La temperatura del agua durante la vacunación podría ser un factor tan determinante como la propia formulación de la vacuna para proteger a los salmones frente a la anemia infecciosa del salmón (ISA). Esa es la principal conclusión de un estudio internacional liderado por investigadores de la Atlantic Veterinary College de la University of Prince Edward Island, en colaboración con la Universidad San Sebastián de Chile y Cooke Aquaculture, que demuestra que pequeños cambios en la temperatura de inmunización pueden traducirse en una respuesta inmune significativamente más robusta y en una mejor capacidad para controlar el virus.
Los resultados, publicados en el estudio «Temperature during vaccination shapes antibody responses and protection against infectious salmon anemia in Atlantic salmon under different prime–boost vaccine strategies», aportan nueva evidencia sobre cómo optimizar los programas de vacunación frente a uno de los patógenos de mayor impacto para la salmonicultura mundial.
La temperatura también determina el éxito de la vacunación
Aunque la vacunación es una de las principales herramientas sanitarias de la industria salmonera, su eficacia no depende únicamente de la calidad de la vacuna. El estudio demuestra que las condiciones ambientales durante el proceso de inmunización, especialmente la temperatura del agua, modifican profundamente la capacidad del sistema inmune del salmón Atlántico para desarrollar una protección duradera.
Para comprobarlo, los investigadores evaluaron dos vacunas comerciales multivalentes en peces mantenidos a 8 °C, 12 °C y 15 °C, utilizando además diferentes esquemas de vacunación primaria y dosis de refuerzo. Posteriormente, los salmones fueron expuestos al virus ISA mediante un desafío por cohabitación, simulando condiciones similares a las que pueden presentarse en centros de cultivo.
Vacunar a temperaturas más cálidas mejora la respuesta inmune
Los resultados fueron consistentes. Los peces vacunados entre 12 y 15 °C desarrollaron concentraciones significativamente mayores de anticuerpos IgM específicos no solo contra el virus ISA, sino también frente a importantes bacterias como Aeromonas salmonicida y Vibrio anguillarum.
En contraste, los salmones vacunados a 8 °C mostraron una respuesta inmunológica más lenta y menos intensa, evidenciando que el frío limita la capacidad del sistema inmune para generar anticuerpos protectores.
Según los investigadores, esta diferencia resulta especialmente relevante porque los anticuerpos constituyen uno de los principales mecanismos de defensa frente a infecciones virales y bacterianas en peces.
Mayor supervivencia y menor carga viral
Las diferencias inmunológicas también se reflejaron después del desafío con ISAV. Los salmones vacunados a temperaturas más altas presentaron una mejor capacidad para eliminar el virus y registraron mayores tasas de supervivencia respecto de aquellos inmunizados bajo condiciones frías.
Los análisis del riñón cefálico mostraron además una menor carga viral en los peces vacunados entre 12 y 15 °C, lo que confirma que una respuesta inmune más robusta también se traduce en un mejor control de la infección.
Los refuerzos ayudan a compensar el efecto del frío
Uno de los aspectos más relevantes del estudio fue demostrar que las dosis de refuerzo pueden reducir las desventajas de vacunar bajo temperaturas subóptimas.
Los investigadores observaron que los programas prime–boost lograron mantener niveles elevados de anticuerpos durante más tiempo, incluso cuando la vacunación inicial se realizó a 8 °C.
Este efecto fue particularmente evidente en peces que recibieron una segunda inmunización después de aproximadamente 700 grados-día, estrategia que permitió sostener la respuesta adaptativa y mejorar la protección frente al virus.
No todas las vacunas respondieron igual
El trabajo también identificó diferencias entre las formulaciones comerciales evaluadas. Aunque ambas vacunas indujeron protección, una de ellas (V2) mostró un mejor desempeño bajo condiciones de baja temperatura, generando respuestas antivirales superiores durante la vacunación a 8 °C.
Los autores señalan que este hallazgo confirma que la formulación vacunal también influye en la eficacia de la inmunización y que su selección podría adaptarse a las condiciones estacionales en las que serán utilizados los peces.
Implicancias para la planificación sanitaria
Para una industria que enfrenta desafíos sanitarios permanentes y cuyos ciclos productivos transcurren bajo condiciones ambientales cambiantes, los resultados entregan una herramienta práctica para optimizar la protección de los peces.
Los investigadores plantean que ajustar la programación de las campañas de vacunación según la temperatura del agua, junto con incorporar esquemas de refuerzo cuando las condiciones térmicas sean desfavorables, podría aumentar la eficacia de las vacunas y reducir la persistencia de patógenos como el virus ISA.
En un contexto donde el cambio climático está modificando los patrones térmicos de los sistemas acuáticos y donde la prevención sanitaria adquiere un papel cada vez más estratégico, el estudio refuerza la necesidad de incorporar variables ambientales en el diseño de los programas de vacunación.
Más que un simple factor del entorno, la temperatura emerge como un componente clave para maximizar la inmunidad, mejorar la supervivencia de los peces y fortalecer la sostenibilidad sanitaria de la salmonicultura.
Lea el estudio completo aquí: Temperature during vaccination shapes antibody responses and protection against infectious salmon anemia in Atlantic salmon under different prime–boost vaccine strategies



















