Un extenso análisis de datos productivos y sanitarios en las Islas Feroe revela que no todos los piojos de mar siguen las mismas reglas. Mientras el piojo del salmón, Lepeophtheirus salmonis, mantiene una dinámica dominada por la infección directa a través de copepoditos, Caligus elongatus depende en gran medida de la transferencia entre hospedadores adultos, una vía que explica cerca del 44% de las infecciones en salmones de cultivo.
El hallazgo no solo redefine la comprensión epidemiológica de estas especies en el Atlántico Norte, sino que también cuestiona algunas creencias arraigadas en la industria salmonicultora sobre el origen de los aumentos repentinos de piojos en los centros de cultivo.
Dos parásitos, dos estrategias
Ambas especies son ectoparásitos con ciclos de vida directos. Sus copepoditos infectivos se adhieren al pez y evolucionan hasta adultos. Sin embargo, la evidencia recopilada entre 2016 y 2024 en toda la red productiva feroesa muestra diferencias sustanciales en sus vías de infección.
En el caso de L. salmonis, la transferencia entre hospedadores —es decir, el desprendimiento de estadios móviles o adultos y su posterior fijación en otro pez— fue extremadamente rara. La tasa anual promedio de infección atribuible a esta vía fue de apenas 0,00003 hembras pez⁻¹ día⁻¹, equivalente al 0,3% de la presión total de infección. Aunque se documentaron algunos casos esporádicos, estos no se tradujeron en aumentos significativos en la abundancia ni en un desarrollo acelerado de la población parasitaria.
En contraste, C. elongatus presentó un patrón radicalmente distinto. La transferencia de adultos fue frecuente y generalizada, detectándose en el 88% de los centros productivos analizados. En promedio anual, la tasa mínima neta de infección fue de 0,014 adultos pez⁻¹ día⁻¹, de los cuales 0,006 adultos pez⁻¹ día⁻¹ —es decir, el 44%— correspondieron a transferencia entre hospedadores.

Julio: el punto de inflexión
Uno de los hallazgos más relevantes es la estacionalidad marcada de C. elongatus. Entre enero y junio, las tasas de infección fueron bajas. Sin embargo, en julio comenzó un aumento sostenido de la presión de infección, dominado casi exclusivamente por la transferencia de adultos entre hospedadores.
Durante agosto y septiembre, la infección combinó transferencia y fijación directa de copepoditos. En septiembre se registraron tasas promedio de hasta 0,11 adultos pez⁻¹ día⁻¹. No obstante, en octubre se observó una pérdida neta de piojos, aun excluyendo datos influenciados por tratamientos, lo que sugiere que los adultos podrían abandonar activamente al hospedador o morir en esa etapa del ciclo.
Las temperaturas marinas en ese período oscilaron entre 9,5 y 10,5 °C, rango plenamente tolerable para la especie, por lo que el mecanismo detrás de su desaparición sigue siendo incierto.
Evidencia desde peces recién sembrados
La metodología fue clave para distinguir las vías de infección. Cuando se detectaron estadios preadultos o adultos en peces recién transferidos al mar —antes de que hubiera transcurrido el tiempo necesario para desarrollarse desde copepoditos según la temperatura— se clasificaron como casos de transferencia entre hospedadores.
Bajo este criterio, L. salmonis mostró solo 64 individuos atribuibles a esta vía en todo el período de estudio. En la mayoría de los casos se trató de un único piojo detectado en los 10 o 20 peces examinados, y en el 65% de los monitoreos posteriores no se volvió a registrar presencia.
Por el contrario, C. elongatus fue detectado desde el primer día posterior a la siembra en el mar, con múltiples casos donde se observaron promedios superiores a 0,5 adultos por pez e incluso máximos extremos de 21 adultos pez⁻¹ en algunas jaulas.
Además, en el 63% de los monitoreos posteriores a una primera detección por transferencia, la especie continuó presente y, en muchos casos, aumentó su abundancia.

¿Tratamientos vecinos? La evidencia dice otra cosa
Los resultados aportan una perspectiva renovada frente a la suposición frecuente en la industria de que los aumentos repentinos de piojos se deben a tratamientos antiparasitarios en centros cercanos.
Para L. salmonis, la evidencia indica que la transferencia entre jaulas o centros es marginal y que la vía dominante sigue siendo la infección directa por copepoditos infectivos. Incluso en regiones donde los peces son sometidos regularmente a hacinamiento durante tratamientos, la contribución de la transferencia fue prácticamente irrelevante a escala epidemiológica.
En cambio, en C. elongatus, la transferencia no solo es común, sino estructural en su dinámica de infección, particularmente al inicio del aumento estacional.
Implicancias para el control y la resistencia
La diferencia en las vías de infección tiene consecuencias directas para el manejo sanitario. Actualmente, el control de C. elongatus se basa principalmente en tratamientos químicos vía alimento, como el benzoato de emamectina.
Sin embargo, la experiencia con Caligus rogercresseyi en el Pacífico demuestra que incluso parásitos con baja especificidad de hospedador pueden desarrollar resistencia a los fármacos. La existencia de refugios naturales —poblaciones en hospedadores silvestres no expuestos a tratamientos— puede frenar la evolución de resistencia. Pero si el salmón de cultivo actúa como reservorio dominante a nivel regional, esa barrera podría debilitarse.
En las Islas Feroe, los datos muestran una alta tasa de intercambio de C. elongatus entre hospedadores silvestres y cultivados. A diferencia de L. salmonis y C. rogercresseyi, cuya epidemiología está dominada por la infección directa, C. elongatus depende en gran medida de hospedadores silvestres “intermedios”, lo que complejiza su control.

Un cambio de paradigma epidemiológico
El estudio demuestra que no todos los piojos de mar responden a los mismos supuestos epidemiológicos. Mientras Lepeophtheirus salmonis confirma los modelos clásicos basados en infección directa, Caligus elongatus exhibe una estrategia híbrida, donde la transferencia entre hospedadores adultos desempeña un papel central.
Comprender estas diferencias no es solo un ejercicio académico. Es un requisito fundamental para diseñar estrategias de manejo específicas por especie, anticipar riesgos sanitarios y evitar que las soluciones químicas de hoy se transformen en el problema de resistencia de mañana.
Lea el estudio completo aquí: The contribution of host transfer in the infection dynamics of Caligus elongatus and salmon lice (Lepeophtheirus salmonis) in a salmon farming network


















