El extremo austral de Chile se encamina a convertirse en un referente mundial de la sostenibilidad gracias a la convergencia de dos industrias con gran potencial: la salmonicultura y la emergente industria del hidrógeno verde (H2V).
En la región de Magallanes, donde el viento sopla con una intensidad única y la acuicultura ha echado raíces, se vislumbra una oportunidad inédita de colaboración para avanzar hacia un modelo productivo más limpio, eficiente y circular.
El hidrógeno verde se produce mediante un proceso llamado electrólisis, que separa las moléculas de agua en hidrógeno y oxígeno mediante el uso de electricidad proveniente de fuentes renovables.
A diferencia de otras formas de hidrógeno, como el gris o el azul, este tipo de energía no genera emisiones de dióxido de carbono, por lo que se considera una alternativa fundamental para enfrentar el desafío de la descarbonización. Su uso se proyecta como clave para sectores donde electrificar directamente es complejo, como el transporte pesado o la minería.
Ahora, en Magallanes el enfoque va más allá del desarrollo energético. Allá el hidrógeno verde se empezó a concebir no solo como el combustible del futuro, sino como una plataforma de integración industrial que podría potenciar la salmonicultura de la zona, generar nuevas cadenas de valor y acelerar la innovación en todo el ecosistema productivo.
La apuesta magallánica por energías limpias
En AquaSur Tech 2025, que cubrió InfoSALMON, Andrés Labbé, director de Inversiones de Hidrógeno Verde en Fundación Chile, resumió el panorama con claridad.
El gestor afirmó que “la industria del hidrógeno verde surge como una posibilidad de poder aprovechar los recursos eólicos o el viento de la región; por lo tanto, Magallanes, junto con la región de Antofagasta por el sol, son los dos principales hubs o spots dentro del país que podrían participar a nivel mundial en el desarrollo de este nuevo vector energético”.
La región actualmente tiene una serie de proyectos de H2V en distintas etapas de avance, indicó Labbé. “Ya existen algunos proyectos que están en proceso de adquisición de permisos, como el de HNH, y otros proyectos en escala menor que permiten ser los pilotos que se requieren para poder testear y validar estas nuevas tecnologías y poder escalarlas comercialmente”, dijo.
De esta forma, lo que antes se veía como una industria aún lejana, hoy toma forma con fuerza. Los actores vinculados al desarrollo del hidrógeno apuestan por un crecimiento sostenible, que dialogue con el entorno y genere sinergias productivas con otros sectores ya instalados, como la salmonicultura.

Del viento al agua: La sinergia entre el H2V y la salmonicultura
Para el representante, una conexión importante con la industria del salmón es que el hidrógeno verde (H2V) implica un proceso y una cadena de valor bastante amplia, que requiere dos insumos principales que también pueden ser muy útiles en la acuicultura: la energía renovable proveniente del viento y la producción de agua mediante desalación.
Hay más, porque el proceso de electrólisis produce hidrógeno y, como subproducto, oxígeno, el que ahora se libera a la atmósfera sin un uso posterior.
“El oxígeno muchas veces se ventea, pero para la industria salmonera es un insumo clave; por lo tanto, existe ahí una oportunidad a explorar en cuanto a la captura y uso del oxígeno que sale del proceso de electrólisis en la industria salmonera”, planteó el Master of Science.
Desde una perspectiva de eficiencia, la posibilidad de intercambiar insumos y subproductos entre ambas industrias potencia la idea de una economía circular, donde lo que para una industria puede ser un residuo, para otra se puede convertir en un insumo valioso.
Motores limpios en mares remotos
La eventual sinergia entre industrias no solo queda en tierra. El transporte marítimo, clave para la operación de centros de cultivo en zonas remotas, también podría beneficiarse de esta nueva energía limpia.
“Hoy día están desarrollando un tremendo proyecto de una iniciativa a nivel local muy interesante, de poder tener naves o servicios marítimos que operan con hidrógeno”, apuntó Mario Marchese, presidente de la Asociación de Hidrógeno Verde de Magallanes.
“Ya es una realidad tener vehículos con celdas de hidrógeno, están operando a nivel comercial, es una energía probada. Se están construyendo en Canadá los primeros barcos o transbordadores 100 % operados con hidrógeno”, agregó y dijo que esto valida que la opción puede ser una realidad.
Marchese concibe un futuro donde la salmonicultura, además de utilizar oxígeno producido en Magallanes, también se abastezca de energía limpia en sus procesos en tierra y mar. Dijo que esto va en directo beneficio de alcanzar una industria salmonera verde.
Sobre lo anterior manifestó: “Que se abastece de oxígeno verde para sus procesos, de energía renovable para sus procesos en tierra, sobre todo el faenamiento, pero también está la posibilidad de aportar el hidrógeno como combustible para poder operar los generadores de energía de los centros de cultivo”.
Convergencia con talento y economía local
Más allá de los beneficios inmediatos, esta sinergia incipiente abre la puerta a un debate más amplio sobre el desarrollo territorial y la diversificación económica de Magallanes. Marcelo Agüero, presidente de la Fundación Prisma, recalcó el valor estratégico de esta convergencia. El directivo señaló que, al operar ambas industrias dentro de un territorio reducido, considerando la extensión de áreas protegidas en la región, se abren múltiples oportunidades para colaborar en diversos desarrollos.
“La salmonicultura ya estaba desde mucho antes que la industria del hidrógeno verde y ya tiene por sí misma muchas potencialidades de generar nuevas oportunidades productivas a través de sus procesos”, manifestó.
Toma relevancia en esta transición el rol que juega la formación de capacidades locales. “Podemos empezar a replantearnos solamente en esta área, en capacidad humana, la tecnificación de los profesionales que se van a requerir”, señaló.
Agüero citó la cantidad de habitantes de Magallanes y planteó: “Así que es obvio, lo que les pasa un poco a las empresas salmoneras, que tienen que venir con dotaciones de afuera, pero eso también encarece la producción. Y el costo podría mejorar mucho en términos de producción si empezamos a hacer estos encadenamientos productivos”.
Punta Arenas levanta un centro de innovación
En línea con la materialización, Fundación Chile, impulsada por Corfo, desarrolla la creación del Centro Tecnológico de Hidrógeno Verde en Magallanes. Entre otras acciones, Labbé sostuvo que la iniciativa busca articular conocimiento, investigación aplicada y formación de proveedores locales.
“El tema del centro tecnológico es una tremenda oportunidad”, dijo. Explicó que la propuesta se basa en tres grandes líneas y que en una de ellas: “Todo lo que es el desarrollo de la cadena de valor es clave, la cadena de proveedores, la formación de capital humano que permita habilitar el desarrollo de la industria es un eje central”.
Para Labbé, dentro de las conversaciones, “está cómo esto se integra y habilita también que otras industrias que existen actualmente en la región puedan florecer o apalancarse de este gran actor nuevo que se va a instalar en la región”.
Puentes verdes entre industrias hacia un desarrollo sostenible
Toma forma una mirada coincidente sobre la necesidad de sostener puentes de diálogo entre ambos sectores productivos. Para Marchese, “hay mucho que tenemos que conversar entre ambas industrias de cómo nos potenciamos mutuamente y aportamos al desarrollo de una región 100 % verde”.
En Magallanes, la consolidación del desarrollo sostenible se instala como tema central. En un territorio donde el viento mueve turbinas y los fiordos acogen centros de cultivo, se teje una alianza que busca redefinir el futuro productivo del extremo sur de Chile.



















