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El Renacimiento de la Acuicultura Italiana: Uniendo Tradición con Innovación en el cultivo de Truchas

Con una larga historia en la producción de trucha, Italia se prepara para una nueva era de acuicultura, donde la sostenibilidad y la tecnología son protagonistas. Por Marco G. Pistrin, CEO/Director de AquaOrganica SRL, Italia.

Por Sebastián Cárdenas Benavente
12 de febrero, 2025 - 20:01 hrs.
Marco G. Pistrin, CEO/Director AquaOrganica

Marco G. Pistrin, CEO/Director AquaOrganica

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La industria acuícola italiana, rica en tradición, historia y significancia global, juega un rol vital en la economía del país y la producción de productos del mar seguros y de alta calidad. Según datos de la FAO de 2022, Italia se ha mantenido  en los primeros lugares en producción de trucha en la Unión Europea (UE 27) por más de dos décadas y se encuentra en el quinto lugar de producción a nivel mundial. Actualmente, el rol de Italia en la producción global de trucha depende casi exclusivamente de sistemas tradicionales de acuicultura de flujo abierto, haciendo uso de los recursos hídricos subterráneos y superficiales superiores por los que Italia es conocida. Tradición y modernización en la acuicultura italiana A medida que la demanda global por fuentes proteicas sostenibles, saludables y ricas en omega-3 aumenta, Italia está preparada para realizar un cambio concertado hacia prácticas más sostenibles. Con las preocupaciones sobre bioseguridad, recursos hídricos y energía volviéndose más prevalentes, el sector del cultivo de trucha de Italia representa un nexo donde los métodos de cultivo tradicionales se encuentran con los desafíos modernos de sostenibilidad. Esto destaca el potencial para adoptar tecnologías de cultivo avanzadas tales como los Sistemas Híbridos de Flujo Abierto (HFS) y los Sistemas de Acuicultura de Recirculación (RAS) y ayuda a proveer soluciones viables para los desafíos multifacéticos que actualmente enfrenta el sector y la región. Según datos de la FAO de 2023, y con el respaldo del Instituto Nacional Italiano de Estadística (ITSAT) y la Associazione Piscicoltori Italiani (API), los salmónidos dominan el panorama productivo en Italia. La trucha arcoíris (Oncorhynchus mykiss), el salvelino ártico (Salvelinus alpinus), la trucha común (Salmo trutta), la trucha de arroyo (Salvelinus fontinalis), la trucha Sparctic (híbrido Salvelinus fontinalis x Salvelinus alpinus) y el coregono europeo (Coregonus lavaretus) son los salmónidos cultivados más comunes, representando la trucha arcoíris aproximadamente el 95 por ciento de la producción total de salmónidos italianos. La trucha arcoíris y el salvelino ártico son parte integral del sector acuícola de Italia, no solo contribuyendo económicamente, sino también realzando la excelencia culinaria del país. Estas especies de agua fría prosperan en las instalaciones de acuicultura de flujo abierto tradicionales de Italia, y habiendo sido cultivadas durante varias generaciones, ahora son emblemáticas de la predominancia gastronómica de Italia. El auge de la acuicultura de trucha en Italia El cultivo de trucha en Italia comenzó a principios del siglo XX, aprovechando las abundantes fuentes de agua dulce limpia de Italia para cultivar especies de trucha autóctonas, como la trucha común (Salmo trutta). El enfoque inicial para los salmonicultores de trucha italianos se centró únicamente en satisfacer la demanda interna y fue seguido poco después por una demanda en constante crecimiento desde el norte de Europa. Esto impulsó un rápido crecimiento en el sector y, en las décadas de 1950 y 1960, Italia comenzó a importar trucha arcoíris (Oncorhynchus mykiss) desde Canadá y los Estados Unidos. Esta especie rápidamente ganó popularidad debido a su adaptabilidad y rápido índice de crecimiento, lo que la convirtió en una especie de cultivo ideal para la acuicultura. Esto llevó a la construcción de más de 400 instalaciones de agua dulce de flujo abierto, poco profundas y de estilo serpentino para satisfacer la explosión de la demanda. No fue sino hasta la década de 1970 que la acuicultura de trucha italiana experimentó un crecimiento sustancial, ya que los avances en la tecnología de cultivo y la genética mejoraron significativamente las capacidades de producción. Las décadas de 1980 y 1990 fueron años fundamentales que moldearon y definieron la infraestructura acuícola italiana, lo que también proporcionó un estímulo muy necesario en la academia, investigando y optimizando las técnicas de reproducción y el manejo de enfermedades. Con precios favorables y la abundancia de producto disponible, los acuicultores italianos pudieron satisfacer la demanda nacional e internacional expandiendo rápidamente las capacidades de producción y mejorando la eficiencia del rendimiento, a través de la mejora en la calidad del alimento, la selección genética, la optimización de las instalaciones y la mejora de la salud de los peces a través de mejores prácticas veterinarias y terapias. La industria evolucionó rápidamente desde operaciones familiares a microescala a instalaciones de cultivo más estructuradas y extensas, impulsando una creciente demanda de pescado de alta calidad en toda Europa. Actualmente, hay aproximadamente 300 granjas de truchas operando activamente en Italia, compuestas mayoritariamente por instalaciones de monocultivo pequeñas a medianas. Cifras del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Silvicultura de Italia (MIPAAF) de 2023 indican que más del 66 por ciento de toda la producción de trucha se basa en el área nororiental del Tri-Veneto (Friuli, Véneto y Trentino) con una producción anual de 30.500 toneladas de trucha arcoíris. La producción promedio de trucha durante los últimos tres años fue de alrededor de 32.200 toneladas y en 2021, Italia produjo 37.000 toneladas. Italia es un exportador neto de trucha y ha experimentado un crecimiento muy limitado en 2023 y 2024, pero actualmente mantiene el segundo lugar en la UE 27, después de Francia, quien, solo en los últimos dos años, incrementó su producción. Más del 66 por ciento de toda la producción de trucha se basa en el área nororiental del Tri-Veneto (Friuli, Véneto y Trentino). Para obtener una perspectiva de las cifras de producción global, las estadísticas de la FAO de 2020 proclaman a Irán con el primer lugar, produciendo 180.000 toneladas anuales, seguido por Chile con 150.000 toneladas, Noruega con 73.000 toneladas, Turquía con 60.000 toneladas, e Italia en quinto lugar produciendo 35.000 toneladas. Francia produjo 34.000 toneladas, Dinamarca 29.000 toneladas y España 18.000 toneladas. La UE 27, en su conjunto, produjo un total de 184.000 toneladas. Si bien no es actualmente el mayor productor de la UE 27, Italia se ha establecido como un actor clave en la arena acuícola europea, particularmente en lo que respecta a la producción de trucha. Francia siempre ha estado compitiendo por los primeros lugares por la trucha y se proyecta que siga siendo el líder entre la UE 27 para los próximos años. Italia se convirtió en uno de los principales productores europeos de trucha de cultivo, particularmente de trucha arcoíris, debido a su bien conocida filosofía de producción de alimentos, la cual se acentúa por un compromiso manifiesto con la calidad pura, donde las operaciones italianas tienden a priorizar la excelencia del producto final por sobre el volumen. La producción de salvelino ártico, aunque menos prevalente (<3% de la producción italiana de salmónidos), ha ido ganando notoriedad debido a su exquisito perfil de sabor y su calidad de alta gama reconocida por los mejores chefs a nivel global. A medida que Italia se posiciona dentro de un mercado global hipercompetitivo, claramente mantiene su reputación de productos acuícolas de alta calidad que satisfacen las exigentes expectativas de los consumidores europeos y globales. Hay mucho que decir sobre el manifiesto dominio de los sistemas tradicionales de acuicultura de flujo abierto, los cuales están profundamente arraigados en las prácticas acuícolas y el éxito previo de Italia. La abundancia de fuentes de agua prístina y acuicultores capacitados hicieron posible el crecimiento que vimos durante los últimos más de 60 años, para generaciones. La llegada de los sistemas de raceways de flujo abierto serpentinos, característicos de muchas granjas de truchas italianas construidas en las décadas de 1970 y 1980, fue un fuerte intento de mejorar la eficiencia del uso de la tierra y las capacidades de producción. Estas instalaciones hacían uso de raceways muy largos que a veces podían extenderse varios kilómetros de longitud. Se teorizó que estos sistemas serpentinos reforzarían la salud y el bienestar de la trucha e imitarían los cursos de agua naturales para proporcionar las condiciones de vida óptimas. Desafíos y oportunidades para la acuicultura italiana El uso generalizado de métodos tradicionales de acuicultura en Italia puede ser analizado bajo una perspectiva holística, observándose una evidente obligación cultural de mantener prácticas ancestrales que promueven un compromiso inquebrantable con los estándares y la calidad de los alimentos, las tradiciones locales y la sostenibilidad ambiental. Muchas de las más de 300 instalaciones acuícolas operativas en Italia son empresas pequeñas y medianas, de propiedad familiar, que se han conservado bien durante varias generaciones. A pesar de la eficacia de corta duración de estos métodos, las preocupaciones sobre la gestión de los recursos hídricos, la bioseguridad, el uso de aguas superficiales y los impactos ambientales han provocado importantes discusiones sobre su sostenibilidad y viabilidad a largo plazo. Esto plantea un estancamiento en el que esta tecnología obsoleta ahora está obstaculizando el crecimiento para lograr una mayor significancia global. Aquí es donde la incorporación de tecnología nueva, robusta y probada, como los HFS y RAS, puede permitir un renacimiento, por así decirlo, a una industria en la cúspide del cambio. A lo largo de los años, ha existido una cantidad significativa de resistencia a la tecnología de cultivo contemporánea, a saber, los RAS y ahora, los HFS. Estas metodologías innovadoras prometen mejoras significativas en bioseguridad, control de parámetros, conservación de agua y gestión de residuos, ofreciendo así caminos hacia una mayor innovación, sostenibilidad y eficiencia mejoradas. Esta aversión a la acuicultura de «alta tecnología» está profundamente arraigada en el temor de abandonar por completo todos los aspectos de la acuicultura tradicional, y por lo tanto, perder la capacidad de ofrecer un suministro irrestricto de productos de calidad excepcional a los clientes. RAS solía ser una «mala palabra» en algunos círculos, donde los beneficios de la supuesta eficiencia supuestamente carecían de fundamento, y la calidad se veía afectada negativamente. Solo en los últimos años la tecnología RAS ha sido considerada como una «solución potencialmente viable» en respuesta al problema de sostenibilidad que a menudo vemos en el sur de Europa. Observando el panorama productivo actual, no se espera que los acuicultores abandonen los sistemas de flujo abierto principalmente debido a los costos exorbitantes de realizar la transición completa hacia sistemas modernos. En cambio, los HFS parecen mucho más propensos a incorporarse en entornos tradicionales y ofrecen un enfoque modular para mejorar la eficiencia y la bioseguridad de la granja. Las inversiones se pueden realizar por etapas, y esto mantiene las actualizaciones tecnológicas factibles para el futuro. Es fundamental comprender esta dinámica, ya que la mayoría de los acuicultores italianos son operaciones familiares pequeñas a medianas, y encontrar fondos para modernizar sus centros de cultivo es un desafío importante. Si queremos generar un cambio, debemos facilitarlo a través de inversiones inteligentes y escalonadas. La Comisión de la UE, en concierto con los gobiernos regionales, por ejemplo, proporciona instrumentos financieros, como el FEAMPA, que pueden hacer que esta transición hacia la acuicultura de alta tecnología sea plausible y viable. El renacimiento de la industria acuícola de Italia tomará tiempo en desarrollarse y requiere una cantidad significativa de inversión financiera para facilitar esta campaña de modernización a nivel de toda la industria. Los proveedores de tecnología acuícola y las empresas de ingeniería enfrentan continuamente presiones contemporáneas para diseñar continuamente los equipos y sistemas más eficientes energéticamente posibles. Además, las restricciones regulatorias y la necesidad de modernización han exigido una inversión significativa en tecnología e infraestructura accesibles, lo que a veces es una barrera de entrada para los operadores más pequeños. Esto puede crear un cuello de botella y puede llevar a un rechazo manifiesto de la tecnología en sí. Tanto la tecnología RAS como la HFS son generalmente inaccesibles para el acuicultor tradicional, principalmente debido a los mayores CAPEX y OPEX que se ven típicamente con este tipo de proyectos. Por la naturaleza de estas inversiones, por lo tanto, son prohibitivas en costos y no ofrecen ningún beneficio inmediato para el acuicultor en el corto plazo. Adoptar sistemas acuícolas modernos permite la alineación con los objetivos de sostenibilidad de la Unión Europea, al tiempo que se mejora la competitividad del mercado. Mediante la implementación de directrices y políticas simplificadas y al tener instrumentos financieros estratégicos en su lugar, tanto públicos como privados, será esencial abordar las barreras de entrada para la mayoría de los acuicultores y ayudará a permitir la modernización de la anticuada industria acuícola de Italia. Según la opinión de muchos jóvenes italianos, trabajar en centros de truchas estándar no se presenta como un trabajo interesante y relacionado con la tecnología. Muchos asocian al cultivo de peces como una simple actividad de subsistencia con poca o ninguna posibilidad de innovación laboral o tecnología con la cual interactuar. Traspasar la tradición y la responsabilidad operativa a los hijos y nietos parece menos factible, ya que la mayoría de los jóvenes tienden a mudarse a centros urbanos más grandes que pueden ofrecer trabajos más desafiantes y relacionados con la tecnología. En cambio, los trabajadores con menos habilidades tienden a ocupar los puestos de trabajo en la acuicultura y se vuelven aún menos atractivos para los jóvenes italianos, ya que, supuestamente, esto no invita a la innovación ni al desafío. ¿Cómo cambiamos esto? Una respuesta simple: con tecnología. La modernización de una instalación puede ofrecer diversos grados de tecnología con la cual interactuar, y esto puede ser el ímpetu para forzar un cambio. Cuando captamos el interés de la generación más joven, potencialmente podemos esperar más innovación y continuidad en prácticamente cualquier industria. En este momento, muchas de las principales instalaciones RAS y HFS que vemos en el norte de Europa, por ejemplo, son de muy alta tecnología y, con la ayuda de universidades y otras diversas entidades privadas y públicas, vemos a jóvenes prosperando y contribuyendo a esta industria fundamental que proporciona alimentos saludables para el mundo. Debido a que una industria solo puede sobrevivir si transmitimos información vital de una generación a otra, transferir conocimientos técnicos e invitar a la tecnología y la innovación para mejorar los procesos, la eficiencia y la calidad se considera fundamental. Si no tenemos la participación de los jóvenes, nunca podemos esperar mejorar, crecer e innovar. Hoy, la acuicultura de trucha italiana está al borde del cambio, ya que continúa adaptándose a las condiciones del mercado, las estipulaciones regulatorias y los desafíos ambientales en constante cambio. Sin embargo, existe una fuerte resistencia al cambio, particularmente entre las generaciones mayores de acuicultores. Muchos prefieren las prácticas tradicionales y a menudo desafían la adopción de técnicas modernas más sostenibles. Es comúnmente conocido que los sistemas tradicionales de flujo abierto son inherentemente limitados en su capacidad para controlar los parámetros clave del cultivo. Considerando esta falta de control, la industria enfrentará continuamente presión para innovar y optimizar para reducir la variabilidad y las pérdidas de producción. Incluso la incorporación de algunos elementos de la tecnología RAS y HFS en el flujo abierto tradicional puede verse como un camino potencial a seguir para mejorar la eficiencia y la sostenibilidad. Tener un enfoque de estilo híbrido que incorpore ambos métodos de cultivo tradicionales; al tiempo que integra tecnología contemporánea, los acuicultores pueden esperar un crecimiento mejorado y sostenible, y resiliencia en el sector. Los esfuerzos colaborativos entre los organismos gubernamentales y regulatorios, los líderes de la industria y las instituciones educativas serán esenciales para trazar un camino viable a seguir. Este compromiso con la calidad habla de un espíritu italiano más amplio de alinear las prácticas tradicionales y sostenibles con la conservación y administración ambiental. Sin embargo, los acuicultores mismos deben adaptarse frente a las normas culturales y ambientales modernas con tecnología más nueva, eficiente y robusta. Marco G. Pistrin https://www.linkedin.com/in/marcopistrin/ AquaOrganica.it info@aquaorganica.it +393666061397 (Cell/WhatsApp)

La industria acuícola italiana, rica en tradición, historia y significancia global, juega un rol vital en la economía del país y la producción de productos del mar seguros y de alta calidad. Según datos de la FAO de 2022, Italia se ha mantenido  en los primeros lugares en producción de trucha en la Unión Europea (UE 27) por más de dos décadas y se encuentra en el quinto lugar de producción a nivel mundial. Actualmente, el rol de Italia en la producción global de trucha depende casi exclusivamente de sistemas tradicionales de acuicultura de flujo abierto, haciendo uso de los recursos hídricos subterráneos y superficiales superiores por los que Italia es conocida.

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Tradición y modernización en la acuicultura italiana

A medida que la demanda global por fuentes proteicas sostenibles, saludables y ricas en omega-3 aumenta, Italia está preparada para realizar un cambio concertado hacia prácticas más sostenibles. Con las preocupaciones sobre bioseguridad, recursos hídricos y energía volviéndose más prevalentes, el sector del cultivo de trucha de Italia representa un nexo donde los métodos de cultivo tradicionales se encuentran con los desafíos modernos de sostenibilidad. Esto destaca el potencial para adoptar tecnologías de cultivo avanzadas tales como los Sistemas Híbridos de Flujo Abierto (HFS) y los Sistemas de Acuicultura de Recirculación (RAS) y ayuda a proveer soluciones viables para los desafíos multifacéticos que actualmente enfrenta el sector y la región.

Según datos de la FAO de 2023, y con el respaldo del Instituto Nacional Italiano de Estadística (ITSAT) y la Associazione Piscicoltori Italiani (API), los salmónidos dominan el panorama productivo en Italia. La trucha arcoíris (Oncorhynchus mykiss), el salvelino ártico (Salvelinus alpinus), la trucha común (Salmo trutta), la trucha de arroyo (Salvelinus fontinalis), la trucha Sparctic (híbrido Salvelinus fontinalis x Salvelinus alpinus) y el coregono europeo (Coregonus lavaretus) son los salmónidos cultivados más comunes, representando la trucha arcoíris aproximadamente el 95 por ciento de la producción total de salmónidos italianos. La trucha arcoíris y el salvelino ártico son parte integral del sector acuícola de Italia, no solo contribuyendo económicamente, sino también realzando la excelencia culinaria del país. Estas especies de agua fría prosperan en las instalaciones de acuicultura de flujo abierto tradicionales de Italia, y habiendo sido cultivadas durante varias generaciones, ahora son emblemáticas de la predominancia gastronómica de Italia.

El auge de la acuicultura de trucha en Italia

El cultivo de trucha en Italia comenzó a principios del siglo XX, aprovechando las abundantes fuentes de agua dulce limpia de Italia para cultivar especies de trucha autóctonas, como la trucha común (Salmo trutta). El enfoque inicial para los salmonicultores de trucha italianos se centró únicamente en satisfacer la demanda interna y fue seguido poco después por una demanda en constante crecimiento desde el norte de Europa. Esto impulsó un rápido crecimiento en el sector y, en las décadas de 1950 y 1960, Italia comenzó a importar trucha arcoíris (Oncorhynchus mykiss) desde Canadá y los Estados Unidos. Esta especie rápidamente ganó popularidad debido a su adaptabilidad y rápido índice de crecimiento, lo que la convirtió en una especie de cultivo ideal para la acuicultura. Esto llevó a la construcción de más de 400 instalaciones de agua dulce de flujo abierto, poco profundas y de estilo serpentino para satisfacer la explosión de la demanda.

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No fue sino hasta la década de 1970 que la acuicultura de trucha italiana experimentó un crecimiento sustancial, ya que los avances en la tecnología de cultivo y la genética mejoraron significativamente las capacidades de producción. Las décadas de 1980 y 1990 fueron años fundamentales que moldearon y definieron la infraestructura acuícola italiana, lo que también proporcionó un estímulo muy necesario en la academia, investigando y optimizando las técnicas de reproducción y el manejo de enfermedades.

Con precios favorables y la abundancia de producto disponible, los acuicultores italianos pudieron satisfacer la demanda nacional e internacional expandiendo rápidamente las capacidades de producción y mejorando la eficiencia del rendimiento, a través de la mejora en la calidad del alimento, la selección genética, la optimización de las instalaciones y la mejora de la salud de los peces a través de mejores prácticas veterinarias y terapias. La industria evolucionó rápidamente desde operaciones familiares a microescala a instalaciones de cultivo más estructuradas y extensas, impulsando una creciente demanda de pescado de alta calidad en toda Europa.

Actualmente, hay aproximadamente 300 granjas de truchas operando activamente en Italia, compuestas mayoritariamente por instalaciones de monocultivo pequeñas a medianas. Cifras del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Silvicultura de Italia (MIPAAF) de 2023 indican que más del 66 por ciento de toda la producción de trucha se basa en el área nororiental del Tri-Veneto (Friuli, Véneto y Trentino) con una producción anual de 30.500 toneladas de trucha arcoíris. La producción promedio de trucha durante los últimos tres años fue de alrededor de 32.200 toneladas y en 2021, Italia produjo 37.000 toneladas. Italia es un exportador neto de trucha y ha experimentado un crecimiento muy limitado en 2023 y 2024, pero actualmente mantiene el segundo lugar en la UE 27, después de Francia, quien, solo en los últimos dos años, incrementó su producción.

Más del 66 por ciento de toda la producción de trucha se basa en el área nororiental del Tri-Veneto (Friuli, Véneto y Trentino).

Para obtener una perspectiva de las cifras de producción global, las estadísticas de la FAO de 2020 proclaman a Irán con el primer lugar, produciendo 180.000 toneladas anuales, seguido por Chile con 150.000 toneladas, Noruega con 73.000 toneladas, Turquía con 60.000 toneladas, e Italia en quinto lugar produciendo 35.000 toneladas. Francia produjo 34.000 toneladas, Dinamarca 29.000 toneladas y España 18.000 toneladas. La UE 27, en su conjunto, produjo un total de 184.000 toneladas.

Si bien no es actualmente el mayor productor de la UE 27, Italia se ha establecido como un actor clave en la arena acuícola europea, particularmente en lo que respecta a la producción de trucha. Francia siempre ha estado compitiendo por los primeros lugares por la trucha y se proyecta que siga siendo el líder entre la UE 27 para los próximos años.

Italia se convirtió en uno de los principales productores europeos de trucha de cultivo, particularmente de trucha arcoíris, debido a su bien conocida filosofía de producción de alimentos, la cual se acentúa por un compromiso manifiesto con la calidad pura, donde las operaciones italianas tienden a priorizar la excelencia del producto final por sobre el volumen. La producción de salvelino ártico, aunque menos prevalente (<3% de la producción italiana de salmónidos), ha ido ganando notoriedad debido a su exquisito perfil de sabor y su calidad de alta gama reconocida por los mejores chefs a nivel global. A medida que Italia se posiciona dentro de un mercado global hipercompetitivo, claramente mantiene su reputación de productos acuícolas de alta calidad que satisfacen las exigentes expectativas de los consumidores europeos y globales.

Hay mucho que decir sobre el manifiesto dominio de los sistemas tradicionales de acuicultura de flujo abierto, los cuales están profundamente arraigados en las prácticas acuícolas y el éxito previo de Italia. La abundancia de fuentes de agua prístina y acuicultores capacitados hicieron posible el crecimiento que vimos durante los últimos más de 60 años, para generaciones. La llegada de los sistemas de raceways de flujo abierto serpentinos, característicos de muchas granjas de truchas italianas construidas en las décadas de 1970 y 1980, fue un fuerte intento de mejorar la eficiencia del uso de la tierra y las capacidades de producción. Estas instalaciones hacían uso de raceways muy largos que a veces podían extenderse varios kilómetros de longitud. Se teorizó que estos sistemas serpentinos reforzarían la salud y el bienestar de la trucha e imitarían los cursos de agua naturales para proporcionar las condiciones de vida óptimas.

Desafíos y oportunidades para la acuicultura italiana

El uso generalizado de métodos tradicionales de acuicultura en Italia puede ser analizado bajo una perspectiva holística, observándose una evidente obligación cultural de mantener prácticas ancestrales que promueven un compromiso inquebrantable con los estándares y la calidad de los alimentos, las tradiciones locales y la sostenibilidad ambiental. Muchas de las más de 300 instalaciones acuícolas operativas en Italia son empresas pequeñas y medianas, de propiedad familiar, que se han conservado bien durante varias generaciones.

A pesar de la eficacia de corta duración de estos métodos, las preocupaciones sobre la gestión de los recursos hídricos, la bioseguridad, el uso de aguas superficiales y los impactos ambientales han provocado importantes discusiones sobre su sostenibilidad y viabilidad a largo plazo. Esto plantea un estancamiento en el que esta tecnología obsoleta ahora está obstaculizando el crecimiento para lograr una mayor significancia global. Aquí es donde la incorporación de tecnología nueva, robusta y probada, como los HFS y RAS, puede permitir un renacimiento, por así decirlo, a una industria en la cúspide del cambio.

A lo largo de los años, ha existido una cantidad significativa de resistencia a la tecnología de cultivo contemporánea, a saber, los RAS y ahora, los HFS. Estas metodologías innovadoras prometen mejoras significativas en bioseguridad, control de parámetros, conservación de agua y gestión de residuos, ofreciendo así caminos hacia una mayor innovación, sostenibilidad y eficiencia mejoradas. Esta aversión a la acuicultura de «alta tecnología» está profundamente arraigada en el temor de abandonar por completo todos los aspectos de la acuicultura tradicional, y por lo tanto, perder la capacidad de ofrecer un suministro irrestricto de productos de calidad excepcional a los clientes. RAS solía ser una «mala palabra» en algunos círculos, donde los beneficios de la supuesta eficiencia supuestamente carecían de fundamento, y la calidad se veía afectada negativamente. Solo en los últimos años la tecnología RAS ha sido considerada como una «solución potencialmente viable» en respuesta al problema de sostenibilidad que a menudo vemos en el sur de Europa.

Observando el panorama productivo actual, no se espera que los acuicultores abandonen los sistemas de flujo abierto principalmente debido a los costos exorbitantes de realizar la transición completa hacia sistemas modernos. En cambio, los HFS parecen mucho más propensos a incorporarse en entornos tradicionales y ofrecen un enfoque modular para mejorar la eficiencia y la bioseguridad de la granja. Las inversiones se pueden realizar por etapas, y esto mantiene las actualizaciones tecnológicas factibles para el futuro. Es fundamental comprender esta dinámica, ya que la mayoría de los acuicultores italianos son operaciones familiares pequeñas a medianas, y encontrar fondos para modernizar sus centros de cultivo es un desafío importante. Si queremos generar un cambio, debemos facilitarlo a través de inversiones inteligentes y escalonadas. La Comisión de la UE, en concierto con los gobiernos regionales, por ejemplo, proporciona instrumentos financieros, como el FEAMPA, que pueden hacer que esta transición hacia la acuicultura de alta tecnología sea plausible y viable.

El renacimiento de la industria acuícola de Italia tomará tiempo en desarrollarse y requiere una cantidad significativa de inversión financiera para facilitar esta campaña de modernización a nivel de toda la industria. Los proveedores de tecnología acuícola y las empresas de ingeniería enfrentan continuamente presiones contemporáneas para diseñar continuamente los equipos y sistemas más eficientes energéticamente posibles. Además, las restricciones regulatorias y la necesidad de modernización han exigido una inversión significativa en tecnología e infraestructura accesibles, lo que a veces es una barrera de entrada para los operadores más pequeños.

Esto puede crear un cuello de botella y puede llevar a un rechazo manifiesto de la tecnología en sí. Tanto la tecnología RAS como la HFS son generalmente inaccesibles para el acuicultor tradicional, principalmente debido a los mayores CAPEX y OPEX que se ven típicamente con este tipo de proyectos. Por la naturaleza de estas inversiones, por lo tanto, son prohibitivas en costos y no ofrecen ningún beneficio inmediato para el acuicultor en el corto plazo. Adoptar sistemas acuícolas modernos permite la alineación con los objetivos de sostenibilidad de la Unión Europea, al tiempo que se mejora la competitividad del mercado. Mediante la implementación de directrices y políticas simplificadas y al tener instrumentos financieros estratégicos en su lugar, tanto públicos como privados, será esencial abordar las barreras de entrada para la mayoría de los acuicultores y ayudará a permitir la modernización de la anticuada industria acuícola de Italia.

Según la opinión de muchos jóvenes italianos, trabajar en centros de truchas estándar no se presenta como un trabajo interesante y relacionado con la tecnología. Muchos asocian al cultivo de peces como una simple actividad de subsistencia con poca o ninguna posibilidad de innovación laboral o tecnología con la cual interactuar. Traspasar la tradición y la responsabilidad operativa a los hijos y nietos parece menos factible, ya que la mayoría de los jóvenes tienden a mudarse a centros urbanos más grandes que pueden ofrecer trabajos más desafiantes y relacionados con la tecnología. En cambio, los trabajadores con menos habilidades tienden a ocupar los puestos de trabajo en la acuicultura y se vuelven aún menos atractivos para los jóvenes italianos, ya que, supuestamente, esto no invita a la innovación ni al desafío.

¿Cómo cambiamos esto? Una respuesta simple: con tecnología. La modernización de una instalación puede ofrecer diversos grados de tecnología con la cual interactuar, y esto puede ser el ímpetu para forzar un cambio. Cuando captamos el interés de la generación más joven, potencialmente podemos esperar más innovación y continuidad en prácticamente cualquier industria.

En este momento, muchas de las principales instalaciones RAS y HFS que vemos en el norte de Europa, por ejemplo, son de muy alta tecnología y, con la ayuda de universidades y otras diversas entidades privadas y públicas, vemos a jóvenes prosperando y contribuyendo a esta industria fundamental que proporciona alimentos saludables para el mundo. Debido a que una industria solo puede sobrevivir si transmitimos información vital de una generación a otra, transferir conocimientos técnicos e invitar a la tecnología y la innovación para mejorar los procesos, la eficiencia y la calidad se considera fundamental. Si no tenemos la participación de los jóvenes, nunca podemos esperar mejorar, crecer e innovar.

Hoy, la acuicultura de trucha italiana está al borde del cambio, ya que continúa adaptándose a las condiciones del mercado, las estipulaciones regulatorias y los desafíos ambientales en constante cambio. Sin embargo, existe una fuerte resistencia al cambio, particularmente entre las generaciones mayores de acuicultores. Muchos prefieren las prácticas tradicionales y a menudo desafían la adopción de técnicas modernas más sostenibles. Es comúnmente conocido que los sistemas tradicionales de flujo abierto son inherentemente limitados en su capacidad para controlar los parámetros clave del cultivo.

Considerando esta falta de control, la industria enfrentará continuamente presión para innovar y optimizar para reducir la variabilidad y las pérdidas de producción. Incluso la incorporación de algunos elementos de la tecnología RAS y HFS en el flujo abierto tradicional puede verse como un camino potencial a seguir para mejorar la eficiencia y la sostenibilidad. Tener un enfoque de estilo híbrido que incorpore ambos métodos de cultivo tradicionales; al tiempo que integra tecnología contemporánea, los acuicultores pueden esperar un crecimiento mejorado y sostenible, y resiliencia en el sector. Los esfuerzos colaborativos entre los organismos gubernamentales y regulatorios, los líderes de la industria y las instituciones educativas serán esenciales para trazar un camino viable a seguir. Este compromiso con la calidad habla de un espíritu italiano más amplio de alinear las prácticas tradicionales y sostenibles con la conservación y administración ambiental. Sin embargo, los acuicultores mismos deben adaptarse frente a las normas culturales y ambientales modernas con tecnología más nueva, eficiente y robusta.

Marco G. Pistrin

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La empresa tecnológica Manolin reforzó su apuesta por la salmonicultura chilena con el nombramiento de Agustín Piña como Country Lead...

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