Una nueva investigación internacional está reabriendo el debate sobre cómo se evalúa la sostenibilidad de la acuicultura y, particularmente, de la salmonicultura. El estudio, publicado en la revista científica Reviews in Fisheries Science & Aquaculture, concluye que el salmón del Atlántico cultivado puede convertirse en un productor neto de ácidos grasos omega-3 para consumo humano cuando se alimenta con ingredientes marinos obtenidos a partir de subproductos de la pesca, un hallazgo que desafía algunas de las métricas más utilizadas para medir la eficiencia del uso de recursos marinos en la acuicultura.
La investigación fue liderada por Wesley Malcorps, de Blue Food Performance y del Instituto de Acuicultura de la Universidad de Stirling, junto a especialistas de Reino Unido y Suecia. Los autores sostienen que indicadores tradicionales como Fish In: Fish Out (FIFO) y Forage Fish Dependency Ratio (FFDR) ya no reflejan adecuadamente la realidad actual de la industria, marcada por una creciente incorporación de subproductos pesqueros y por la necesidad de evaluar la producción de nutrientes esenciales, más que simplemente el volumen de biomasa utilizada.
Más allá del “Fish In: Fish Out”
Durante décadas, el indicador FIFO ha sido utilizado para estimar cuántos kilos de peces silvestres se requieren para producir un kilo de pescado cultivado. Sin embargo, según los investigadores, esta metodología presenta limitaciones importantes porque no considera la retención de nutrientes en el producto final, ni tampoco el creciente aporte de subproductos provenientes del procesamiento de pescados destinados al consumo humano.
El trabajo señala que las métricas convencionales tampoco capturan adecuadamente aspectos clave como la demanda de mercado por harina y aceite de pescado, los múltiples usos de estos ingredientes y su compatibilidad con los análisis de ciclo de vida (LCA), ampliamente utilizados para medir impactos ambientales como huella de carbono, uso de agua o uso de suelo.
Para abordar estas brechas, los autores desarrollaron un enfoque denominado neFIFO (nutrient economic Fish In: Fish Out), una métrica que incorpora tanto el valor nutricional de los ingredientes como la eficiencia con que nutrientes críticos —especialmente los ácidos grasos EPA y DHA— son transferidos desde los recursos marinos hacia los alimentos producidos por la acuicultura.
Salmón como productor neto de omega-3
Uno de los hallazgos más relevantes para la industria salmonicultora es que, bajo determinadas estrategias de alimentación, el salmón puede convertirse en un productor neto de omega-3 comestibles.
Los modelos desarrollados por los investigadores mostraron que el salmón del Atlántico cultivado en las Islas Feroe y la tilapia producida en China lograron generar más EPA y DHA disponibles para consumo humano que los contenidos originalmente en los ingredientes marinos utilizados en sus dietas.
La clave está en el uso intensivo de harina y aceite de pescado elaborados a partir de subproductos del procesamiento pesquero, recursos que de otro modo tendrían escaso o nulo destino directo para alimentación humana. Según el estudio, esta estrategia permite “reciclar” nutrientes esenciales y aumentar la disponibilidad de omega-3 para los consumidores.
«El enfoque neFIFO podría ayudar a valorizar fuentes de EPA y DHA que históricamente no estaban disponibles para el consumo humano», destacan los autores en sus conclusiones.
El creciente rol de los subproductos
La investigación también pone en evidencia una transformación silenciosa que está ocurriendo en la cadena de suministro global de ingredientes marinos.
Actualmente, alrededor del 34% de la harina de pescado y el 54% del aceite de pescado utilizados por la industria provienen de subproductos generados por el procesamiento de pescados destinados al consumo humano.
Además, los autores estiman que un aprovechamiento total de los subproductos pesqueros disponibles a nivel mundial podría generar entre 1,44 y 2 millones de toneladas adicionales de harina de pescado y entre 400 mil y 800 mil toneladas de aceite de pescado al año.
Para la salmonicultura, este escenario abre oportunidades relevantes para reducir la presión sobre recursos pesqueros destinados específicamente a la producción de harina y aceite, al tiempo que mejora la circularidad de la cadena productiva.
Un cambio de paradigma para la sostenibilidad
El estudio llega en un momento en que la industria enfrenta crecientes cuestionamientos respecto al uso de peces silvestres en los alimentos acuícolas.
Los investigadores sostienen que la discusión no debería centrarse únicamente en cuántos peces se utilizan para producir salmón, sino en cuántos nutrientes esenciales llegan finalmente a las personas y con qué eficiencia se aprovechan los recursos disponibles.
En este contexto, proponen que la evaluación de sostenibilidad evolucione hacia sistemas integrados que consideren simultáneamente eficiencia nutricional, desempeño ambiental, viabilidad económica y equidad en el acceso a alimentos nutritivos.
Implicancias para la salmonicultura chilena
Para Chile, segundo productor mundial de salmón del Atlántico, los resultados representan una señal relevante en medio de la búsqueda de nuevas estrategias para mejorar la sostenibilidad de los alimentos acuícolas.
La investigación sugiere que una mayor incorporación de ingredientes marinos provenientes de subproductos podría permitir a las empresas no solo reducir su dependencia de materias primas tradicionales, sino también demostrar con mayor precisión su aporte a la producción de nutrientes esenciales para la salud humana.
Asimismo, el nuevo enfoque podría convertirse en una herramienta estratégica para responder a las crecientes exigencias de mercados, certificaciones y consumidores que demandan indicadores más completos sobre el desempeño ambiental y nutricional de la salmonicultura.


















