cuarto día ya se observaba una acumulación de células y, al décimo día, algunos parásitos habían quedado completamente rodeados por el tejido.
Los resultados también indicaron que la respuesta no dependió significativamente del tamaño de los peces ni del tiempo que llevaban en agua de mar dentro de las condiciones evaluadas.
Los investigadores detectaron, además, la activación de mecanismos relacionados con el reconocimiento de la quitina, componente presente en la estructura externa del piojo de mar. Esto sugiere que el organismo del coho podría reconocer determinadas moléculas del parásito y utilizarlas como señal para iniciar su defensa.
El tejido rodea progresivamente al parásito hasta favorecer su expulsión. Foto: Braden et al. (2023).
¿Qué ocurre con Caligus en Chile?
Es importante distinguir las especies involucradas. Gran parte de los estudios que describen detalladamente la encapsulación se realizaron con Lepeophtheirus salmonis. En Chile, el ectoparásito de mayor interés productivo es Caligus rogercresseyi.
Sin embargo, la resistencia del coho también ha sido observada frente a este último. Un estudio comparativo publicado en Fish & Shellfish Immunology analizó la respuesta del salmón Atlántico y del coho después de una infestación experimental con C. rogercresseyi. Los resultados mostraron diferencias importantes en la activación de genes inmunitarios y describieron al coho como la especie más resistente.
En particular, el coho presentó una respuesta asociada al perfil inmunitario TH1, relacionado con la activación celular frente a agentes externos. El salmón Atlántico, en cambio, mostró una respuesta distinta y una mayor susceptibilidad a la infestación. La investigación se encuentra disponible en el registro académico de la Universidad San Sebastián.
La evidencia disponible permite sostener que el coho posee mecanismos de resistencia frente a ambos piojos de mar. No obstante, el porcentaje y la velocidad de desprendimiento observados con L. salmonis no deben trasladarse automáticamente a C. rogercresseyi. Aún se necesitan más investigaciones realizadas con el parásito presente en Chile, peces de tamaño comercial y condiciones propias de los centros de cultivo.
Una referencia para mejorar la resistencia del salmón Atlántico
Comprender esta respuesta no solo resulta relevante para el cultivo de coho. Los investigadores buscan identificar los genes y las rutas celulares que permiten a su piel reaccionar con tanta rapidez, con el objetivo de evaluar si algunos de estos mecanismos podrían aprovecharse para mejorar la resistencia del salmón Atlántico.
Entre las posibilidades científicas se encuentran la selección genética y otras herramientas biotecnológicas. Sin embargo, los hallazgos todavía no representan una solución disponible para la producción. Primero es necesario comprobar qué componentes de la respuesta pueden ser fortalecidos de manera segura, sin generar inflamación excesiva ni afectar otros rasgos productivos o de bienestar.
Una mayor resistencia natural podría contribuir a disminuir las lesiones cutáneas, el riesgo de infecciones secundarias y la necesidad de aplicar tratamientos. También podría reducir las manipulaciones asociadas al control del parásito, uno de los desafíos sanitarios y de bienestar más relevantes de la salmonicultura mundial.
La principal enseñanza entregada por el coho es que la resistencia al piojo de mar no depende solamente de impedir que el parásito llegue al pez. También puede construirse desde la propia piel, mediante una respuesta coordinada que reconoce al invasor, concentra células inmunitarias y transforma temporalmente la epidermis hasta expulsarlo.
La fijación de un piojo de mar no provoca la misma reacción en todas las especies de salmón. Mientras el salmón Atlántico puede presentar lesiones persistentes y una mayor susceptibilidad a la infestación, el salmón coho es capaz de activar una respuesta rápida en el punto donde el parásito se adhiere.
En términos simples, su piel comienza a crecer alrededor del piojo de mar. Las células de la epidermis se multiplican, el tejido se engrosa y distintas células inmunitarias se desplazan hacia la zona afectada. Con el avance de esta reacción, el parásito puede quedar rodeado por el tejido y terminar desprendiéndose.
Esta capacidad convierte al coho en un modelo de interés para la investigación acuícola. En Chile, su relevancia productiva también ha aumentado: durante 2025 representó el 28 % de los centros de cultivo marinos en operación y la cantidad de centros con esta especie creció un 16,4 % respecto del año anterior, según el Informe Sanitario de la Salmonicultura de Sernapesca.
Una reacción que comienza durante las primeras horas
La piel de los peces es un tejido vivo que participa en la protección física, la regulación de sales y agua, la producción de mucus y la respuesta inmunitaria. Dentro de ella se encuentran los queratinocitos, células que constituyen gran parte de la epidermis.
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Una investigación publicada en 2024 en BMC Biology comparó la reacción del salmón coho y del salmón Atlántico frente a Lepeophtheirus salmonis, el principal piojo de mar presente en el hemisferio norte.
Los investigadores expusieron peces juveniles al parásito y analizaron muestras de piel y aletas a las 12, 24, 36, 48 y 60 horas. Para ello utilizaron secuenciación de ARN de núcleos individuales, una técnica que permite observar qué genes se activan en cada tipo de célula, en lugar de estudiar el tejido completo como una sola unidad.
Los resultados mostraron que el coho activa dentro de las primeras 24 horas una intensa respuesta de hiperplasia epitelial. Este concepto se refiere al aumento del número de células de la epidermis, proceso que provoca un engrosamiento localizado de la piel.
Entre las 48 y 60 horas posteriores a la infestación, la presencia de queratinocitos aumentó de manera evidente en el coho, una reacción que no se observó con la misma intensidad en el salmón Atlántico.
Imágenes histológicas muestran la acumulación de células inflamatorias alrededor del punto donde el piojo de mar permanece adherido. Foto: Sveen et al., Cell and Tissue Research.
Cómo la piel logra rodear al parásito
El estudio identificó tres grupos de queratinocitos que cumplen funciones complementarias.
Los queratinocitos basales, ubicados en la parte más profunda de la epidermis, participan en la coordinación de la proliferación y el movimiento de las células superiores. También contribuyen a reforzar la membrana que sostiene la epidermis.
Sobre ellos se encuentran los queratinocitos intermedios y superficiales. Estas células aumentan en cantidad, reorganizan su estructura y se desplazan hacia el lugar donde está fijado el parásito. Como resultado, la epidermis comienza a engrosarse y puede rodear progresivamente al piojo de mar.
Los queratinocitos superficiales también parecen desempeñar una función de vigilancia: detectan la presencia del parásito y ayudan a atraer células inmunitarias hacia el punto de fijación. De esta manera, la respuesta combina reparación de la herida, inflamación y defensa inmunológica.
Una investigación posterior, publicada en 2025 en Cell and Tissue Research, confirmó que el coho moviliza una gran cantidad de células inflamatorias durante las primeras 36 a 48 horas. Entre ellas destacan los neutrófilos, células que reaccionan rápidamente frente a lesiones y agentes extraños.
No se trata, por lo tanto, de una piel que actúa únicamente como una cubierta. Es una estructura capaz de reconocer la fijación, reorganizarse y construir una respuesta localizada alrededor del parásito.
Más del 90 % de los parásitos fue eliminado
Otra investigación, publicada en 2023 en Scientific Reports, estudió cohos recién ingresados al agua de mar y ejemplares que llevaban 30 días de aclimatación. El objetivo era determinar si el tamaño del pez o el tiempo transcurrido en ambiente marino modificaban su resistencia.
En ambos grupos, más del 90% de los parásitos se había desprendido al día 16. La reacción comenzó a concentrarse alrededor del filamento que el piojo utiliza para permanecer sujeto a la piel. Hacia el cuarto día ya se observaba una acumulación de células y, al décimo día, algunos parásitos habían quedado completamente rodeados por el tejido.
Los resultados también indicaron que la respuesta no dependió significativamente del tamaño de los peces ni del tiempo que llevaban en agua de mar dentro de las condiciones evaluadas.
Los investigadores detectaron, además, la activación de mecanismos relacionados con el reconocimiento de la quitina, componente presente en la estructura externa del piojo de mar. Esto sugiere que el organismo del coho podría reconocer determinadas moléculas del parásito y utilizarlas como señal para iniciar su defensa.
El tejido rodea progresivamente al parásito hasta favorecer su expulsión. Foto: Braden et al. (2023).
¿Qué ocurre con Caligus en Chile?
Es importante distinguir las especies involucradas. Gran parte de los estudios que describen detalladamente la encapsulación se realizaron con Lepeophtheirus salmonis. En Chile, el ectoparásito de mayor interés productivo es Caligus rogercresseyi.
Sin embargo, la resistencia del coho también ha sido observada frente a este último. Un estudio comparativo publicado en Fish & Shellfish Immunology analizó la respuesta del salmón Atlántico y del coho después de una infestación experimental con C. rogercresseyi. Los resultados mostraron diferencias importantes en la activación de genes inmunitarios y describieron al coho como la especie más resistente.
En particular, el coho presentó una respuesta asociada al perfil inmunitario TH1, relacionado con la activación celular frente a agentes externos. El salmón Atlántico, en cambio, mostró una respuesta distinta y una mayor susceptibilidad a la infestación. La investigación se encuentra disponible en el registro académico de la Universidad San Sebastián.
La evidencia disponible permite sostener que el coho posee mecanismos de resistencia frente a ambos piojos de mar. No obstante, el porcentaje y la velocidad de desprendimiento observados con L. salmonis no deben trasladarse automáticamente a C. rogercresseyi. Aún se necesitan más investigaciones realizadas con el parásito presente en Chile, peces de tamaño comercial y condiciones propias de los centros de cultivo.
Una referencia para mejorar la resistencia del salmón Atlántico
Comprender esta respuesta no solo resulta relevante para el cultivo de coho. Los investigadores buscan identificar los genes y las rutas celulares que permiten a su piel reaccionar con tanta rapidez, con el objetivo de evaluar si algunos de estos mecanismos podrían aprovecharse para mejorar la resistencia del salmón Atlántico.
Entre las posibilidades científicas se encuentran la selección genética y otras herramientas biotecnológicas. Sin embargo, los hallazgos todavía no representan una solución disponible para la producción. Primero es necesario comprobar qué componentes de la respuesta pueden ser fortalecidos de manera segura, sin generar inflamación excesiva ni afectar otros rasgos productivos o de bienestar.
Una mayor resistencia natural podría contribuir a disminuir las lesiones cutáneas, el riesgo de infecciones secundarias y la necesidad de aplicar tratamientos. También podría reducir las manipulaciones asociadas al control del parásito, uno de los desafíos sanitarios y de bienestar más relevantes de la salmonicultura mundial.
La principal enseñanza entregada por el coho es que la resistencia al piojo de mar no depende solamente de impedir que el parásito llegue al pez. También puede construirse desde la propia piel, mediante una respuesta coordinada que reconoce al invasor, concentra células inmunitarias y transforma temporalmente la epidermis hasta expulsarlo.