Toda industria relevante debe ser observada y analizada de forma objetiva. Precisamente por eso, cuando un proyecto financiado con recursos públicos extranjeros analiza una actividad estratégica para Chile, debemos exigir equilibrio, rigor y transparencia.
DARKLAX no es un proyecto menor. La Universidad de Bergen lo presenta como “The Dark Side of Sustainability: Norway and the Rise and Fall of Salmon Farming in Chile”, financiado por el Research Council of Norway con 12 millones de coronas noruegas, o el equivalente más de mil millones de pesos chilenos, para el periodo 2025–2029. Su propio título hace mención al “lado oscuro” y al “auge y caída” de la salmonicultura chilena, lo cual instala un marco interpretativo sesgado: no parece una pregunta abierta, sino una tesis que parece buscar confirmación.
Ese sesgo potencial se refuerza cuando el proyecto plantea estudiar al salmón como sujeto de manipulación industrial. La domesticación, la selección genética y la adaptación al cultivo son procesos biológicos conocidos; no deben confundirse con una caricatura de artificialización. Tampoco es científicamente preciso transformar casos particulares, como un ejemplar de salmón Chinook encontrado en el río Paraná, Argentina, en una acusación general contra la salmonicultura chilena moderna. Los estudios disponibles muestran una historia más compleja, asociada a introducciones previas a la instalación de la acuicultura a través de programas de sea ranching, escapes históricos, dispersión natural y mezcla de linajes entre cuencas del Pacífico y Atlántico.
Es ampliamente reconocido que los escapes de salmones pueden generar efectos ecológicos en los ambientes receptores, especialmente cuando los peces sobreviven, compiten con especies nativas o logran reproducirse; precisamente por eso, su evaluación debe basarse en trazabilidad y monitoreo sistemático. En este sentido, el análisis químico de otolitos es una herramienta valiosa para reconstruir la vida de un pez desde la perspectiva migratoria y ambiental. Permite inferir cambios entre agua dulce y marina, posibles zonas de nacimiento y trayectorias de un pez a lo largo del tiempo. Pero no permite identificar la población o centro de cultivo de origen, ni prueba de manera irrefutable la procedencia de un escape reciente.
Para distinguir con rigor si los peces capturados o avistados en ambientes naturales provienen de escapes recientes o de poblaciones asilvestradas establecidas hace décadas, Chile debe avanzar hacia una trazabilidad genética robusta de las poblaciones de cultivo. La tecnología y las capacidades para establecer un sistema nacional de trazabilidad genética están disponibles, y su implementación es hoy técnica y económicamente viable. Así, cualquier pez capturado en el ambiente natural podría compararse con una base de datos genética referencia y estimar si proviene de un escape reciente, de introducciones históricas o de poblaciones que llevan décadas reproduciéndose y adaptándose en el sur de Chile. Esta aproximación permitiría reemplazar interpretaciones generales por evidencia verificable, fortaleciendo tanto la gestión ambiental como la transparencia de la industria.
Además, no todos los salmones tienen la misma capacidad de establecerse en la naturaleza. Los peces de cultivo modernos presentan mayor nivel de domesticación y selección artificial, lo que puede reducir su desempeño relativo en ambientes silvestres, aunque los riesgos deben seguir siendo monitoreados. Finalmente, la discusión debe mirar hacia adelante. La edición génica ya permite generar modelos de salmón estéril mediante inactivación de genes como dead end (dnd), reduciendo el riesgo reproductivo de eventuales escapes. Noruega comenzó estos desarrollos hace casi una década: en 2016, investigadores del Institute of Marine Research editaron embriones de salmón Atlántico con CRISPR/Cas9 para inducir esterilidad, y posteriormente evaluaron su desempeño productivo y bienestar durante el ciclo de cultivo. Esto muestra que la pregunta ya no es si la tecnología existe, sino si los países tendrán marcos regulatorios capaces de evaluarla responsablemente. Chile debe avanzar con urgencia hacia una regulación más moderna y flexible, que permita investigación, validación y eventual despliegue comercial de peces estériles editados, bajo criterios estrictos de bioseguridad y bienestar animal.
Frente a DARKLAX, la respuesta de Chile debe fundarse en evidencia, trazabilidad y transparencia. La salmonicultura chilena debe contar su propia historia con datos y demostrando con hechos su evolución, sus aprendizajes y su capacidad de innovar responsablemente para enfrentar sus desafíos productivos, ambientales y sociales. La crítica fundada es necesaria y bienvenida; el sesgo disfrazado de evidencia, no.
José Manuel Yáñez
Profesor Titular
Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias
Universidad de Chile


















