Pese a que Chile se posiciona entre los líderes regionales en innovación, los resultados concretos continúan siendo insuficientes. Así lo sostiene el nuevo whitepaper «Por qué los hubs de innovación no funcionan (bien) en Chile», elaborado por Syntropic, que cuestiona el diseño actual de los hubs de innovación y propone un cambio profundo en la forma en que se articulan los ecosistemas de emprendimiento e innovación.
El documento plantea una tesis contundente: los hubs chilenos fueron concebidos siguiendo modelos internacionales exitosos, como Silicon Valley o el MIT Media Lab, pero sin contar con las condiciones estructurales que hicieron posible su desarrollo, tales como una sólida cultura emprendedora, redes densas de colaboración y acceso a capital de riesgo en todas las etapas del crecimiento empresarial.
Según el análisis, Chile exhibe un desempeño destacado en indicadores de capacidad innovadora. El país ocupa el puesto 51 a nivel mundial y el segundo lugar en América Latina en el Índice Global de Innovación 2024. Sin embargo, apenas el 23,4% de las empresas chilenas innova, situándose entre los últimos lugares de la OCDE. Entre las nuevas empresas, solo el 1,5% desarrolla innovación, muy por debajo del promedio OCDE de 12,3%.
Seis fallas estructurales
El informe identifica seis factores que explican el bajo impacto de los hubs de innovación en el país. La primera falla radica en la importación de modelos extranjeros sin adaptar sus condiciones habilitantes. «Se copió la cáscara —el edificio, el lenguaje, el formato de demo day— y no el contenido: la densidad de relaciones que convierte capacidad en valor», sostiene el documento. En consecuencia, muchos hubs reúnen actores, pero carecen de las conexiones necesarias para operar como verdaderos ecosistemas.
La segunda debilidad corresponde a la lógica de financiamiento basada en proyectos de corto plazo. La mayoría de los hubs depende de fondos concursables con métricas centradas en actividades, como talleres realizados o número de emprendedores atendidos, en lugar de resultados de largo plazo. «Muchas actividades, poca profundidad, nula continuidad: el sistema nunca sube de la operación a la inteligencia», advierte el estudio.
El tercer problema es la dificultad para medir el impacto real de estos programas. Debido a la ausencia de líneas base y sistemas de trazabilidad, frecuentemente se confunden indicadores de actividad con resultados efectivos, impidiendo evaluar si los ecosistemas realmente mejoran.
A ello se suma un cuarto obstáculo: la brecha de financiamiento en las etapas de escalamiento. Aunque Chile captó US$249 millones en capital de riesgo durante 2025, gran parte de esos recursos se concentra en fases tempranas, dejando descubierta la transición hacia rondas Series A y B. El informe sostiene que, en muchos casos, los hubs «gradúan emprendedores hacia un hoyo», al no existir continuidad financiera para escalar los proyectos.
La quinta falla está relacionada con problemas de gobernanza e inestabilidad institucional. El estudio señala que numerosos hubs terminan respondiendo a los intereses de un actor dominante —universidades, municipios o empresas ancla—, mientras que las políticas públicas cambian de orientación con frecuencia, afectando la continuidad de las iniciativas.
Finalmente, el informe identifica una débil vinculación entre academia y empresa. Chile ocupa el lugar 80 en colaboración universidad-empresa y el puesto 95 en coautoría entre investigación e industria en el Índice Global de Innovación. «El puente está construido. El problema es que casi nadie lo cruza», señala el documento.
Productividad estancada y necesidad de un nuevo enfoque
Estas limitaciones tienen efectos económicos concretos. El documento recuerda que la productividad total de factores en Chile lleva cerca de 16 años estancada, con un aporte prácticamente nulo al crecimiento económico reciente. En este contexto, la incapacidad para transformar conocimiento en valor se convierte en una de las principales barreras para el desarrollo.
No obstante, el estudio también identifica experiencias exitosas. El caso de Start-Up Chile demuestra que la generación de capacidades emprendedoras, redes y confianza puede tener efectos significativos. De acuerdo con la investigación citada, las startups que participaron en la escuela de emprendimiento del programa aumentaron hasta en un 45% sus probabilidades de levantar capital y alcanzaron valorizaciones cinco veces superiores respecto de empresas comparables.
La principal conclusión del whitepaper es que el futuro de los ecosistemas de innovación no pasa por crear más hubs o nuevos fondos concursables, sino por construir infraestructura de coordinación, trazabilidad y memoria institucional que permita articular a empresas, academia, Estado y territorio en torno a desafíos concretos y de largo plazo.


















